27 SEPT, 2023

Por Sara Giménez de RankiaPro LATAM

Por Constanza Ramos de RankiaPro LATAM


En el mundo en constante evolución de la energía y los commodities, el uranio se ha convertido en un foco de atención y oportunidades. El Sprott Uranium Miners UCITS ETF (URNM) ha saltado recientemente a los titulares al superar los 130 millones de dólares en activos gestionados, un logro notable si se tiene en cuenta que se lanzó apenas el año pasado. Detrás de este hito se encuentra una combinación de factores que reflejan el creciente interés por la energía nuclear y el uranio como materia prima única con una dinámica de oferta y demanda convincente a largo plazo.
Para arrojar luz sobre este interesante panorama de inversión, hemos hablado con John Ciampaglia, CEO de Sprott Asset Management.
Inversionistas de todo el mundo se interesan cada vez más por la energía nuclear y el uranio. El uranio es una materia prima única con unos fundamentos de oferta/demanda a largo plazo muy convincentes. Es el commodity con mejor comportamiento en 2023, con una ganancia de casi el 40%. Las empresas que producen y exploran uranio se han beneficiado de la subida de los precios de las materias primas y del renovado interés por el sector. Los inversioinistas se han sentido atraídos por el Sprott Uranium Miners UCITS ETF porque sigue un índice puro que ofrece exposición a los productores de uranio, los promotores de nuevas minas y las empresas de exploración, así como una asignación al uranio físico a través de vehículos de cartera como el Sprott Physical Uranium Trust.
Muchos países están volviendo a apostar por la energía nuclear por varias razones. La energía nuclear proporciona una potencia de carga base fiable, que es cada vez más importante a medida que se añaden energías renovables más intermitentes, como la eólica y la solar. Al igual que las energías renovables, la energía nuclear casi no produce emisiones de gases de efecto invernadero, lo que es crucial para alcanzar los objetivos de energía neta cero. Por último, la invasión de Ucrania por parte de Rusia sirvió de llamada de atención sobre la vulnerabilidad de los mercados energéticos y las economías mundiales.
Creemos que el renacimiento actual está impulsado por una serie de cambios en la política energética. Al igual que en la década de 1970, tras la crisis del petróleo de la OPEP, los gobiernos están adoptando un enfoque muy diferente en materia de seguridad energética. En consecuencia, creemos que la energía nuclear desempeñará un papel más importante. El sentimiento público hacia la energía nuclear también ha mejorado en muchos países, lo que ha contribuido a galvanizar el apoyo político. La energía nuclear, relegada a un segundo plano durante muchos años, se beneficia ahora de una reactivación. El apoyo financiero y normativo para que las centrales nucleares existentes sigan funcionando, el creciente número de nuevas construcciones previstas en todo el mundo y el entusiasmo por la comercialización de pequeños reactores modulares se traducirán en un aumento de la demanda de uranio. Al mismo tiempo, se avecina un déficit de suministro de uranio debido a la falta de inversiones en el sector entre 2011 y 2020.
Hace dos años, en la COP 26, asistimos a un momento decisivo cuando varios gobiernos reconocieron públicamente que no alcanzarían sus objetivos de emisiones netas cero sin la energía nuclear. Gobiernos como los de Estados Unidos, Reino Unido, Países Bajos, Bélgica, Finlandia, Suecia, Corea del Sur, Japón y Francia han vuelto a apostar por la energía nuclear con un apoyo renovado. La otra realidad creciente es la necesidad de respaldar las fuentes de energía renovables intermitentes, que han crecido rápidamente. A medida que aumentan las energías renovables, las redes eléctricas pierden estabilidad: ¿qué pasa si el viento no sopla durante dos semanas? La única forma de compensar este riesgo es contar con centrales nucleares, de gas natural o de carbón. Obviamente, las opciones basadas en combustibles fósiles no ayudan a cumplir los objetivos de energía neta cero.
La predisposición a invertir en energía nuclear ha cambiado radicalmente en los últimos dos años. La inclusión, o pendiente de inclusión, de la energía nuclear en varias taxonomías de financiación sostenible -incluidas las de la UE, Reino Unido, Canadá y Corea del Sur- son excelentes ejemplos de cómo han cambiado las actitudes y las políticas. Cada vez se entiende mejor que la energía nuclear tiene un buen historial de seguridad a largo plazo.
El principal riesgo está relacionado con el propio precio de la materia prima. Si el precio del uranio disminuye sustancialmente, la rentabilidad de los productores se verá afectada negativamente y los posibles productores no podrán avanzar en sus proyectos. Los riesgos geopolíticos también pueden ser un factor para determinadas empresas en función de la ubicación de sus activos. Por último, muchas de las mineras de uranio son empresas de menor capitalización, lo que las hace intrínsecamente más volátiles y menos líquidas.