
26 ABR, 2023
Por RankiaPro LATAM

Por Felipe Jaque, Economista Jefe, Eduardo Salas V., Economista Senior y María José Castro D. Economista de Inversiones Security.
El 2023 partió con sorpresas positivas en la actividad económica en las principales economías, pero acompañadas de una mayor persistencia de la inflación, sobre todo en los componentes subyacentes, relacionados con servicios y en respuesta a un mercado laboral aún muy dinámico. Esto llevaba a los Bancos Centrales a mantener un discurso restrictivo. En este contexto, los mercados mantenían el foco en las mejores perspectivas de crecimiento, con un mejor apetito por riesgo, una depreciación del dólar global y tasas de interés que subían.
No obstante, desde mediados de marzo el foco ha estado en la situación de los bancos a nivel internacional a raíz de la quiebra de algunas entidades en EE. UU. y la frágil situación financiera de bancos europeos. Esto ha aumentado fuertemente la incertidumbre respecto a los riesgos de la estabilidad financiera a nivel internacional, con una reversión significativa de la expectativa de la política monetaria y los movimientos al alza de las tasas.
Posteriormente, la tensión de los mercados ha disminuido, en parte gracias a la rápida respuesta de la autoridad, con diversas herramientas que aseguran una provisión adecuada de liquidez y alivian las presiones en el corto plazo. No obstante, varios vientos en contra detrás del revuelo de mitad de marzo se mantienen. Después de todo, el retiro rápido de los estímulos monetarios son la piedra angular del estrés bancario, lo que mantendría un escenario complejo para los agentes más apalancados o con riesgos de crédito mayores. En particular, en EE. UU. las presiones de retiros de depósitos debiesen continuar elevadas, ante una regulación dispareja entre bancos pequeños y grandes y alternativas de inversión de corto plazo mucho más atractivas que el retorno ofrecido en los depósitos bancarios. La confianza seguiría mermada, sobre todo si el empeoramiento de la macroeconomía saca a relucir problemas de crédito en las carteras de algunos bancos.
Hasta el momento las condiciones financieras a nivel global no se han deteriorado significativamente a raíz de esta situación, incluso a nivel general hasta abril la disminución de las tensiones ha llevado a un relajamiento, con caídas de los spreads, y una menor volatilidad que se han sumado a la caída de las tasas base. Así, el impacto para la actividad económica por esta vía sería acotado. No obstante, se anticipa un efecto relevante sobre la actividad económica global de los ajustes en las condiciones crediticias, las que ya venían deteriorándose desde 2022. Este sería particularmente mayor en EE. UU. donde los bancos más pequeños representan un porcentaje mayor de los créditos, sobre todo en el sector inmobiliario comercial.
Asimismo, los escenarios donde la inflación mantiene la persistencia elevada que venía mostrando hasta los primeros meses del año también pierden fuerza. La menor demanda anticipada debería reafirmar el escenario a la baja a mediano plazo. En este sentido, los bancos centrales hicieron eco de los últimos shocks y moderaron el tono en las últimas reuniones, donde si bien llevaron a cabo los aumentos de tasas anticipados, retrocedieron respecto a los sesgos agresivos de los siguientes movimientos, aunque siempre enfatizando que el problema inflacionario todavía está lejos de resolverse.
Por otro lado, el mercado internalizó rápidamente estas menores expectativas de inflación y el relajamiento de la política monetaria, anticipando una trayectoria de tasas en EE. UU. con recortes mucho antes que lo comunicado por la FED, un desacople significativo y por ende con elevados riesgos de reversión de las tasas de interés.
Por el lado de China, las noticias de crecimiento de corto plazo han continuado siendo favorables, con datos que apuntan a un repunte importante del consumo en servicios, gracias al relajamiento de la política cero-covid. De todos modos, el impacto sería principalmente de corto plazo y enfocado a nivel no transable, dado que los otros vientos en contra de los años pasados (sector inmobiliario y endeudamiento) no han mostrado reducciones significativas. Con todo, las perspectivas para el crecimiento de nuestro escenario base se ajustan al alza en esta región, y levemente al alza en EE. UU. y la Eurozona, principalmente ante las sorpresas positivas de la primera parte del año.
En este contexto de novedades favorables por el lado de China y sumado a la debilidad del dólar global que ha continuado, los precios de las materias primas se han mantenido bien apuntalados, principalmente por el lado de los metales industriales. Con todo, nuestro escenario base sigue apuntando a precios menores por el lado de los metales ante el deterioro de la demanda global; y leves alzas para el petróleo por ajustes en la oferta.
Así se anticipa un entorno global que pareciera mejor de lo que se pensaba a inicios del primer trimestre, gracias a las sorpresas positivas de la actividad, menores niveles del dólar global y las menores tasas base, no obstante, el shock bancario debería venir a confirmar el fin de los ciclos de crédito expansivos en los países desarrollados, lo que continuaría con los vientos en contra significativos para las principales economías a partir de la segunda mitad del año y con riesgos de escenarios adversos que se mantienen elevados.