
16 JUL, 2026
Por RankiaPro LATAM

La renta variable latinoamericana cerró 2025 como una de las grandes sorpresas del año para los mercados globales, con el MSCI EM Latin America acumulando retornos superiores al 50% en dólares.
Lejos de agotarse, el consenso entre gestoras e inversores institucionales apunta a que los factores que impulsaron ese rally siguen vigentes: un dólar débil, precios de commodities sostenidos, bancos centrales con credibilidad y valuaciones que, pese al rally, siguen siendo atractivas frente a otras regiones.
En este contexto, la pregunta ya no es si LATAM merece un lugar en cartera, sino cuáles son los fondos, los mercados y los sectores con más recorrido. En esta edición preguntamos a selectores de Uruguay, Argentina, México y Chile qué vehículos de renta variable regional destacarían hoy, qué países tienen más potencial —Brasil, Chile, México, Perú— y qué sectores lideran la oportunidad: minería, financiero o consumo.

Francisco Sussini, CIO de Allaria Asset Management
Latinoamérica cotiza actualmente en torno a 9 veces el Fwd. Price/Earnings, ubicándose en los niveles más bajos en comparación con otras regiones del mundo y siendo, de hecho, la única dentro de los Mercados Emergentes en esos niveles de valuación. Si bien 2025 fue un año en que la debilidad del dólar y el precio de los commodities contribuyeron positivamente al rendimiento de la región, el ROE de las compañías latinoamericanas se mantiene por encima de su media de los últimos 15 años. Incluso excluyendo a los commodities del análisis, el Forward P/E continúa por debajo de su promedio histórico.
Dentro de la región, Brasil presenta las valuaciones más bajas de los Mercados Emergentes, tanto en términos relativos frente a sus pares como respecto a su propio promedio histórico. El país exhibió datos sólidos de consumo interno y crecimiento económico hasta mediados de 2025, período a partir del cual se observa una moderación. En este contexto, y pese a que la inflación podría mantenerse persistente, Brasil podría continuar con la normalización de su política monetaria, priorizando el impulso al crecimiento. Históricamente, el Bovespa ha registrado buenos rendimientos al finalizar ciclos monetarios contractivos. En términos sectoriales, el sector financiero conserva un recorrido relevante, impulsado por la incorporación al sistema bancario de una porción significativa de la población que permanecía excluida. El sector de materiales —con cobre, níquel y hierro como protagonistas— resulta igualmente estratégico para el desarrollo de infraestructura vinculada a la Inteligencia Artificial (IA) y los autos eléctricos: el cobre en cables, refrigeración y transmisión de energía, y el níquel en baterías.
México, por su parte, también cotiza por debajo del promedio de los Mercados Emergentes y mantiene tasas reales elevadas. La demanda interna mostró fuerza durante 2025 y el FMI revisó al alza sus proyecciones de crecimiento para el país. En materia monetaria, se esperan entre uno y dos recortes de tasas adicionales. A nivel estructural, México se consolida como uno de los principales destinos de nearshoring global, con flujos crecientes de inversión extranjera directa hacia manufactura, electrónica y automotriz, favorecidos por el marco del USMCA y la ventaja logística frente a destinos asiáticos, lo que se refleja en la recuperación de su sector manufacturero. En cuanto a materiales, el país juega un papel determinante: cuenta con una de las mayores reservas mundiales de plata y reservas significativas de cobre, metales que —al igual que en Brasil— son piezas clave en la cadena de valor de la IA.
Este último punto ilustra una característica estructural de toda la región: Latinoamérica concentra más del 80% de las reservas mundiales de niobio, más del 40% de litio, cerca del 40% de plata y una proporción similar de cobre. Esta dotación posiciona a la región como un actor irremplazable en la infraestructura tecnológica global que se está construyendo. Si bien Latinoamérica representa actualmente cerca del 6% del PBI mundial y su peso en los índices globales sigue siendo acotado, esperamos que esta dinámica se revierta de la mano de los factores mencionados.
Felipe Kleist, Asset Management Analyst en BBVA

LATAM vuelve a posicionarse como una de las regiones emergentes más interesantes para los inversores en renta variable. Este renovado interés responde a una combinación de valoraciones atractivas, fortaleza de las materias primas y una composición sectorial muy diferente a la de los mercados desarrollados. De hecho, durante el primer trimestre de 2026 la región registró entradas superiores a los 2.000 millones de dólares en fondos de inversión, una de las mayores captaciones de los últimos años.
Dentro de las estrategias de inversión con exposición a Latinoamérica, los gestores internacionales siguen apostando principalmente por fondos de renta variable regional con sesgo value y un fuerte peso en compañías ligadas a materias primas, banca y energía.
Por países, Brasil sigue siendo el mercado preferido por muchos gestores. Su peso ronda el 60% del índice MSCI EM Latin America y continúa beneficiándose de unas valoraciones relativamente atractivas, además del soporte que ofrecen sectores como energía, minería y materias primas agrícolas. Además, la reciente tensión geopolítica en Oriente Medio también refuerza el atractivo de productores alternativos de materias primas, favoreciendo indirectamente a la región. A ello se suma la expectativa de que las próximas elecciones presidenciales puedan actuar como catalizador para el mercado brasileño.
Perú también mantiene cierto atractivo entre los inversores internacionales, especialmente por su exposición a la minería y metales industriales. Chile, por su parte, continúa siendo una vía interesante para ganar exposición al cobre y al litio. México presenta una visión algo más prudente: aunque sigue siendo un mercado estratégico por su cercanía con Estados Unidos y el fenómeno del nearshoring, las valoraciones actuales resultan menos atractivas que en otros mercados de la región.
A nivel sectorial, Latinoamérica presenta una composición orientada a la "vieja economía": Finanzas, energía y materiales representan cerca de dos tercios del índice regional, mientras que la tecnología apenas tiene peso. Esto contrasta con índices como el MSCI World o el MSCI Emerging Markets, fuertemente dominados por compañías tecnológicas. Precisamente ahí reside parte del interés de LATAM: ofrece exposición a sectores menos expuestos al riesgo de disrupción derivado de la inteligencia artificial y, al mismo tiempo, a industrias clave para desarrollar la infraestructura física que demanda la IA, como energía, minería o metales.
El principal riesgo para la región sigue siendo el entorno macroeconómico global. Un conflicto prolongado en Oriente Medio podría frenar las bajadas de tipos de interés y fortalecer nuevamente al dólar, dos factores que históricamente han condicionado el comportamiento de los mercados emergentes. Aun así, muchos gestores consideran que LATAM continúa ofreciendo una combinación atractiva de diversificación, valoraciones y exposición a recursos naturales.
A pesar de las oportunidades que ofrece la región, la volatilidad históricamente asociada a los mercados latinoamericanos hace especialmente importante mantener una adecuada diversificación dentro de la cartera y un horizonte de inversión de largo plazo.
Paula Bujía y Guillermo Davies, Co fundadores de Buda Partners

En Buda pensamos que el viento de cola que impulsó a la renta variable latinoamericana en 2025 continúa este año, con los mismos drivers económicos sumados a una opcionalidad positiva en la política. De hecho, el conflicto en Medio Oriente refuerza la tesis: le pone una prima de riesgo a las materias primas —sobre todo agrícolas y petróleo—, que es precisamente donde la región tiene su mayor exposición.

Desde valuaciones, incluso después del fuerte rally del 53% del último año, los múltiplos siguen atractivos. El P/E forward de LatAm está en torno a 12,5x y depende de los supuestos de precios de materias primas, lo que deja espacio para que el número sea aún mejor. A esto se suma que las elecciones de este año en Brasil y Colombia, aún inciertas, podrían disparar un re-rating si hay un giro al centro, como ya lo experimentó Chile el año pasado tras las elecciones.
Entre los países, Brasil sigue siendo nuestro call más fuerte. Este mercado combina las valuaciones más bajas de la región, una alta exposición a materias primas (y ahora se abre otro factor estratégico con sus reservas de minerales raros), el ciclo de recortes de la tasa Selic y las elecciones presidenciales de octubre 2026 que el mercado todavía no está priceando un resultado que puede ser positivo.
