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Riesgos a tener en cuenta en el último trimestre del año
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Riesgos a tener en cuenta en el último trimestre del año

El panorama para el próximo año parece ser más nítido: un menor crecimiento global, riesgos de recesión más pronunciados en EEUU y Europa.
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La llegada del fin del año, en lugar de traer claridad, ha exacerbado la incertidumbre en los últimos tiempos, haciendo que prever cómo culminará 2023 y comenzará 2024 sea una tarea desafiante. Sin embargo, el panorama para el próximo año parece ser más nítido: riesgos de recesión más pronunciados en Estados Unidos y Europa a fines del primer trimestre, un menor crecimiento global, entre otras cosas.

A continuación economistas nos entregan su visión respecto a los riesgos que hay que tener en cuenta en el último trimestre del año.

Alejandro Fernández Beroš, Gerente de Estudios en Gémines Consultores

Se nos viene el fin del año y, en vez de disminuir, la incertidumbre no ha hecho más que aumentar en el último tiempo, dificultando intuir como acabará 2023 y comenzará 2024. Curiosamente, parece más claro el panorama general del año próximo: menos crecimiento global, mayores riesgos recesivos en Estados Unidos y Europa e inicio del proceso de reducción en las tasas de política monetaria (TPMs) entre fines del primer  trimestre y durante el segundo trimestre, con la guerra en Ucrania como parte permanente del paisaje por tercer año consecutivo.

Para lo que queda de 2023, las TPMs no subirán más en Estados Unidos y la Euro Zona, el dólar comenzará a perder fuerza y la inflación consolidará su retroceso, mientras aparecen señales más claras de debilidad en el crecimiento en Estados Unidos y las dificultades en la economía de China se mantienen. Producto de lo anterior, el costo de la energía cede algo de terreno y el precio del cobre se estabiliza y, tal vez, insinúa una recuperación por las perspectivas de la electro movilidad.

Nada de esto es muy positivo para Chile, cuya economía se mantendrá estancada el resto del año con algunos síntomas de una débil reactivación, mientras la inflación bajará con claridad, terminando el año bajo 4%. El escenario político-institucional no colaborará a estimular la reactivación y la aprobación o rechazo del texto constitucional el 17 de diciembre, que no se definirá hasta última hora pese a las señales de las encuestas, seguirá proyectando su sombra sobre la recuperación de la economía. Los problemas estructurales que la aquejan seguirán manifestándose en el crecimiento, el empleo y el valor de la moneda, todos los cuales serán traspasados a 2024, que será algo mejor que este año, pero sólo porque 2023 va a terminar siendo muy pobre y olvidable.

Felipe Jaque, economista jefe en Grupo Security

Con la volatilidad que hemos observado en los mercados, de la mano de una economía en EE.UU. que pone presión a todo el resto de las regiones a través de su banco central y la debilidad y preocupaciones de la economía china, los mercados emergentes y América Latina se juegan el último cuarto del año ante dos factores: una Reserva Federal que mantiene un tono muy contractivo, arrastrando el dólar global, y bancos centrales locales que ya se embarcaron o están ad portas de iniciar un marcado ciclo de recortes de tasas de interés, después de haber sido los primeros en subirlas en 2021. Los tropiezos de China funcionan como un aditivo, poniendo mayor presión sobre economías como la chilena, más expuesta a los metales. Con un balance de riesgos que se torna incómodo para la región de cara el cierre del año e inicio del 2024, el escenario base está algo más cuesta arriba.

Si vamos a los riesgos, en EE.UU., de intensificarse las alzas de tasas por parte de la Reserva Federal ante una inflación que no cede, las monedas enfrentarían mayor presión a la depreciación y es posible que los bancos centrales locales decidan moderar sus recortes, aunque estimamos que será más importante el efecto negativo sobre las perspectivas de crecimiento que puedan generar las altas tasas hacia 2024. Y por el lado de China, el riesgo de shocks financieros que impliquen mayor deterioro de su actividad derivaría en un panorama externo más débil, en particular para economías emergentes. Es importante mencionar que la sensibilidad a un shock de actividad en China versus EE.UU. para economías como Chile es mucho mayor, en particular por su efecto sobre términos de intercambio (caídas de 10% pueden llevar a efectos de 1 a 1,5pp de menor crecimiento a mediano plazo en nuestra economía).

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