
28 AGO, 2026
Por Oscar Bartolomei

Tras años de inflación, controles cambiarios y un mercado hipotecario prácticamente inexistente, el real estate argentino vuelve a entrar en el radar. Sin embargo, Buenos Aires, los campos productivos y los destinos premium no parten del mismo punto ni ofrecen el mismo perfil de riesgo.
En julio de 2026, el precio promedio de venta en la ciudad alcanza los 2.471 USD/m², un nivel cercano al observado en mayo de 2021. En los barrios más demandados, Puerto Madero ronda los 6.100 USD/m², Palermo 3.430, Núñez 3.390 y Belgrano 3.100.
En cinco años, Puerto Madero y Palermo apenas se han revalorizado entre un 8% y un 10% en dólares. Más que un boom, los datos sugieren un proceso de recuperación después de un largo período de ajuste.
La Zona Núcleo —Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba— continúa siendo la principal referencia agrícola del país, con especial atención al corredor Pergamino–Rojas–Salto.
Las tierras de mayor calidad pasaron de aproximadamente 13.500–15.000 USD por hectárea en 2021 a 17.000–20.000 USD en 2025/26, lo que representa una apreciación del 30 % al 50 % en dólares. En el segmento de estancias de prestigio destacan San Antonio de Areco, Luján y Cañuelas.
Mar del Plata, Pinamar, Cariló y Costa Esmeralda concentran buena parte del mercado de segunda residencia en la costa atlántica. En Pinamar, la obra nueva pasó de unos 2.000 USD/m² en 2021 a 2.700–3.000 USD/m² en 2026 en el segmento premium. En Mar del Plata, el promedio alcanzó 1.993 USD/m² en abril de 2026, mientras Playa Grande supera los 3.400.
En la Patagonia, Bariloche, Villa La Angostura y San Martín de los Andes concentran el segmento de mayor valor. En Bariloche, los departamentos usados en el centro rondaban los 1.515 USD/m² en 2021; en 2026, los precios de publicación se acercan a los 3.000 USD/m². Las series no son estrictamente comparables, pero la dirección de la revalorización es clara.
El principal catalizador ya no es exclusivamente inmobiliario, sino macroeconómico. Desde el inicio del gobierno de Javier Milei, la inflación mensual descendió desde niveles extraordinariamente elevados, mientras la flexibilización de los controles cambiarios, la desregulación y el regreso del crédito hipotecario han modificado el marco en el que opera el mercado.
Para el real estate, la tesis puede resumirse así: mayor estabilidad + recuperación del crédito + regreso del capital = mayor profundidad de mercado y potencial de revalorización.
El crédito hipotecario UVA ha vuelto a formar parte de la oferta bancaria argentina. Su capital se actualiza mediante el CER, vinculado a la inflación, por lo que su recuperación es relevante para la liquidez del mercado, aunque no implique necesariamente un acceso sencillo al financiamiento para un comprador no residente.
El riesgo central sigue siendo político e institucional: que la estabilización y las reformas puedan mantenerse durante un horizonte suficientemente largo como para modificar de forma estructural las expectativas de compradores e inversores.
En términos generales, un extranjero puede adquirir inmuebles urbanos en Argentina sin necesidad de
convertirse previamente en residente. Para realizar la operación deberá cumplir las formalidades de
identificación y documentación correspondientes, incluida la obtención de un identificador administrativo
argentino cuando proceda.
En la práctica, para un inversor no residente en Buenos Aires: