
18 AGO, 2023
Por Pictet AM

Por Jennifer Boscardin-Ching, especialista inversión temática en Pictet AM.
El sector de las empresas generadoras de electricidad es responsable de un tercio de las emisiones globales de CO2. Incluso se ha criticado que varias hayan reiniciado las centrales térmicas con la guerra en Ucrania. Así que los inversionistas pueden verse tentados a eliminarlas de sus carteras. Pero sería contraproducente. En los próximos años estas acciones pueden ser una fuente de exceso de rentabilidad respecto al riesgo de la transición energética.
Efectivamente, se trata de un sector muy regulado, de contratos a largo plazo, defensivo, tradicionalmente asociado a unas rentabilidades estables, similar a los bonos. Pero el mayor enfoque en la sostenibilidad de los consumidores y de los inversionistas aleja a estas empresas de las fuentes de combustibles fósiles.
De hecho, la creciente divergencia de comportamiento entre las acciones de las empresas de sector de servicios públicos es indicativo del cambio. Cada vez más ofrecen un componente de crecimiento, por la aceleración de las energías renovables e inversiones en la red. Al respecto, sus estrategias están cada vez más en consonancia con las prioridades de los Gobiernos y son capaces de aprovechar los incentivos financieros para invertir aún más a largo plazo. Ello permite a los inversores aprovechar las expectativas de crecimiento en energías renovables y, al mismo tiempo, los flujos de efectivo estables y la visibilidad a largo plazo de los beneficios de estas empresas.
Más aún, privar a estas empresas de capital pone en peligro la transición hacia la economía de cero emisiones netas. Hay que tener en cuenta que pueden desempeñar un papel crucial en la descarbonización de otras industrias intensivas en energía como es el transporte, la fabricación y la construcción. En conjunto, la descarbonización de los sistemas energéticos, electrificación del transporte por carretera y de edificios puede reducir a la mitad las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
Así que estas empresas pueden aumentar sus beneficios mediante nuevos modelos de negocio de bajas emisiones y aprovechar el crecimiento de las energías renovables. A medida que su negocio se vuelve "más limpio", pueden reducir los riesgos de la transición energética y generar mayor rentabilidad para los inversores. Además, las que eliminan gradualmente sus centrales térmicas evitan tener que amortizar los activos de combustibles fósiles que pueden quedarse obsoletos.
Así, un reciente estudio (Bloomberg, 27 Mar 2023), muestra que las empresas de servicios públicos que generaron menos energía del carbono y aumentaron inversiones en activos bajos en emisiones superaron a la cartera equiponderada de acciones del sector en EE. UU. en 32% los últimos cinco años.
Así que un número cada vez mayor de empresas de servicios públicos están completamente comprometidas con la responsabilidad de esta transición, en algunos casos haciendo todo lo posible por descarbonizar sus operaciones, aumentando inversiones en energías renovables y en redes eléctricas.
En Europa, es el caso de una empresa de servicios públicos que ha aumentado su participación en renovables al 80% de su capacidad neta instalada -32 gigavatios en 2023-, en comparación con 42% en 2016. Planea reducir gradualmente sus actividades de energía nuclear y del carbón los próximos años y para 2030 que todos sus beneficios provengan de fuentes no fósiles.
Para ello ha previsto emplear más de 4.500 millones de euros de flujos de efectivo de sus operaciones cada año hasta finales de década. Otra empresa europea de servicios públicos ha cerrado 17 centrales térmicas de carbón y petróleo desde 2001 y reducido su intensidad de emisiones, en gCO2 / KWH, en más de dos tercios desde 2007. Planea 36.000 millones de euros en inversiones en la transición energética entre 2023 y 2025 y espera que su beneficio de explotación y rentabilidad neto crezcan entre 8 y 9% de manera anual compuesta los próximos dos años.
Otro gigante de los servicios públicos, con sede en EE. UU., ya ha más que triplicado su capacidad de generación de renovables eólica y solar en cinco años hasta 2022. 93% de su inversión en capital de crecimiento, 78.000 millones de dólares, están comprometidos con proyectos ecológicos hasta 2025, además de baterías y almacenamiento de hidrógeno. Planea eliminar todas las emisiones de carbono de alcance 1 y 2 para 2045 (las emisiones de alcance 1 se derivan de sus operaciones y recursos que posee o controla y las de alcance 2 incluyen la energía adquirida), sin coste adicional para los clientes. Estima que la descarbonización de la economía estadounidense representa una oportunidad de mercado de cuatro billones de dólares.
En concreto, en tres años, se ha multiplicado por seis, hasta 120 el número de empresas de servicios públicos y productores de energía independientes comprometidos con la iniciativa Science Based Targets que valida sus objetivos de cero emisiones netas, basados en la ciencia, respecto al compromiso de que el calentamiento global no supere 1,5ºC respecto a los niveles preindustriales. La mejor práctica identificada por SBTi es que las empresas adopten planes de transición que cubran emisiones de alcance 1, 2 y 3 (este último incluye proveedores y usuarios), hitos a corto plazo, una gobernanza eficaz y vincular la remuneración de los ejecutivos a los hitos adoptados.
Por nuestra parte, los gestores de fondos piden a estas empresas que validen sus objetivos de descarbonización con la iniciativa Science Based Targets o terceros verificadores similares, los cuales proporcionan orientaciones sobre mejores prácticas; las animan a incorporar objetivos de reducción de emisiones en la remuneración de la dirección a medio y largo plazo, incluyendo penalizaciones e incentivos y a un cambio ordenado en su mix de generación eléctrica, más allá de la simple eliminación de activos “sucios”, por ejemplo, con la formación de trabajadores en energías limpias.