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15 OCT, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

El oro aguanta el repunte de los tipos reales mejor de lo previsto. Tres gestoras coinciden en que sus soportes estructurales siguen intactos, aunque la volatilidad no desaparecerá a corto plazo.
El oro ha mostrado en las últimas semanas una resistencia que pocos anticipaban. Las perspectivas del oro para 2026-2027 obligan a mirar más allá de la relación clásica con los tipos de interés: el metal se mantiene por encima de los 4.000 dólares por onza pese al endurecimiento monetario en Estados Unidos y al fuerte repunte de los rendimientos de la deuda soberana.
Para el inversor profesional, la cuestión ya no es solo hacia dónde irá la cotización, sino qué sostiene realmente la demanda. La fragmentación geopolítica, el volumen de deuda pública, las compras de los bancos centrales y la disciplina de capital de las mineras dibujan un escenario en el que el oro gana peso estratégico en las carteras, aunque con riesgos que conviene vigilar de cerca.
La lógica tradicional dicta que unos tipos reales al alza penalizan a un activo sin rendimiento. Charlotte Peuron, gestora de renta variable temática de Crédit Mutuel Asset Management, recuerda que los rendimientos de la deuda a largo plazo en EE.UU. suben más rápido que las expectativas de inflación, un entorno "desfavorable para el oro, ya que los inversores prefieren decantarse por inversiones que ofrecen rendimientos más atractivos".
Sin embargo, la reacción del mercado ha sido contenida. Peter Kinsella, Head of Investment Services UK de Union Bancaire Privée (UBP), señala que el bono estadounidense a 10 años ha tocado máximos del 5,30% y los TIPS se acercan al 3%, mientras el oro solo ha retrocedido hasta el entorno de los 4.150 dólares. "El modesto descenso sugiere que la correlación entre el oro y los tipos de interés ha seguido atenuándose", apunta.
Los flujos hacia ETF apenas han reaccionado, y Kinsella concluye: "Creemos que la mayor parte del movimiento de los tipos de interés está ya sustancialmente completada", lo que deja riesgos bajistas limitados. Peuron, por su parte, advierte de que los conflictos en Oriente Medio y Ucrania, la energía y las elecciones de mitad de mandato en EE.UU. mantendrán la volatilidad en los próximos meses.
La demanda oficial es uno de los grandes amortiguadores del precio. Kinsella (UBP) destaca que el banco central chino ha sido uno de los mayores compradores este año y que, según la última encuesta del World Gold Council, un récord del 45% de los bancos centrales prevé aumentar sus reservas de oro en los próximos doce meses. En su opinión, este soporte limitaría cualquier corrección significativa.
Al mismo tiempo, Thomas Bollinger, estratega sénior de inversiones de J. Safra Sarasin Sustainable AM, amplía el foco: las sanciones han limitado el acceso al sistema del dólar y la elevada deuda pública alimenta el temor a que se recurra a la inflación. "Todo ello genera una demanda estructural de oro, tanto por parte de inversores privados e institucionales como de los bancos centrales", afirma.
El precio medio del oro en 2026 se ha situado en 4.555 dólares por onza (a 18 de septiembre), 1.113 dólares más que la media de 2025, según Peuron (Crédit Mutuel AM). Aunque la energía supone entre el 10% y el 20% de los costes operativos y las regalías indexadas al precio pesan cada vez más, unos costes totales sostenidos de unos 1.800 dólares por onza mantienen márgenes muy holgados para los productores.
Esa caja se está devolviendo al accionista con mayor disciplina que en el ciclo anterior. En las grandes compañías, como Newmont o Agnico Eagle Mines, la retribución al accionista representó casi el 36% de la asignación de capital en 2025, con las recompras rondando el 18% y el capex por debajo del 50%. Productoras medianas como Torex Gold Resources y DPM Metals se han sumado a las recompras.
La gestora vigila, no obstante, un posible exceso de confianza que derive en sobreinversión o adquisiciones caras, dañinas ante un giro brusco del precio. "Un activo minero es una inversión a largo plazo cuyos parámetros pueden cambiar de forma significativa y rápida", recuerda.
Bollinger (J. Safra Sarasin Sustainable AM) analiza el precio real del oro desde el fin de Bretton Woods en 1971 e identifica tres ciclos alcistas, con máximos en 1980, 2011 y principios de 2026. Los dos completados duraron unos diez años y multiplicaron el precio real del metal. El actual se encuentra en su séptimo año y sigue, por ahora, una trayectoria similar.
Según el estratega, los ciclos no terminan cuando se resuelven los problemas, sino cuando decisiones políticas de gran alcance disipan los peores temores del mercado, como ocurrió con la llegada de Paul Volcker a la Fed o con la gestión de la crisis de deuda europea. Por eso, "los inversores deben revisar continuamente sus posiciones en oro y reducirlas cuando sea necesario para preservar las ganancias acumuladas".
En el lado opuesto, Kinsella (UBP) identifica un catalizador alcista inmediato: "El riesgo alcista más urgente para el oro en los próximos meses sería una posible revalorización de las reservas de oro del Tesoro estadounidense", estimadas en algo más de 8.000 toneladas. Ello implicaría una devaluación del dólar frente al oro y podría reactivar el debasement trade de 2025.
El oro ha dejado de ser un simple activo sensible a los tipos reales para convertirse en un termómetro de la confianza en el sistema monetario. Mientras persistan la fragmentación geopolítica y las dudas sobre la deuda pública, el ciclo tiene recorrido. La clave para 2026-2027 no será tanto acertar con el precio como gestionar el tamaño de la posición, ser selectivo en mineras y recoger beneficios cuando esos temores se disipen.
Disclaimer: Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y no constituye asesoramiento ni recomendación de inversión. Las opiniones recogidas corresponden a Union Bancaire Privée (UBP), Crédit Mutuel Asset Management y J. Safra Sarasin Sustainable AM, y pueden cambiar sin previo aviso. Las rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros. La inversión en oro y en compañías mineras conlleva riesgos específicos, como la elevada volatilidad del precio del metal, la sensibilidad a los tipos de interés y al dólar, la ausencia de rendimiento del oro físico y, en el caso de las mineras, riesgos operativos, de costes, regulatorios y de asignación de capital. Las referencias a compañías concretas se incluyen únicamente a título ilustrativo.