
2 MAY, 2025

Hace más de tres décadas se estrenó la icónica película Atrapado en el Tiempo, donde un periodista, interpretado por Bill Murray, acude a cubrir con cierto escepticismo el tradicional evento del Día de la Marmota. En este, el roedor Phil "predice" si el invierno continuará o llegará a su fin pronto. Sin embargo, el reportero acaba reviviendo el mismo día una y otra vez, atrapado en un bucle temporal.
Algo parecido parece suceder en los mercados financieros. Al inicio de cada año, las principales entidades financieras publican sus previsiones macroeconómicas y todos tratamos de anticipar qué activos tendrán un mejor desempeño, con el objetivo de posicionarnos óptimamente para el año en curso. En los últimos años, esta rutina ha adquirido un aire de déjà vu aún más marcado, con una dirección de mercado que se repite y concentra. El S&P 500 y el Nasdaq cerraron 2024 con subidas del 23,3% y 24,88% respectivamente, impulsados de manera abrumadora por las conocidas “Magnificent 7”. Un dato revelador: las 10 compañías más grandes del S&P 500 ya representan más del 36% del índice.
En esta especie de eterno retorno, no contamos con una marmota que nos indique si “el invierno” de los mercados terminará pronto o si vendrán tiempos más fríos. A eso se suma el conocido fenómeno del FOMO (Fear Of Missing Out), que nos pone ante un dilema: seguir apostando por los valores ganadores recientes, a pesar de sus valoraciones exigentes, o apostar por sectores rezagados que cotizan a múltiplos atractivos, con el riesgo de quedarnos fuera de otra subida de los mismos de siempre.
En este contexto, el fondo Selección, nuestra referencia en Cobas AM, ha obtenido una rentabilidad superior al 23% en 2024. Esto resulta notable si consideramos que nuestro enfoque, la inversión en valor, no ha sido precisamente el más beneficiado (MSCI Value Europe +12,18%, MSCI World Value Index +11,47%).
No se trata de afirmar que cada año lograremos igualar a los índices más rentables, sino de analizar las razones detrás de esta descorrelación y cómo pueden servirnos como base para tomar decisiones de inversión más estructuradas.
La realidad es que, en el corto plazo, el mercado está gobernado por la incertidumbre. Cada comienzo de año surgen las mismas preguntas difíciles de responder: ¿Qué pasará con la inflación y los tipos de interés? ¿Cómo se desarrollarán los conflictos geopolíticos? ¿Cuál será la evolución del precio de la energía?
Pero frente a esta volatilidad, es posible apoyarse en principios más estables, que permiten generar retornos consistentes en el largo plazo, independientemente del ruido coyuntural. En Cobas AM, centramos nuestro proceso inversor en identificar esos fundamentos atemporales. Algunos de los más relevantes son:
Lo que hemos vivido en 2024 demuestra que el valor de una compañía a largo plazo depende de su calidad y capacidad de generar beneficios. La consolidación de nuestras tesis y los buenos resultados de las compañías en cartera han llevado al mercado a reconocer su valor, incluso en un entorno que no ha favorecido especialmente al estilo de inversión en valor. Habrá ejercicios donde el viento no sople a favor, pero también otros como este —o como 2022, cuando Selección logró cerca de un +10% en un año muy negativo para la mayoría de activos— que evidencian la solidez de esta estrategia.
En definitiva, es posible romper el ciclo repetitivo de predicciones y sorpresas al inicio de cada año. No necesitamos depender de la marmota Phil para saber qué activos liderarán el mercado. Tenemos la posibilidad de tomar el control si nos enfocamos en los principios adecuados.
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