
8 FEB, 2023
Por Constanza Ramos de RankiaPro LATAM

El mundo post pandemia ha traído consigo una nueva era en la que todos se comunican, trabajan y consumen más online y el mercado accionario no es la excepción, los inversionistas quieren una exposición tanto a la economía real como al mundo cada vez más digital. Al mismo tiempo, la escasez de recursos, la innovación y la demografía son consideraciones a largo plazo cada vez más importantes.
Marine Dubrac, y Pierre Alexis Francois, co-gestores de cartera de Thematics Asset Management, filial de Natixis Investment Managers, comparten un análisis sobre la generación Z, los nuevos inversionistas del mercado.
Incluso, antes de la pandemia, tendencias como la computación en la nube, la inteligencia artificial, las tecnologías limpias, las nuevas formas de consumir y los cambios en los hábitos de trabajo ya estaban centrando las conversaciones en las salas de juntas.
Estas, impulsados por el envejecimiento de la población y por una nueva generación de personas concientizadas con el medio ambiente y la sociedad, han sacudido sectores tan diferentes como la salud, las telecomunicaciones, la automoción, la generación de electricidad, el mercado inmobiliario y las infraestructuras.
Pero esta nueva generación de inversionistas no solo está preocupada por la salud del planeta; también son partidarios de lo digital y buscan experiencias beneficiosas para su salud y su bienestar a largo plazo.
La generación Z, o las personas nacidas entre 1996 y 2016, son nativos digitales, un conjunto de expertos en aplicaciones y redes sociales que pasa más tiempo en Internet que cualquier otra generación.
Como la generación Z es digital por naturaleza, quizá no sorprenda el hecho de que haya habido un aumento continuado y constante del número de sectores y empresas que utilizan suscripciones para monetizar sus productos y servicios. La mayoría de los miembros de la generación Z que echen un vistazo al extracto de su tarjeta de crédito encontrará suscripciones mensuales —o incluso anuales— a una serie de servicios de los que hacen un uso regular, y algunas de ellas serán probablemente a un servicio de streaming de música o vídeos. Aun así, la suscripción a un servicio no implica ser realmente dueño del producto.
De este modo, aunque los miembros de la generación Z disfrutan de la experiencia de ver una película, por ejemplo, no tienen la necesidad de comprar el DVD si pueden consumirla a través de servicio de vídeo en streaming.
De hecho, el 70% de los adultos en general afirman que el mantenimiento y los costes asociados a la propiedad de las posesiones materiales suponen una carga y que prefieren suscribirse a un servicio. Esto significaría que las suscripciones son una tendencia más amplia que está siendo adoptada por la mayoría de las generaciones.
De igual forma, los hábitos de consumo en general también están cambiando a favor de unos productos y servicios más locales, más naturales y beneficiosos para la salud, así como para la salud del planeta. Claramente, la carne tiene cada vez menos presencia en el menú de la generación Z.
La innovación tecnológica ha facilitado el desarrollo de aplicaciones y tecnología disponible para controlar y la salud, además de mejorar productos como las gafas y los audífonos. Estos avances permiten controlar la salud a diario para anticipar y detectar rápidamente cualquier problema y poder limitar al máximo posible sus consecuencias.
Antes de la pandemia, el mundo ya había empezado a ser testigo de cómo una población más consciente por su salud buscaba activamente tomar decisiones más saludables con respecto al ejercicio, la dieta, el cuidado de uno mismo y la salud mental.
A medida que el mundo va volviendo a la normalidad, nunca ha estado más claro que esta estrategia es una de las formas más eficaces de prevenir las enfermedades crónicas: la evidencia demuestra que 30 minutos de actividad cinco días a la semana reducen el riesgo de enfermar y morir a causa de una enfermedad infecciosa en un 37%.
Sin embargo, esta generación también carga con las consecuencias de la pandemia. Casi dos años después, esta población está reportando tasas más altas de ansiedad, depresión y angustia que cualquier otro grupo de edad.
De hecho, aunque la generación Z ha sido menos vulnerable a los impactos físicos del COVID, se ha visto sometida a presiones únicas debido a la etapa vital en la que se encuentra, incluyendo el estrés emocional y el dolor producidos por la pandemia, unas altas tasas de pérdida de empleo y paro, y complicaciones en su formación al tener que adoptar procesos de aprendizaje a distancia o ver interrumpidos sus estudios. Algunos de estos problemas aún no se han resuelto por completo en 2022, a pesar de estar aprendiendo a vivir con el coronavirus.
Esto es solo una de las razones por las que el bienestar es una preocupación cotidiana, ya sea mediante la práctica de una actividad física más regular, una vida social más activa, un mayor consumo de vitaminas o incluso la práctica del yoga.