Argentina es el segundo mercado con más potencial. Obviamente por las petroleras, pero también por el sector financiero —muy castigado y con upside fuerte si se disipa el riesgo político y la economía retoma el crecimiento.
Chile se convirtió, tras las elecciones de diciembre 2025, en uno de los mercados más atractivos. El giro hacia políticas market-friendly más el rol estratégico del cobre y litio lo posicionan muy bien.
México queda rezagado: importador neto de energía, expuesto a la política comercial de Trump y con crecimiento débil. Sirve para tener beta más bajo en la cartera, pero no es donde está la oportunidad.
Perú y Colombia son oportunidades tácticas. Perú por la minería y Colombia depende casi enteramente de la resolución política post-Petro.
Los tres sectores que concentran el upside son, en orden de preferencia: energía —desde petróleo hasta litio—, materiales y minería, y financieros con preferencia por Fintech. En el caso particular de Brasil, si efectivamente bajan las Selic, también vemos valor en sectores domésticos como real estate y consumo. La misma lógica aplica para México cuando empiece a relajar Banxico.
Lamentablemente, a diferencia de Asia, Latinoamérica ha estado fuera del radar de los inversores institucionales —por su tamaño más chico y por una historia política desfavorable—. Por eso no abundan los fondos de renta variable latinoamericanos de gestión activa, y los pocos que existen no logran superar consistentemente al ILF (iShares Latin America 40 ETF). Por eso ese es nuestro vehículo elegido para exposición regional. Algo parecido pasa con Brasil: accedemos vía el ETF más líquido, EWZ (iShares MSCI Brazil).
Oscar Matías Niño de Zepeda Muñoz, Managing Director y Gerente de Inversiones en Criteria Wealth Management

La gran performance accionaria en Latinoamérica en 2025 se ha extendido en parte durante lo que va de año. Sin duda que el shock de oferta producto del conflicto USA – Irán ha ralentizado el "rally" (fortaleza del US dólar, incertidumbre inflacionaria, impacto en crecimiento, elecciones en economías relevantes en 2026 han sido consecuencias negativas en lo inmediato), mas no se cree que el apetito por riesgo haya encontrado resistencia. En este sentido, los dos países más relevantes en la región, Brasil y México, han dado muestras de resiliencia, con sus bancos centrales incluso bajando tasa en los primeros meses del año. Adicionalmente, los precios de los commodities mas relevantes a nivel de producción (petróleo, cobre, litio, entre otros), con volatilidad incluida han resistido de buena forma la actual situación geopolítica, lo que augura un buen pasar fiscal por lo menos en lo que queda de año. El consumo local ha visto cierta mejora en su dinamismo, pero con responsabilidad tanto a nivel personal como corporativo, mientras el desempleo formal es un atributo deseado dada su calidad vs la informalidad, y esto tiende a llevar decisiones de inversión hacia economías con esas características.
Así, el foco para participar del mercado accionario Latam debe estar en la selectividad que ofrezcan las estrategias activas disponibles. Podemos decir que la ya tradicional concentración en compañías de los países mencionados más arriba lleva a detectar alternativas atractivas, en países como Colombia, Perú, Chile y Argentina, de forma táctica. Dado que son pocas las opciones "Growth" dentro de la región, el atractivo del estilo "Value" se mantiene vigente, prefiriendo foco en sector financiero, industrial, materias primas, y consumo (básico en primera instancia, luego satélites en lo discrecional). Volver a mencionar las próximas elecciones en Perú (segunda vuelta), Colombia y Brasil como momentos donde el mercado evaluará las consecuencias e implicancias de los resultados, pero salvo ganadores de extremos políticos, la actual sensación positiva en Renta Variable en la región debiese continuar.
Alfonso Marqués, Investment Specialist en Investors Trust

La renta variable latinoamericana cerró un 2025 muy sólido, y la pregunta ahora es si los fundamentos de la región permiten sostener una mirada constructiva hacia adelante. Las principales gestoras con las que trabajamos coinciden en que sí, aunque el argumento no se limita a valuaciones atractivas. Detrás de esos números aparece una combinación de factores relevantes: una posición privilegiada en recursos naturales cada vez más demandados, bancos centrales que se adelantaron al ciclo de ajuste monetario, compañías con balances sanos y fuerte generación de caja, y un contexto global donde un dólar más débil podría redirigir flujos hacia mercados emergentes.
