
20 OCT, 2026
Por Emilio Veiga Gil de Flexfunds

Para un gestor de activos, diseñar una buena estrategia de inversión es solo el comienzo. Después viene una decisión igual de importante: cómo llevarla al mercado, a través de qué vehículo y con qué capacidad de acceso para los inversores.
La evolución de los vehículos estructurados ayuda a dimensionar esta realidad. A cierre de julio de 2026, existían 17.654 ETF y ETP listados a nivel global, con US$23,11 billones en activos, según ETFGI.
Estas cifras muestran hasta qué punto la elección del vehículo ha dejado de ser una cuestión puramente operativa. Para muchos gestores, forma parte de la propia estrategia de distribución. Y es precisamente ahí donde pueden entrar en juego los Special Purpose Vehicles (SPV) o vehículos de propósito especial.
Un SPV es una entidad creada para cumplir una finalidad concreta. Su actividad suele estar limitada al objetivo para el que fue constituida.
El Central Bank of Ireland utiliza el término Special Purpose Entity (SPE) para referirse a este tipo de entidades, también conocidas habitualmente como SPV. Las define como compañías creadas específicamente para un propósito determinado y señala que, entre otras funciones, pueden mantener activos como colateral, facilitar liquidez o transferir determinados riesgos financieros.
En términos prácticos, un SPV permite vincular determinados activos a una operación específica. Para el gestor, esto ayuda a separar dos conceptos que conviene no confundir: la estrategia de inversión y el vehículo a través del cual esa estrategia llega al mercado.
Pensemos en un gestor que ya cuenta con una estrategia y una cartera de activos, pero quiere ampliar sus opciones de distribución. En ese momento puede necesitar algo más que una buena gestión: necesita una estructura que permita representar esa estrategia mediante un instrumento financiero identificable y compatible con determinados custodios y plataformas.
En este tipo de estructuras, el SPV puede actuar como emisor, mientras que los activos subyacentes sirven de respaldo a la emisión.
La elección del vehículo no debería verse únicamente como una decisión operativa. Puede convertirse en una parte relevante de la estrategia de distribución del gestor.
La cuestión, por tanto, no es solo cómo se gestiona una estrategia, sino también cómo accede a ella el inversor.
Según cómo se estructure, un SPV puede aportar varias ventajas:
Un SPV también añade elementos que convienen valorar antes de optar por esta alternativa:
Una de las aplicaciones más relevantes del SPV aparece cuando una estrategia necesita convertirse en un vehículo de inversión que pueda acceder a determinados canales de distribución.
En estas estructuras, el SPV puede actuar como emisor, mientras que la estrategia o los activos subyacentes respaldan la emisión.
En el caso de FlexFunds, una estrategia de inversión puede securitizarse y convertirse en un Exchange-Traded Product (ETP). El emisor es un SPV constituido en Irlanda para ese propósito, y el proceso permite generar un ISIN/CUSIP para el vehículo y prepararlo para su distribución a través de los canales previstos.

El gestor continúa administrando su estrategia, pero esta pasa a estar representada a través de un vehículo con características diferentes a las de la cartera original.
Por eso, la pregunta no es simplemente “¿necesito un SPV?”. La cuestión más útil es otra: ¿qué estructura me permite convertir mi estrategia en un vehículo de inversión adecuado para mis objetivos de acceso y distribución?
En un mercado cada vez más competitivo, desarrollar una buena estrategia sigue siendo fundamental. Pero lograr que esa estrategia llegue de forma eficiente a los inversores adecuados puede ser igual de importante.
FlexFunds está especializado en el diseño de vehículos de inversión (ETP) mediante un programa de securitización. Conozca cómo funciona nuestro proceso y evalúe junto con nuestro equipo qué estructura puede adaptarse mejor a su estrategia de inversión.