
3 FEB, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

Tras semanas de rally acelerado, el oro y la plata han sufrido una corrección brusca, con movimientos que han reabierto el debate entre gestores y estrategas: ¿estamos ante un cambio estructural o un simple reajuste técnico?
Las lecturas de WisdomTree, Natixis IM Solutions y Jupiter AM convergen en un punto: la dinámica reciente se ha visto amplificada por momentum, flujos y mecanismos de mercado, más que por un deterioro repentino de los fundamentales. Por tanto, las perspectivas para el oro y la plata no han cambiado.
Para Nitesh Shah, Head of Commodities and Macroeconomic Research de WisdomTree, el mercado ha vivido un episodio excepcional. La sesión del 30 de enero de 2026, explica, estuvo marcada por una oscilación intradía fuera de escala: “el viernes 30 de enero de 2026 pasará probablemente a la historia como el día más volátil tanto para el oro como para la plata”.
Shah cuantifica la anomalía subrayando que, en el caso de la plata, “la caída del precio del 26% de cierre a cierre del viernes fue con diferencia superior a cualquier descenso diario comparable”.
También Ned Naylor-Leyland, gestor del fondo Jupiter Gold & Silver de Jupiter Asset Management, enmarca el episodio como coherente con la naturaleza del segmento: “las correcciones violentas forman parte del comportamiento técnico habitual en los mercados de metales preciosos”. Y añade que, en estos contextos, la volatilidad no debería sorprender.
La lectura más “técnica” llega de Garrett Melson, Portfolio Strategist de Natixis IM Solutions, que describe el movimiento como una fase de exceso y posterior descarga. Melson observa que en las semanas previas “el oro, y en particular la plata, han visto cómo sus gráficos se volvían parabólicos”. Y cuantifica la magnitud del exceso: “el oro subió hasta 4 desviaciones estándar por encima de su media de 5 años, mientras que la plata casi alcanzó 8 desviaciones estándar”.
En este contexto, el retroceso no es sorprendente, sino casi inevitable: “aglomeraciones de esta magnitud hacen que el activo sea vulnerable incluso a pequeños shocks”.
Naylor-Leyland vincula el comportamiento de las mineras a los flujos típicos de la renta variable: “el mercado de acciones mineras sigue siendo un mercado de renta variable y, como tal, está sujeto a dinámicas de flujos”. Y puntualiza la clave: “necesitamos que haya entradas netas de capital”.
Shah (WisdomTree) añade que la volatilidad podría haberse amplificado fuera de los canales institucionales tradicionales: “en los últimos meses, los inversores minoristas o los mercados over-the-counter (OTC) podrían haber registrado compras elevadas —seguidas de ventas— que contribuyeron a amplificar la volatilidad”.
Melson introduce una distinción crucial: “los catalizadores no son lo mismo que los impulsos”. Aunque menciona la noticia vinculada a la Fed, explica que ahí no está la causa real: “el catalizador del sorprendente cambio de tendencia parece haber sido el nombramiento de Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal”. Pero después lo relativiza, “el catalizador no importa” e insiste que “se trata simplemente de las consecuencias de una operación guiada técnicamente por un impulso masivo”.
Shah pone el foco en la geopolítica y el risk premium, pero con un enfoque igualmente de “mecanismo de mercado”: “la ansiedad en los mercados se intensificó tras el intento del presidente Trump de adquirir Groenlandia, reactivando las primas de riesgo geopolítico”. Y subraya que los mercados siguen nerviosos incluso sin una escalada inmediata: “aunque no se anunciaron aranceles inmediatos ni el uso de la fuerza, los mercados siguen sensibles al riesgo de que las tensiones vuelvan a emerger”.
Naylor-Leyland añade que el sell-off no estuvo ligado a ventas fundamentales, sino a automatismos: “esta reacción no fue impulsada por flujos reales de venta, sino por algoritmos y desinversiones automáticas”.
Para Naylor-Leyland (Jupiter AM), el riesgo que transformaría un simple pullback en una corrección profunda sería un shock monetario. Pero hoy lo considera poco probable: “una Reserva Federal que gire de forma contundente hacia una postura hawkish parece altamente improbable”.
Por ello, la conclusión es clara: “cualquier retroceso técnico debería considerarse una oportunidad para incrementar la exposición”.
Shah (WisdomTree) vincula la volatilidad también a la incertidumbre sobre el liderazgo del banco central, concretamente “a la futura dirección de la Reserva Federal y a la percepción de que el próximo presidente sería políticamente independiente”. Y añade que el nombramiento de Kevin Warsh “parece haber aliviado parte de estas preocupaciones, frenando el momentum de los precios del oro y la plata”.
Melson (Natixis IM Solutions) apunta que los inversores estaban descontando un riesgo en la trayectoria de tipos: “los inversores descuentan el riesgo de que los recortes a corto plazo provoquen la necesidad de más subidas más adelante”.
El experto de Jupiter AM insiste en que el beta de las mineras no debería dispararse frente al subyacente y cita un caso concreto: “en noviembre, una corrección técnica llevó al oro y a la plata a retroceder, y vimos una caída más pronunciada en las acciones”.
Desde Natixis IM Solutions explican por qué esto ocurre en mercados “abarrotados”: “los precios que suben en un espacio relativamente ilíquido tienden a provocar aglomeraciones”.
Y en WisdomTree ponen en perspectiva la magnitud del movimiento: “son oscilaciones de precio que normalmente se esperarían a lo largo de un año, y no en el transcurso de una sola sesión de negociación”.