Asís Maestre
Responsable de Desarrollo de Negocio

2 JUL, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

Hay eventos que trascienden su propio escenario. El Mundial 2026, que arrancó el pasado 11 de junio en Estados Unidos, México y Canadá, no es solo una competición deportiva: es un espejo en el que se reflejan la memoria, la identidad y las emociones de generaciones enteras. También las de quienes, en su día a día, analizan mercados, gestionan carteras y toman decisiones con la cabeza fría.
Porque incluso en la industria de gestión de activos —acostumbrada a medir cada variable y a desconfiar de los pronósticos fáciles— el fútbol logra lo que pocas cosas consiguen: suspender el análisis racional y dejar paso al corazón. RankiaPro ha preguntado a cuatro profesionales del sector qué esperan de este Mundial, a quién apuestan para levantar la copa y cómo piensan vivirlo. El resultado es un retrato íntimo y sincero en el que conviven la ilusión desbordante, la nostalgia de torneos pasados, la mirada inversora y, sobre todo, una fe casi unánime en la selección española.
Responsable de Desarrollo de Negocio
Como español y amante del fútbol desde que tengo uso de razón, el Mundial de 2026 que se avecina en Estados Unidos, México y Canadá me genera una emoción especial. Para mí es el evento deportivo por excelencia: 104 partidos que nos mantienen pegados a la pantalla durante casi mes y medio, pero lo verdaderamente importante es todo lo que se genera alrededor. Como solo ocurre cada cuatro años, a medida que se acerca la fecha, las ganas se disparan.
Cuando me preguntan qué equipo va a ganar un partido de liga, respondo sin dudar que el mío. Pero cuando me preguntan por la selección, mi objetividad es cero: la previsión se hace puramente con el corazón. Aun así, hay argumentos futbolísticos de sobra. Tras conquistar la Eurocopa 2024 con un fútbol fresco, vertical y lleno de talento joven, jugadores como Lamine Yamal, Pedri, Nico Williams o Rodri forman una generación que combina calidad técnica, hambre y madurez. Luis de la Fuente ha conseguido un bloque sólido que no solo domina la posesión, sino que sabe hacer daño en transiciones rápidas.
Aunque quiero que gane España con todo mi corazón, una de las cosas que más valoro del Mundial es su dimensión social. Es una oportunidad fantástica para unir al país y juntarte con amigos. Y si lo haces en un bar, la sensación de que no hay dos equipos —todos apoyando a España— es una de las más bonitas que nos puede regalar este deporte.
Y hablando de momentos que marcan para siempre, es imposible no recordar el gol de Andrés Iniesta en la final del Mundial 2010 contra Holanda. Ese disparo en el minuto 116 que nos dio el primer título mundial de nuestra historia. Lo recuerdo como si fuese ayer: el corazón a mil, el silencio previo al estallido, el grito colectivo de todo un país. ¡España entera salió a la calle a celebrarlo! Fue más que un gol, fue el instante en que España tocó el cielo. Momentos así son los que hacen que el fútbol sea eterno y que cada Mundial renueve esa esperanza de vivir algo parecido.
En definitiva, creo firmemente que esta selección tiene todo para levantar la copa el 19 de julio en el MetLife Stadium. Mi pronóstico: España campeona. Como bien dice Carlos Alcaraz a través de lo que le enseñó su abuelo: Cabeza, Corazón y Cojones. Y a eso no nos gana nadie.
Responsable Territorial de Banca Privada y Banca Personal Sur
Como decía la canción, “me gusta el fútbol”. Como a la mayoría, me acompaña desde pequeño, pero con el paso del tiempo lo disfruto de otra manera. Con mis tres hijos que son lo que se dice muy “futboleros”, ya no es solo el resultado o el partido en sí. Es ir a verlos jugar con su equipo, llegar mucho antes al estadio para ver el calentamiento, compartir los nervios… Ahí está gran parte de la magia.
El Mundial de 2026 será especial porque se celebra en Estados Unidos, México y Canadá. Llega, además, en un contexto interesante: más selecciones, más partidos y un formato que, como en los mercados, amplía oportunidades… pero también introduce más ruido. En este tipo de entornos, no siempre gana el que más talento tiene, sino el que mejor gestiona los momentos clave, y eso es de clara aplicación para nuestro día a día, sirve en el terreno laboral.
Volviendo al mundial, hay muchas incógnitas porque, a mi juicio, no hay un favorito claro. Si tengo que mojarme, diría que selecciones como Francia o Inglaterra parten con ventaja por talento y profundidad, pero lo dicho antes, están los “momentos clave”. Las sudamericanas, Argentina y Brasil, siempre generan expectativas. Marruecos llega con una trayectoria reciente muy sólida. Y, por supuesto, España, Portugal o Países Bajos intentarán dar ese paso adelante que se espera de selecciones competitivas.
Seguro que habrá sorpresas, porque siempre las hay. Ahí me fijo en equipos como Canadá o Noruega. Ojo con esta última: si son capaces de trasladar a la selección el buen momento de clubes como el Bodø/Glimt, pueden dar que hablar. No incluyo a Senegal, actual campeona africana, por la dificultad de su grupo.
En lo personal, guardo recuerdos imborrables: Italia 90, el dolor de USA 94, la gloria de 2010 en Sudáfrica… y también el último Mundial de Qatar, que viví de forma distinta, con mis hijos en casa, coleccionando cromos y haciendo predicciones. Un evento que se celebra cada cuatro años lo vas viviendo de forma diferente, según tu momento vital.
