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29 MAY, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

El primer trimestre de 2026 ofreció a los inversores un mercado del oro extraordinariamente volátil: desde un máximo histórico rozado en enero, cerca de los 5.600 dólares la onza, hasta una brusca corrección hasta aproximadamente 4.100 dólares en marzo, para después repuntar por encima de los 4.600 dólares en cuestión de pocos días. Un movimiento que puso a prueba los modelos de previsión tradicionales y refleja la complejidad de unas fuerzas estructurales cada vez más difíciles de interpretar con los instrumentos macroeconómicos habituales.
Expertos de WisdomTree, Ofi Invest AM, Crédit Mutuel AM y 21shares analizan los tres ejes fundamentales en torno a las perspectivas del oro para 2006: el papel de los bancos centrales, la posición del dólar y las expectativas para el resto de 2026 y 2027.
El papel de los bancos centrales como motor de la demanda de oro sigue siendo central, pero el panorama se ha vuelto más complejo respecto a años anteriores. Nitesh Shah, Head of Commodities and Macroeconomic Research de WisdomTree, observa que las compras de los bancos centrales podrían estar sistemáticamente subestimadas: "los datos de las estadísticas financieras internacionales tienden notoriamente a subestimar la actividad de los bancos centrales", con compras reales que podrían ser "de tres a cuatro veces superiores a las cifras declaradas". A modo de ejemplo, China declaró compras de tan solo 27 toneladas en 2025, una cifra que Shah considera probablemente inferior al volumen real.
Charlotte Peuron, gestora de fondos especializada en metales preciosos en Crédit Mutuel Asset Management, aporta el dato más reciente disponible: los bancos centrales se mantuvieron como compradores netos con adquisiciones que superaron las 244 toneladas en el primer trimestre de 2026 (Fuente: Bloomberg, Q1 2026). Peuron subraya que esta tendencia sigue siendo uno de los fundamentos estructurales más sólidos para el metal precioso, independientemente de la evolución del ciclo geopolítico a corto plazo.
El análisis de Shah incorpora un elemento inédito: Tether se ha consolidado como comprador relevante, con adquisiciones estimadas entre 60 y 70 toneladas durante 2025, un volumen comparable al de compradores soberanos como Kazajistán o Brasil. A esta demanda no tradicional se suman las compañías aseguradoras chinas, los fondos de pensiones indios y los crecientes flujos hacia los ETF sobre oro en Asia.
Sin embargo, no faltan episodios a contracorriente. Shah cita el caso de Turquía, que movilizó alrededor de 58-60 toneladas en dos semanas mediante ventas y swaps para defender la lira. Una acción que Shah reinterpreta en sentido contrario: "refuerzan su papel de activo de reserva altamente líquido y fiable". Los precedentes históricos (como el terremoto turco de 2023, tras el cual las reservas se reconstituyeron en los meses siguientes) sugieren que patrones similares podrían repetirse.
El debilitamiento del dólar se cita con frecuencia como factor favorable al oro, pero el mecanismo subyacente es más complejo. Stephen Coltman, Head of Macroeconomics de 21shares, ofrece una lectura original: el verdadero motor estructural no sería tanto la devaluación del dólar en sí, sino el enorme superávit comercial chino y las dinámicas de liquidez que genera.
Según Coltman, el sistema bancario chino imprime yuanes para comprar dólares, impidiendo una apreciación de su propia divisa: "el boom de liquidez resultante es lo que alimenta la demanda de oro y de otros activos sin riesgo de contraparte." Los datos son elocuentes: el valor de las acciones del GLD se mantuvo en los niveles de 2020, mientras que el valor del principal fondo sobre oro cotizado en China se quintuplicó en el mismo período. Y "todas las ganancias desde 2019 se produjeron durante la sesión de negociación asiática."
En cuanto al dólar estructural, Shah prevé una depreciación gradual del DXY, con una caída adicional estimada en torno al 7% en el escenario alcista para el oro, aunque excluye un colapso desordenado.
Benjamin Louvet, Director de Gestión de Materias Primas de Ofi Invest Asset Management, articula dos escenarios principales. En ambos casos, la dirección es la misma: tanto una resolución rápida de la crisis del Estrecho de Ormuz como un cierre prolongado favorecerían al oro, ya sea por la vuelta al foco sobre la desdolarización y los déficits, o por la reasignación hacia activos refugio en un contexto recesivo.
Charlotte Peuron coincide y lo amplía: "Ambos escenarios son favorables al oro." Si la inflación llegara a afianzarse, el oro recuperaría su papel protector. Si el conflicto terminara sin presión inflacionaria, la Fed reanudaría los recortes, favoreciendo igualmente al metal. A esto se añade el factor divisas: "las divisas más débiles, impulsadas por los déficits fiscales y la creciente deuda pública, han sostenido los precios del oro en los últimos años."
La modelización más detallada proviene de Nitesh Shah de WisdomTree, con tres escenarios cuantitativos para el Q1 2027:
Shah concluye que "el riesgo geopolítico seguirá siendo probablemente un factor favorable para el oro a lo largo del próximo año", con tensiones estructurales irresueltas en particular en el área del Estrecho de Ormuz.
El denominador común de los cuatro análisis es la convicción de que los problemas estructurales que han impulsado el oro al alza —desdolarización, déficits fiscales, incertidumbre geopolítica y ampliación de la base de inversores— están destinados a perdurar mucho más allá de la volatilidad a corto plazo.
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