
14 SEPT, 2026
Por RankiaPro

BlackRock reconoce que sus clientes institucionales afrontan el último tramo de 2026 con un sesgo constructivo hacia el riesgo, pese a la volatilidad geopolítica y la persistente incertidumbre sobre los tipos de interés. Según los datos recogidos por la gestora entre sus clientes de EMEA, el sentimiento sobre el riesgo se giró neto alcista (+9%) este verano, una tendencia que ha ido de la mano de un récord de compras de ETP en julio y que mantiene a 2026 en camino de convertirse en un año histórico para el sector.
En su informe "Investment Directions: Autumn 2026", BlackRock Global Product Solutions estructura sus recomendaciones de posicionamiento en torno a tres dinámicas que, en su opinión, marcarán el mercado hasta final de año: la creciente concentración en inteligencia artificial dentro de las carteras, la necesidad de reforzar la resiliencia frente a una beta cada vez menos fiable, y una reconfiguración de las fuentes de renta ante el repunte de las rentabilidades.
El primer eje de la gestora aborda un fenómeno que preocupa cada vez más a los inversores institucionales: el peso creciente de los valores tecnológicos y ligados a la inteligencia artificial en los principales índices. Desde 2023, la proporción de nombres de IA y tecnología se ha disparado en los grandes índices de renta variable estadounidense y se ha más que duplicado en la renta variable emergente. Incluso el crédito investment grade en euros —una posición estructuralmente sobreponderada en la cartera europea media— mantiene en torno a un 14% de exposición a emisores estadounidenses, aproximadamente la mitad concentrada en nombres de IA.
Frente a este escenario, BlackRock refuerza su marco "dentro, alrededor y más allá de la IA". La firma mantiene su convicción en el núcleo del tema de IA como oportunidad de rentabilidad, especialmente ante una mejora de las valoraciones: en su lectura, la corrección del verano no respondió a un deterioro de los fundamentales, sino que coincidió con una mejora del contexto de beneficios para semiconductores, con crecimientos interanuales del 151% esperados para el segundo trimestre en el S&P 500. Al mismo tiempo, la firma reconoce una elevada dispersión dentro del propio sector tecnológico, con hasta un 71% de diferencia entre los subsectores de mejor y peor comportamiento en el pico de la corrección, lo que refuerza el argumento a favor de estrategias activas capaces de navegar los cambios de liderazgo dentro del ecosistema de IA.
Más allá del núcleo tecnológico, BlackRock identifica oportunidades "alrededor" de la IA en infraestructuras, energía y materias primas, beneficiarias de la construcción de capacidad de cómputo y de un ciclo plurianual de modernización de activos energéticos en Europa. La gestora destaca también la energía nuclear como fuente fiable de generación de baja emisión ante el aumento de la demanda eléctrica de los centros de datos. Para diversificar "más allá" de la IA, la firma señala oportunidades en salud —como beneficiaria indirecta de la IA pero con drivers de rentabilidad menos correlacionados con el tema tecnológico—, en Japón, donde las reformas de gobierno corporativo siguen impulsando la rentabilidad para el accionista, y en India, donde los beneficios se han mantenido más resistentes que las cotizaciones.
El segundo eje del informe parte de una premisa incómoda para las carteras multiactivo tradicionales: el aumento de las correlaciones entre clases de activos implica que la diversificación ya no se logra simplemente combinando distintos activos entre sí. A esto se suma la intensificación de la competencia por el capital —entre gobiernos y el propio desarrollo de la IA—, que BlackRock espera que siga empinando las curvas de tipos y erosionando el papel de la duración larga como cobertura fiable frente al riesgo de renta variable.
La gestora plantea tres vías para reducir la dependencia de la beta de mercado sin renunciar a oportunidades de rentabilidad:
El tercer eje se centra en la renta fija, donde BlackRock constata que más del 80% del universo global de renta fija ofrece hoy rentabilidades superiores al 4%, frente a menos del 20% de media entre 2010 y 2021. Para la gestora, la cuestión ya no es tanto si invertir en renta fija, sino dónde capturar esa rentabilidad de forma más eficiente, dado que no todos los tramos de la curva ofrecen la misma compensación por riesgo asumido.
En este contexto, la firma destaca el crédito estructurado —en particular los CLO europeos con calificación AAA— como fuente diferenciada de renta: combinan rentabilidades similares o superiores a las del crédito investment grade en euros con protección estructural, exposición a tipo variable y una duración limitada, además de tasas de impago históricamente muy inferiores a las del crédito corporativo global. BlackRock también pone el foco en la deuda emergente de corta duración, que ofrece en la actualidad un rendimiento a vencimiento del 6,9% gracias a primas de crédito específicas por país, pese a que este activo sigue infrarrepresentado en las carteras europeas frente a su peso en los índices globales agregados. Dentro de este bloque, la gestora recomienda selectividad geográfica, con preferencia por Latinoamérica frente a Asia emergente por su exposición a materias primas energéticas. Finalmente, la renta variable de dividendo con enfoque sistemático se plantea como complemento a la renta fija, al combinar reparto de rentas con participación en el crecimiento de beneficios sin la concentración sectorial típica de las estrategias de alto dividendo tradicionales.