Porque al final, un Mundial no va solo de fútbol. Son recuerdos, pequeñas historias y momentos compartidos que permanecen. Y eso, probablemente, es lo mejor de todo… aunque, si gana España, sería lo mejor de lo mejor.
Director Marketing & Client Relations en Iberia
El Mundial regresa este verano y, si me preguntan quién va a ganarlo, lo tengo clarísimo: España. Lo digo con orgullo, con ilusión y con la convicción profunda de que cuando este país cree en sí mismo es capaz de cualquier cosa. Un Mundial no es solo fútbol, es sentimiento, es identidad, es ese momento en el que todo se detiene durante noventa minutos y sólo importa un escudo. A España se la apoya siempre. Junio y julio van a ser emocionantes, de esos meses en los que todo se tiñe de rojo y amarillo, y cada partido se vive como una final.
España parte desde el Grupo H junto a Cabo Verde, Arabia Saudí y Uruguay. No es un grupo sencillo. Uruguay aporta tradición y carácter competitivo; es un rival que nunca regala nada. Arabia Saudí puede sorprender si te despistas y Cabo Verde llegará con ilusión y energía. Por eso será fundamental empezar fuertes, imponer personalidad y demostrar desde el primer minuto que España quiere liderar.
Nuestra selección combina juventud, talento y ambición. Hay futbolistas acostumbrados a la máxima presión, y otros que aportan frescura y descaro. El equipo puede dominar con balón, pero también es vertical y práctico cuando el partido lo exige. Sabe sufrir, sabe esperar y sabe golpear. Y en un Mundial, donde no hay margen de error, esa capacidad de adaptarse marca la diferencia.
El camino estará lleno de grandes selecciones. Argentina competirá con intensidad máxima. Francia es potencia física y calidad contrastada. Brasil siempre tiene talento diferencial. Pero para levantar la copa hay que imponerse a los mejores. España tiene argumentos y carácter para hacerlo.
Este Mundial tiene, además, un significado especial: regresa a USA 32 años después de 1994, la última ocasión en que el país acogió la competición. Aquel verano sigue muy presente en mi memoria, no solo porque Brasil fue campeón, sino porque todavía conservo el álbum de cromos de USA 94, con sus páginas desgastadas y las esquinas dobladas. Allí estaban Luis Enrique, Fernando Hierro, Julio Salinas o Caminero, nombres que nos hicieron creer. Y cómo olvidar el partido de cuartos ante Italia, cuando Tassotti le dio aquel codazo a Luis Enrique que lo dejó con la camiseta ensangrentada. Fue una eliminación dolorosa que aún permanece en el recuerdo.
Ahora, en 2026, el álbum cambiará de manos. Serán mis hijos quienes coleccionen los cromos, quienes abran los sobres con esa mezcla de nervios y esperanza, quienes miren cromo a cromo buscando el escudo de España o el jugador que les falta. Los imagino cambiando repetidos y celebrando cada hallazgo como si fuera un gol. Y el 19 de julio, día de la final, ojalá estemos todos juntos. Si todo sale como soñamos, esa noche será de abrazos con familia, amigos y orgullo compartido, celebrando que España compite sin miedo, que nunca se rinde y que cuando cree en sí misma es capaz de conquistar el mundo. Por nuestra bandera, por nuestra historia y por todo lo que representamos. ¡Viva España!
Gestor
Este Mundial de fútbol tiene una especial relevancia desde el punto de vista del deporte como inversión, al celebrarse mayoritariamente en Estados Unidos. Allí, ya está empezando a ser muy habitual en los últimos meses que grandes firmas de gestión de activos lancen fondos especializados en este sector o que las principales bancas privadas estrenen equipos de asesores especializados en dar servicio a clientes de alto patrimonio que quieren invertir en deporte. Como sucede a menudo en el mundo de las finanzas, el mercado estadounidense anticipa algunas tendencias que, poco después, acabamos viendo también en Europa.
Desde el MAPFRE AM Behavioral Fund empezamos a invertir en empresas cotizadas dentro del sector deportivo, incluyendo algunas concretas del mundo del fútbol, desde algo antes de la pandemia. El tiempo, afortunadamente, ha ido consolidando varios de los cambios positivos que habíamos identificado en el sector. Creo que en este próximo Mundial se harán especialmente visibles algunos de ellos.
Además, su celebración coincide con un momento en los mercados financieros en el que muchos inversores están dirigiéndose hacia activos reales, que puedan estar protegidos, o incluso ser beneficiarios, de la revolución que supone la Inteligencia Artificial. En este sentido, se me ocurren pocos sectores tan bien posicionados como es el del deporte, al tratarse de una actividad inherentemente ligada al ser humano y en la que la IA puede ayudar mucho a mejorar la relación con el consumidor y optimizar la monetización de una manera muy superior a la que se ha venido logrando tradicionalmente.
A nivel personal, el anterior Mundial de EEUU, celebrado en 1994, es el primero del que tengo algunos recuerdos (algunos no especialmente buenos, como el codazo de Tasotti a Luis Enrique y la eliminación de España ante Italia). Casualmente, este próximo Mundial, también en EEUU, será el primero que vea y disfrute con mis dos hijos. Especialmente el mayor, que ya habrá cumplido los siete años, al que ya le empieza a gustar e interesar el fútbol. Por eso, será también muy especial. Por supuesto, espero que también haya ocasión de juntar a algunos amigos para ver algunos de los partidos, especialmente los de nuestra selección, que creo que es una de las principales favoritas para el torneo.