
21 JUL, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

El Reino Unido ha estrenado nuevo inquilino en Downing Street. Andy Burnham ha asumido el cargo de primer ministro tras una remodelación de gabinete que incluye el sorprendente nombramiento de John Healey como ministro de Hacienda. El cambio llega en un momento delicado para la economía británica, marcado por unos costes de servicio de la deuda que superan los 100.000 millones de libras anuales, una inflación que sigue expuesta a los precios de la energía y una ratio deuda/PIB cercana al 100%.
Los primeros anuncios, entre ellos la supresión del IVA en las facturas energéticas, ya han empezado a marcar el tono de lo que será su mandato. La pregunta que se hacen gestores e inversores es si Burnham puede reactivar el crecimiento sin poner en riesgo la disciplina fiscal que sostiene la confianza de los mercados.
Lizzy Galbraith, economista política sénior de Aberdeen Investments, señala que el nombramiento de Healey como ministro de Hacienda "no ha aumentado la preocupación de los mercados sobre las perspectivas fiscales, pero sí alimenta las expectativas de nuevos compromisos en materia de gasto en defensa". Entre las primeras medidas destaca la eliminación del IVA en energía a partir del 1 de octubre, con un coste estimado de 850 millones de libras en 2026/2027 y un impacto marginal sobre el IPC de apenas 0,1 puntos porcentuales.
Galbraith añade que Burnham ha anunciado un programa de reformas a diez años que se presentará en otoño, centrado en bienestar social, defensa y vivienda. El primer ministro buscará maximizar la "flexibilidad" dentro de las normas fiscales vigentes, especialmente en la norma de gasto de capital, aunque la experta anticipa que las subidas de impuestos en el presupuesto de otoño parecen inevitables.
Anthony Willis, economista sénior de Columbia Threadneedle Investments, enmarca el reto en una década de shocks acumulados: la crisis financiera global, el Brexit, la pandemia y, más recientemente, el shock energético y la tensión en el mercado de gilts. Willis subraya que el Reino Unido sigue siendo un importador neto de energía, lo que lo deja expuesto a las oscilaciones de precios mundiales y dificulta el retorno sostenible de la inflación al objetivo.
A ello se suma una estructura de deuda especialmente sensible: una parte considerable del endeudamiento público está vinculada a la inflación, por lo que cualquier repunte de precios se traslada directamente a los costes de financiación. Willis considera que los activos británicos siguen cotizando con descuento frente a sus homólogos internacionales, lo que deja margen para una mejora del sentimiento si el nuevo gobierno logra construir credibilidad.
Gordon Shannon, socio y codirector de grado de inversión en TwentyFour AM (Vontobel), aporta la mirada más escéptica. Recuerda que Burnham defendía hace apenas un año que el Reino Unido necesitaba "superar esta situación de dependencia de los mercados de bonos", mientras que en su discurso del 29 de junio vinculó su programa a "la disciplina de nuestras normas fiscales actuales". Para Shannon, ese giro retórico no elimina las vulnerabilidades estructurales de los gilts.
El comprador marginal de deuda británica es hoy mucho más sensible al precio: los fondos de cobertura representan cerca del 60% del volumen de negociación, mientras los inversores extranjeros absorben más de una cuarta parte de las nuevas emisiones. Según la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria, el gobierno tiene solo un 59% de probabilidad de cumplir su regla fiscal para 2029/30, un margen que Shannon considera lejos de ser tranquilizador.
Tanto Galbraith como Shannon coinciden en que la presión fiscal apunta al alza. Burnham se ha comprometido a no subir el impuesto sobre la renta, la Seguridad Social ni el IVA, aunque reconoce que existe "cierto margen" de maniobra. Shannon detalla que su entorno político, con Louise Haigh como figura clave, empuja hacia gravar el capital, mediante la armonización del impuesto sobre plusvalías con el impuesto sobre la renta.
Shannon advierte que estas subidas podrían mejorar la previsión de déficit a corto plazo, pero debilitar la base de crecimiento de la que depende la recaudación futura. La elección del próximo ministro de Hacienda será, en su opinión, la primera gran prueba de credibilidad ante los mercados de deuda.
Willis plantea que la prueba clave será si la política económica logra impulsar la productividad y la inversión sin erosionar la disciplina fiscal. Considera que el gobierno cuenta todavía con margen temporal, al llevar solo dos años de legislatura y mantener una mayoría amplia en el Parlamento. Shannon, por su parte, insiste en que los riesgos para los gilts se inclinan a la baja, especialmente en el tramo largo de la curva, ante la tentación de sondear los límites de tolerancia del mercado.
El mandato de Burnham arranca con un mensaje de continuidad fiscal que busca tranquilizar a los mercados, pero las tres perspectivas coinciden en que el verdadero examen llegará con el presupuesto de otoño y la elección del ministro de Hacienda. El margen entre restricción y oportunidad es estrecho: valoraciones atractivas y estabilidad política conviven con una carga de deuda elevada y un electorado impaciente. Para los inversores, la clave no estará en las promesas de crecimiento, sino en la disciplina con la que el nuevo gobierno gestione cada decisión fiscal.