Uno de los argumentos estructurales más relevantes es la exposición a materias primas críticas. La demanda de cobre, litio, gas natural y otros recursos vinculados a electrificación, almacenamiento energético e inteligencia artificial podría seguir sosteniendo el interés por activos latinoamericanos. Chile y Perú mantienen una posición central en cobre, mientras que Argentina suma exposición relevante al litio y al potencial energético de Vaca Muerta. No obstante, la exposición a commodities puede ser fuente de crecimiento, pero también de volatilidad.
Brasil continúa siendo el mercado de referencia en la región. Sus valuaciones lucen atractivas en términos absolutos y relativos, con exposición a sectores como financiero, consumo, energía y materiales. El inicio del ciclo de recortes de tasas por parte del Banco Central debería mejorar el atractivo del equity frente a la renta fija, aunque el tono cauteloso de la autoridad monetaria sugiere que la flexibilización podría ser más gradual de lo esperado. El calendario electoral de 2026 y la evolución de las cuentas públicas seguirán siendo factores clave.
Argentina representa un caso distinto: mayor potencial de re-rating, pero también mayor riesgo de ejecución. Las reformas recientes y el desarrollo de Vaca Muerta podrían atraer inversión de largo plazo, aunque la volatilidad macroeconómica y la incertidumbre institucional exigen prudencia.
México enfrenta un panorama más desafiante en el corto plazo, marcado por crecimiento débil, consumo presionado y menor dinamismo en remesas. El principal catalizador será la revisión del T-MEC: un resultado constructivo podría reactivar inversión y nearshoring, mientras que una negociación prolongada mantendría elevada la incertidumbre.
A nivel regional, los riesgos siguen siendo relevantes. Parte del upside ya pudo haberse capturado tras el rally reciente, lo que limita el margen de apreciación desde estos niveles. A esto se suman la volatilidad cambiaria, la dependencia comercial de China, un entorno de tasas globales aún elevadas y el riesgo político doméstico, que varía significativamente entre países.
En este contexto, la selectividad resulta determinante. La gestión activa, apoyada en equipos con conocimiento profundo de la región, permite diferenciar mercados, sectores y compañías donde los fundamentos sostienen una tesis más robusta. Con esa lógica, dentro de nuestra plataforma de arquitectura guiada cubrimos este universo mediante dos fondos con amplio track record: JPM Latin America Equity Fund, centrada en compañías de calidad con ventajas competitivas y crecimiento sostenible; y Ninety One Latin American Equity, orientada a valuaciones atractivas y contextos de mejora, buscando capturar valor donde el mercado aún no lo refleja.
Diego Preve Damiani, Socio y Asesor en Preve Inversiones

América Latina volvió a captar la atención de los inversores globales tras un 2025 muy positivo para la renta variable regional. El MSCI EM Latin America registró retornos superiores al 50% en dólares, impulsado por un contexto macroeconómico más favorable, un dólar más débil y valuaciones que todavía continúan siendo atractivas frente a otros mercados emergentes.
En nuestra visión, el interés por LATAM no responde únicamente a un rebote táctico. Existen factores estructurales que podrían sostener el atractivo de la región en los próximos años. La combinación de commodities fuertes, bancos centrales con mayor credibilidad y valuaciones razonables crea un escenario interesante para los inversores de largo plazo.
Dentro de la región, Brasil continúa siendo el mercado más relevante y posiblemente el de mayor profundidad para capturar oportunidades. El inicio del ciclo de baja de tasas por parte del Banco Central brasileño, sumado a valuaciones todavía moderadas en sectores clave, podría seguir favoreciendo a las compañías domésticas y financieras. México también mantiene fundamentos interesantes, especialmente por su integración con Estados Unidos y las tendencias de nearshoring, mientras que Chile y Perú continúan ofreciendo exposición relevante al sector minero y a la demanda global de cobre y otros metales estratégicos vinculados a la transición energética.
