
25 JUN, 2025
Por Ariel Barr de AMM Capital

Hablar de riesgo en el mundo de las inversiones es inevitable. Lo complejo es gestionarlo de forma efectiva. Sin embargo, uno de los errores más frecuentes en la industria es simplificar en exceso ese concepto, encasillando a los inversores en perfiles rígidos: conservador, moderado o agresivo. Si bien estas categorías pueden servir de guía inicial, en la práctica resultan limitantes y, muchas veces, desconectadas de las verdaderas necesidades y expectativas de cada cliente.
Los mercados evolucionan, los productos también, y la forma de construir un portafolio debe ir un paso adelante. En AMM Capital creemos que diseñar una cartera de inversión debe ser un proceso personalizado, dinámico y, sobre todo, basado en una diversificación estratégica que permita optimizar rendimientos sin comprometer la estabilidad.
Diversificar no consiste simplemente en repartir el patrimonio entre diferentes activos para "no poner todos los huevos en la misma canasta". La verdadera diversificación implica combinar de forma inteligente productos con diferentes niveles de riesgo, liquidez y correlación, para construir un portafolio que sea resiliente en los momentos difíciles y competitivo en los ciclos favorables.
Hoy, los portafolios efectivos deben incluir una variedad de instrumentos, desde renta fija y renta variable hasta activos líquidos y alternativos, siempre considerando la estructura patrimonial y los objetivos de cada inversor.
En nuestro enfoque, ningún activo individual debería representar más del 10% del patrimonio total, un principio que reduce significativamente la exposición a eventos imprevistos y protege el capital en entornos volátiles.
La creciente tendencia hacia los activos alternativos —como private equity, real estate o inversiones en fondos de capital de riesgo— ofrece oportunidades atractivas para diversificar y acceder a fuentes de rentabilidad menos correlacionadas con los mercados tradicionales.
No obstante, estos instrumentos no son adecuados para todos los perfiles. Exigen un conocimiento profundo de sus riesgos inherentes, su menor liquidez y los plazos de inversión que requieren. Para los inversores calificados, sugerimos que los activos alternativos representen entre un 20% y un 30% del patrimonio total, siempre respetando un límite máximo del 10% por producto, para evitar concentraciones peligrosas.
La clave de una buena diversificación no está solo en los números, sino en comprender realmente a cada cliente: su situación patrimonial, su tolerancia al riesgo, sus objetivos y, muy importante, su horizonte de inversión.
Un portafolio sobreexpuesto a activos de alto rendimiento puede parecer tentador en mercados alcistas, pero en una corrección severa o un bear market, puede ser catastrófico, especialmente para inversores sin capacidad de recuperación o con expectativas alejadas de su realidad financiera.
Este enfoque nos ha permitido en AMM Capital construir relaciones de largo plazo con nuestros clientes, basadas en la confianza, la transparencia y resultados consistentes. No creemos en soluciones estándar. Creemos en estrategias personalizadas, diversificadas y alineadas con los objetivos y realidades de cada inversor.
En un entorno cada vez más dinámico y desafiante, la diversificación inteligente no es solo una herramienta de gestión de riesgo, es el camino para alcanzar los objetivos de inversión de forma sólida, realista y sostenible.
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