
1 JUN, 2026
Por Sara Giménez de RankiaPro LATAM

Cristian Reynal cuenta con más de 15 años de experiencia en la industria de gestión de activos internacionales, habiendo desarrollado su carrera en firmas de primer nivel como MFS Investment Management, Schroders y Excel Capital, en roles de distribución y desarrollo de negocio tanto en América Latina como en Europa. Comenzó su trayectoria en MFS, donde durante casi nueve años progresó desde representante de ventas internacionales en Buenos Aires hasta liderar el equipo de internal sales para los mercados no estadounidenses desde Londres, con responsabilidad sobre Europa y las Américas. Posteriormente asumió la dirección de ventas offshore de Schroders para Argentina y Uruguay, gestionando la estrategia de distribución hacia banqueros privados, asesores independientes y selectores de fondos. Actualmente ejerce como Head of Wholesale Cono Sur en HMC Capital, desde donde lidera la distribución institucional en la región.
Es licenciado en Economía por la Universidad de San Andrés de Buenos Aires.
Llegué al sector financiero en 2010, recién salido de la universidad y apenas un par de años después de la crisis financiera internacional. La realidad es que llegué casi de casualidad, pero me enamoré muy rápido de la industria.
Lo que más me atrajo fue que combina dos cosas que disfruto muchísimo: por un lado, la parte técnica de los mercados financieros y las inversiones; y por otro, la parte comercial y humana de construir relaciones de largo plazo con clientes.
Tuve la suerte de recorrer distintas etapas de la industria. Comencé trabajando con fondos mutuos tradicionales, luego participé en la expansión de estrategias más sofisticadas y alternativas en la región, y hoy formo parte de HMC Capital, una plataforma especializada en activos alternativos con presencia internacional. Mirando hacia atrás, haber vivido esa evolución me permitió observar de primera mano cómo fueron cambiando las necesidades de los inversores y la forma de construir portafolios.
No tenía una vocación alternativa muy definida. A medida que fui conociendo la industria, entendí que era exactamente el tipo de trabajo que me gustaba hacer y, por suerte, ya llevo más de quince años en ella.
Lo más desafiante es, sin dudas, conseguir tiempo en la agenda de los clientes. Vivimos en un mundo que va cada vez más rápido, donde todos reciben muchísima información y tienen cada vez menos tiempo disponible.
Eso obliga a estar constantemente generando nuevas conversaciones, haciendo seguimiento y, sobre todo, agregando valor en cada interacción para que el cliente realmente quiera volver a reunirse con uno.
Y curiosamente, eso mismo es también lo que más disfruto de mi trabajo. Construir relaciones de confianza, acompañar a los clientes durante años y transformarse en alguien a quien llaman cuando necesitan una opinión o una idea de inversión es probablemente la parte más gratificante de esta profesión.
Creo que el error más común es pensar que la distribución de fondos consiste en vender productos. En realidad, consiste en entender problemas.
Después de más de quince años trabajando con asesores, banqueros privados, multifamily offices y family offices, aprendí que las mejores conversaciones rara vez empiezan hablando de un fondo. Empiezan hablando de una cartera, de una necesidad específica o de un desafío que tiene el cliente.
Cuando uno entiende eso, el producto pasa a ser una consecuencia y no el punto de partida.
La credibilidad se construye escuchando, siendo consistente y estando presente incluso cuando no hay una oportunidad comercial inmediata. Al final, la distribución es un negocio de confianza mucho más que un negocio de ventas.
Sin duda, el período que va desde la pandemia hasta la irrupción de la inteligencia artificial.
Durante la pandemia vimos medidas que parecían impensadas: tasas cercanas a cero, estímulos masivos y una aceleración enorme de muchos cambios económicos y tecnológicos. Y apenas unos años después, el foco pasó a estar en la inflación, las subidas de tasas y el impacto potencial de la inteligencia artificial sobre prácticamente todas las industrias.
Pero no sólo cambiaron los mercados. También cambió la forma de relacionarnos con los clientes. Antes predominaban las reuniones formales en oficinas; hoy muchas conversaciones ocurren en un café, o incluso en una casa. Se volvió una industria mucho más humana y cercana. Haber vivido esa transformación en paralelo a todos los cambios de mercado fue algo realmente único.
Creo que vamos hacia una convergencia cada vez mayor entre los mercados públicos y privados.
Durante muchos años hablamos de activos alternativos como una categoría separada, pero creo que esa distinción va perdiendo relevancia. En el futuro probablemente hablaremos simplemente de renta fija y renta variable, donde los inversores podrán acceder tanto a oportunidades públicas como privadas dentro de una misma asignación.
Los vehículos evergreen y las estructuras que facilitan el acceso a crédito privado, infraestructura, private equity y venture capital van a seguir ganando terreno. Los límites entre ambos mundos se están volviendo cada vez más difusos, y eso va a ampliar significativamente el universo de inversión disponible para los clientes.
La mayor parte de mi tiempo libre gira alrededor de mis tres hijas. Me encanta acompañarlas en las actividades que hacen, llevarlas a gimnasia artística o patín, y ayudarlas a descubrir cuáles son las cosas que realmente las apasionan.
Y si hablamos de mis propias pasiones, no tengo ninguna duda: el fútbol. A pesar de haber pasado por dos operaciones de rodilla, sigo jugando y tratando de encontrar cualquier excusa para entrar a una cancha.
Después de más de quince años en la industria, creo que la principal lección es que nunca sabes cuál reunión va a terminar siendo importante.
Me ha pasado muchas veces preparar durante semanas una reunión que parecía trascendental y que no terminó generando nada concreto. Y también me ha pasado lo contrario: encuentros informales, sin demasiadas expectativas, que años después terminaron convirtiéndose en relaciones profesionales muy valiosas.
Si tuviera que rescatar una enseñanza de todos estos años, sería la importancia de la consistencia. En esta industria tendemos a sobreestimar el impacto de una reunión, una llamada o una idea puntual, y a subestimar el valor de estar presente de manera constante durante muchos años.
Las relaciones más sólidas que tengo hoy con clientes no se construyeron a partir de una gran operación o una recomendación brillante, sino de cientos de conversaciones, seguimientos y momentos compartidos a lo largo del tiempo.