En términos sectoriales, creemos que continúan destacándose tres áreas:
En cuanto a estrategias concretas, uno de los fondos que seguimos de cerca es el Templeton Latin America Fund, una estrategia con larga trayectoria en renta variable latinoamericana y un enfoque activo de alta convicción. El fondo destaca por su posicionamiento selectivo en Brasil y México, así como por su exposición a sectores financieros, energía y materiales. Además, el fondo logró una rentabilidad del 18,2% en dólares al 31 de marzo de 2026, superando al índice MSCI Latin America en el período.
Otro aspecto que consideramos relevante es que muchas compañías emergentes —especialmente en América Latina y Asia— comenzaron a mostrar una mayor disciplina en asignación de capital y retornos al accionista, una tendencia que podría mejorar el perfil de largo plazo de los mercados emergentes. De cara hacia adelante, creemos que Latinoamérica continuará ofreciendo oportunidades atractivas, aunque con alta dispersión entre países y sectores. Por eso, el enfoque activo y la selección cuidadosa de compañías seguirán siendo fundamentales para capturar valor en la región.
Gustavo Schmincke, CEO&CIO Ventum Group

Los mercados muchas veces no se comportan de la forma que se anticipa y quizás esto es aún más notorio en el universo de la renta variable.
Si nos vamos al cierre de 2024, cuando Estados Unidos elige a Donald Trump para un segundo período, los mercados anticipan una especie de repetición del primer Gobierno, lo que debía estar marcado por un dólar fuerte, un crecimiento económico que privilegia Estados Unidos sobre el resto del mundo y un escenario negativo para Latinoamérica, pensando en la presión que se vio entre Estados Unidos y China en el período anterior.
Sin embargo, varios factores hicieron que la realidad terminara siendo bastante diferente. Los aranceles, una relación con China que parece ser menos tensa y más de acuerdos y un ciclo mundial de demanda de commodities, que a diferencia del súper ciclo de comienzos de los 2000, hoy parece tener catalizadores diferentes, principalmente relacionadas a Inteligencia Artificial.
Lo cierto, es que en este contexto los resultados terminaron siendo muy diferentes. Los mercados emergentes en los últimos doce meses han rentado en torno a 40% (ETFs en dólares) y tanto Latinoamérica como Asia parecen tener razones diferentes para las alzas.
En el caso de Asia, hoy todo parece ser chips, memorias, procesadores, y todo lo que se le asocie, que han impulsado principalmente a las bolsas de Corea y Taiwan, sin embargo, la historia en Latinoamérica parece diferente. Dólar más débil, buenos precios de materias primas, múltiplos rezagados y en varios casos cambios políticos han impulsado las bolsas de la región.
Ajenos a la revolución tecnológica, los índices locales y las inversiones pasivas en la región siguen siendo en bolsas que muestran una composición que parece no haberse renovado demasiado, liderada por Bancos, Empresas de Servicios Básicos, Consumo y Commodities. Por distintas razones, los retornos de estas no han sido nada despreciable, pero está muy lejos de la revolución de las empresas de alto crecimiento, tecnología e innovación, sin embargo, como mencionábamos, otros factores, como los múltiplos, buenos dividendos y algunas historias particulares como tierras raras o Commodities utilizados en algunas de las revoluciones que parecen estar produciéndose en estos días, parecen haber desperado un nuevo apetito por la región.
Quizás como exponerse a la región sigue siendo una de las preguntas que por estos días nos toca analizar y como suele darse en lo que son mercados menos líquidos, con un número más reducido de participantes y bolsas concentradas, nos parece que existen espacios importantes para encontrar Alpha en inversión activa. Por eso, separaría la decisión en dos. Si parece ser una posición más bien táctica, de plazo no muy largo y buscando tener la exposición con liquidez, una inversión pasiva tipo ETF debería funcionar bastante bien. Sin embargo, si hay un objetivo más largo, y la idea de que podrían estar desarrollándose historias más interesantes, pero que no se capturaran aún en los índices tradicionales, o derechamente, lo que creemos ha estado ocurriendo y es que los cambios de sectores o factores ganadores se están dando demasiado rápido, la elección de managers activos, esta vez nos parece puede, con el correcto proceso de selección y tiempo de desarrollo de las estrategias, generar excesos de retorno bastante interesantes.
