
19 OCT, 2026
Por PIMCO

Autores: Tiffany Wilding y Andrew Balls de PIMCO
En un mundo en el que los riesgos extremos son elevados, los inversores deberían tratar de construir carteras capaces de resistir en distintos escenarios.
En este sentido, las atractivas rentabilidades de partida —y los retornos que pueden generar— ofrecen una protección significativa frente a los riesgos extremos de inflación, al tiempo que preservan el potencial de los bonos para actuar como cobertura ante una pérdida de impulso de la inversión en capital vinculada a la inteligencia artificial (IA) o una perturbación del crecimiento. Una asignación global a renta fija, tanto de mercados desarrollados como emergentes, puede contribuir a diversificar los riesgos específicos de cada país, incluidos los fiscales.
Nuestra visión sobre la curva de tipos se está volviendo más equilibrada, ya que los inversores pueden encontrar ahora rentabilidades atractivas en los distintos tramos de vencimiento. Seguimos considerando atractivos los bonos del Tesoro estadounidense a plazos intermedios (entre cinco y siete años) y estamos adoptando una postura más favorable hacia los bonos a más largo plazo a medida que aumentan sus rentabilidades. Vemos oportunidades de valor para los inversores pacientes con un horizonte temporal intermedio.
El despliegue de la infraestructura de inteligencia artificial constituye el eje central de las oportunidades de inversión en los mercados de crédito. Buena parte del gasto de capital previsto en IA se ha adelantado al horizonte cíclico. No obstante, los diferenciales de crédito son estrechos y las correlaciones entre los activos vinculados a la IA están aumentando a medida que crece la emisión de deuda en el sector.
Nos centramos en la selectividad, el valor relativo y la mitigación de los riesgos bajistas, con el objetivo de garantizar una compensación adecuada por el riesgo asumido. En el crédito vinculado a la IA, esto puede traducirse en exigir una mayor compensación por los riesgos regulatorios y legales, así como por los riesgos políticos asociados a las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos.
En un contexto de disrupción provocada por la IA, la diversificación cobra cada vez más importancia. Los inversores deberían mantener una mentalidad abierta respecto a los sectores que podrían verse afectados. El software es un candidato evidente, pero las posibilidades son mucho más amplias, y las empresas que se rezaguen en la carrera por implantar la IA corren el riesgo de quedarse atrás. En algunos ámbitos, la intensificación de la competencia impulsada por la IA podría no provocar la desaparición de empresas, pero sí ejercer presión sobre sus márgenes.
Los tipos de interés más elevados influirán en un ciclo de impagos crediticios que ya estaba muy avanzado. En el segmento de préstamos directos a empresas (corporate direct lending), los inversores se enfrentan a la posibilidad de obtener rentabilidades decepcionantes en comparación con las registradas en los últimos años. El impacto podría ser mayor en algunos de los vehículos de inversión más condicionados por las restricciones de calificación crediticia y liquidez, que fueron estructurados en gran medida para entornos favorables de crédito y tipos de interés. Muchos de estos vehículos han experimentado un crecimiento significativo en los últimos años y ahora afrontan dificultades derivadas tanto de los tipos de interés más elevados como del deterioro de la calidad crediticia.
Tratamos de mantener la flexibilidad en nuestras asignaciones a crédito, utilizando el valor relativo como referencia para distribuir las inversiones entre sectores. Seguimos encontrando oportunidades atractivas en la financiación de activos reales y en los préstamos respaldados por activos (asset-based lending), aunque su mejor comportamiento reciente ha reducido en algunos segmentos la ventaja relativa de sus valoraciones.
En una época caracterizada por perturbaciones geopolíticas, energéticas y de oferta cada vez más frecuentes, las carteras necesitan protección frente a escenarios en los que la inflación aumenta mientras el crecimiento se debilita. Las materias primas y determinados activos reales pueden complementar la exposición a la duración, al proporcionar exposición precisamente a las situaciones de escasez y a las presiones sobre la oferta que podrían poner en dificultades tanto al crecimiento económico como a los activos financieros tradicionales.
El escenario central para este ciclo sigue siendo favorable. Sin embargo, parte de esa resiliencia depende de un auge de la inversión impulsado por una combinación poco habitual de oportunidades comerciales y urgencia estratégica, que podría estar avanzando más rápidamente que los mecanismos de control establecidos para supervisarlo. Esta combinación genera un potencial alcista para la productividad y el crecimiento, pero también da lugar a riesgos extremos inusualmente elevados.
En nuestra opinión, las carteras deberían estar posicionadas para aprovechar las oportunidades del escenario central y, al mismo tiempo, resistir esos riesgos extremos. Con las rentabilidades de partida actuales, este sigue siendo un argumento de peso a favor de los bonos.