
5 FEB, 2025
Por Jorge Castro Uriol de Scotiabank

A principios de la semana pasada, los mercados financieros experimentaron un hito significativo con la mayor pérdida de valor bursátil registrada hasta la fecha. NVIDIA, una de las empresas con la mayor capitalización bursátil a nivel mundial, vio cómo su valor se redujo en más de 600 mil millones de dólares tras una caída del 17% en un solo día, equivalente al Producto Interno Bruto de Suecia. Esta situación provocó un efecto dominó en el sector tecnológico, que en conjunto perdió más de 1 billón de dólares, afectando también a otros sectores como la generación eléctrica y uno que otro fondo de capital riesgo.
Quizás ya estemos informados por los distintos medios de comunicación, pero en caso de que se necesite contexto, hace poco más de una semana amanecimos con la impactante noticia de que una start-up de inteligencia artificial creada por un un fondo de cobertura cuántico de Hangzhou, creadores de Deepseek, desarrollaron un nuevo modelo de lenguaje llamado R1, de similar capacidad a los modelos americanos como ChatGPT, Gemini o Copilot, pero con notables diferencias como la de su código abierto, que permite a cualquier desarrollador manipularlo y adaptarlo a sus necesidades dando acceso a cualquiera a poder acceder a tecnología avanzada, además de su usar menos recursos, o al menos es lo que afirman, y demostrar al mundo un rendimiento similar al de modelos avanzados como los de OpenIA, que de Open solo lo tiene en el nombre.
El reciente episodio de venta de pánico en los mercados, ocurrido el lunes 27, impactó de manera generalizada en casi todos los sectores. En particular, el sector tecnológico, que había estado disfrutando del auge impulsado por la inteligencia artificial, vio cómo se cuestionaban sus elevados múltiplos de valoración. Sin embargo, aquellos inversores bajistas que esperaban caídas adicionales se han encontrado con una decepción, ya que empresas golpeadas como Meta, Alphabet y Amazon han comenzado a recuperar lentamente sus niveles previos. Este fenómeno tiene sentido, dado que los negocios centrales de estas compañías, como la publicidad y el comercio electrónico, no solo no deberían verse afectados, sino que la tecnología en cuestión complementa de manera más eficiente el desarrollo de sus productos.
Por otro lado, las acciones de empresas de semiconductores como Nvidia, AMD y Broadcom, aunque aún se encuentran rezagadas y cuyas valoraciones no son necesariamente baratas, no han visto comprometidos sus fundamentos esenciales. En este contexto, resulta pertinente citar el acertado y oportuno post sobre la Paradoja de Jevons:
“A medida que la IA se vuelva más eficiente y accesible, su uso se disparará y se convertirá en un producto del que no nos cansaremos”.
Satya Nadella, CEO de Microsoft
Este fenómeno describe cómo el aumento en la eficiencia del uso de un recurso puede llevar a un mayor consumo del mismo, en lugar de reducirlo. Ejemplos plausibles de esta paradoja se encuentran en el sector automotriz, con el incremento de la producción de petróleo, y en la agricultura, con las soluciones tecnológicas. Todo indica que el escenario actual de la IA no debería ser la excepción.
Aunque el mercado mantiene su tendencia alcista, es fundamental recordar a los inversionistas que el trayecto siempre ha estado acompañado de incertidumbre por lo que es importante conocer bien nuestro perfil de inversionista y horizonte de tiempo de la inversión para saber cuanta volatilidad estamos dispuestos a asumir así como también diversificar el portafolio para mitigar riesgos entre los distintos tipos de activos de renta fija y variable aprovechando el acceso a los mercados internacionales y evitar el market timing como el que trataron de hacer muchos inversionistas nerviosos el lunes 27. Estas son reglas aparentemente sencillas, pero requieren de mucha disciplina. Sin embargo, si se cumplen, generarán valor al portafolio con el tiempo.
Como reflexión final, al igual que los griegos de Pérgamo en el siglo II a.C., quienes, ante el bloqueo cultural del papiro impuesto por los antiguos egipcios, se vieron obligados a explotar su inventiva con los recursos disponibles, creando así el pergamino que transmitió conocimiento durante milenios, China nos ha brindado una lección de cómo convertir la necesidad en virtud.
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