Sólo para cerrar y a pesar de los buenos retornos, siempre destacamos que, en el contexto actual, todo parece estar sujeto a constantes evaluaciones y si bien las historias de crecimiento fuera de Estados Unidos parecen estar retomando su fuerza propia, meses como marzo nos recuerdan que las cosas puedan cambiar más rápido de lo que pensamos.
Alan Levi, Senior Associate en Vizcaya Capital

Después de muchos años quedándose atrás frente a Estados Unidos y otras regiones desarrolladas, Latinoamérica volvió a aparecer en el radar de los inversionistas globales. Y aunque gran parte del mercado ya reaccionó, todavía existen argumentos para pensar que el movimiento podría seguir teniendo espacio, especialmente considerando que la región continúa transando con valorizaciones bastante más atractivas que otros mercados en el mundo.
Parte importante del rally del último año estuvo explicado por un contexto macro que terminó siendo favorable para la región: un dólar más débil, precios de commodities relativamente altos y bancos centrales latinoamericanos que reaccionaron antes frente a la inflación, permitiendo mantener credibilidad y generar un escenario más estable para los activos de riesgo. A eso se suma un factor no menor: el posicionamiento global en Latinoamérica venía extremadamente bajo después de años donde gran parte de los flujos se concentraron casi exclusivamente en Estados Unidos impulsado por el crecimiento en tecnología.
En ese contexto, una de las estrategias más interesantes sigue siendo la exposición diversificada a renta variable latinoamericana, especialmente a través de fondos activos capaces de capturar diferencias importantes entre países, sectores y compañías. Más que apostar únicamente por un país específico, la oportunidad está en entender que LATAM no está avanzando de manera homogénea. De hecho, gran parte del rally reciente se concentró en compañías grandes, líquidas y ligadas a commodities, mientras varios sectores domésticos todavía continúan transando con descuentos importantes.
Dentro de la región, Brasil sigue siendo el mercado con mayor potencial. La combinación entre tasas reales todavía altas, valorizaciones deprimidas y un mercado doméstico muy profundo podría transformarse en un escenario bastante atractivo si comienza un ciclo más claro de bajas de tasas durante los próximos trimestres. México también sigue siendo un mercado interesante, principalmente por la relación estructural con Estados Unidos que este re acelerando su crecimiento. Chile y Perú también siguen siendo mercados interesantes, principalmente por su exposición a minería y cobre. Hoy gran parte de las tendencias globales, como la inteligencia artificial, y la transición energética, terminan aumentando indirectamente la demanda por estos minerales, lo que vuelve a posicionar a la región en un lugar relevante.
A nivel sectorial, se ven oportunidades principalmente en financiero, minería y negocios ligados a la demanda doméstica. En bancos, las valorizaciones continúan siendo atractivas y el contexto de tasas todavía favorece sus resultados. En minería, la tesis sigue apoyada en una demanda estructuralmente sólida. Y probablemente uno de los puntos más interesantes hacia adelante podría estar en compañías domésticas y small caps, especialmente si el escenario de tasas comienza gradualmente a normalizarse en la región. A este mapa sectorial habría que añadir el segmento tecnológico-financiero regional: compañías como MercadoLibre y Nu Holdings han demostrado que Latinoamérica puede generar campeones globales con crecimientos de doble dígito sostenidos, apoyados en la baja penetración bancaria y el rápido avance de la inclusión digital. Este es quizás el vector de crecimiento más diferenciado de la región frente a otros mercados emergentes.
De todas formas, los riesgos no deben minimizarse: la volatilidad política, la dependencia de commodities y la sensibilidad al ciclo global siguen siendo características estructurales de la región. Sin embargo, el argumento de valoración es difícil de ignorar —LATAM cotiza con descuentos históricos frente a mercados emergentes de Asia y, más aún, frente a los desarrollados— y el reposicionamiento de flujos globales apenas comienza. Para inversionistas con horizonte de mediano plazo y tolerancia a la volatilidad, la región ofrece hoy una combinación de catalizadores macro, valuaciones atractivas y transformación estructural que pocas regiones del mundo pueden igualar.