
Actualizado:
16 JUL, 2026

Autor: Uriel Saragusti, director del área de Deuda Corporativa de LFDE
Aupado por una rápida internacionalización y unos elevados volúmenes de emisión, el mercado de la deuda híbrida corporativa está dando un salto cualitativo dentro de una dinámica que continúa a un ritmo sostenido. La evolución de los criterios de las agencias de calificación ha propiciado la entrada de nuevos emisores internacionales y ha posicionado este segmento como un eslabón esencial de la financiación de las grandes revoluciones en marcha. Sostenido por sectores con una gran visibilidad, consideramos que este mercado constituye un vector de diversificación estratégica que ofrece un perfil de rentabilidad-riesgo que nos parece atractivo.
El mercado de los bonos híbridos corporativos ha superado el umbral de los 350.000 millones de euros en circulación. Este universo mayoritariamente europeo —con Francia y Alemania a la cabeza— se sustenta en emisores generalmente cotizados y de probada solidez financiera. Aunque la mayoría de los emisores son Investment Grade en el nivel sénior, la subordinación automática de los títulos se traduce a menudo en una calificación High Yield del instrumento para reflejar los riesgos inherentes a este tipo de deuda, pero, a cambio, ofrece una rentabilidad adicional atractiva.
Con casi 85.000 millones de euros de nuevas emisiones, 2025 fue el año más activo de la última década y confirmó la transformación de la deuda híbrida corporativa en una clase de activos imprescindible a escala mundial. 2026 podría saldarse con un nuevo récord, puesto ya que se han realizado emisiones por importe de más de 51.000 millones de euros.
Este entusiasmo se explica principalmente por la evolución de las metodologías de las agencias de calificación, en especial la de Moody's, relativas al tratamiento de los instrumentos híbridos. Tras este cambio, los bonos subordinados con fecha de vencimiento computan al 50 % como capital, frente al 25 % anterior en la mayoría de los casos. Ahora, se sitúan en un nivel similar al de las acciones preferentes en EE. UU.
Otro elemento decisivo es el fuerte aumento de las necesidades de financiación vinculadas a las revoluciones tecnológicas y medioambientales en marcha. Numerosas empresas están iniciando actualmente grandes ciclos de inversión, sobre todo en el sector de los servicios públicos, cuyas empresas son actores protagonistas de la electrificación y de las necesidades adicionales derivadas del despliegue de la inteligencia artificial. Estas importantes necesidades ponen de relieve el interés de los bonos híbridos: esta clase de activos permite obtener financiación y, al mismo tiempo, limita el deterioro de los ratios de endeudamiento analizados por las agencias de calificación.
Caracterizados por un vencimiento muy largo, incluso perpetuo, los bonos híbridos también incorporan opciones de reembolso a discreción del emisor con fechas en las que el cupón se recalcula, lo que permite limitar el riesgo de tipos de interés. Además, en caso de impago, su reembolso está subordinado al del resto de los tramos de la deuda. A cambio de esta flexibilidad que disfrutan los emisores, los tenedores de bonos híbridos se benefician de una rentabilidad más elevada que la de la deuda sénior. En este sentido, consideramos que la inversión en este tipo de instrumentos requiere unas competencias particulares para evaluar sus riesgos inherentes y aprovechar las oportunidades que presentan, optimizando al mismo tiempo el binomio rentabilidad-riesgo.
El fondo Echiquier Hybrid Bonds, una de las primeras estrategias dedicadas a esta clase de activos con su lanzamiento en 2017, se inscribe en esta dinámica. Este fondo pone el foco principalmente en emisores Investment Grade mediante una gestión de convicción sin índice de referencia dentro de un universo formado por bonos subordinados de empresas no financieras denominados en euros. Sin las ataduras de un índice de referencia, esta estrategia aplica un enfoque fundamental y prioriza la solidez de los balances, aprovechando al mismo tiempo el plus de rentabilidad de los tramos subordinados, sin restricciones de calificación en los títulos.