
23 ABR, 2026
Por RankiaPro

Autor: Mauro Pfister, Managing Director de Capital Dynamics
Hubo un tiempo en que vender una posición de capital riesgo en el mercado secundario era señal de que algo había salido mal. Sugería, quizá de forma injusta, dificultades, ventas forzadas o incapacidad para mantener el rumbo. Esa narrativa ha quedado definitivamente superada.
El volumen global de transacciones secundarias alcanzó en 2025 alrededor de 230.000 millones de dólares, lo que supone un incremento interanual superior al 40%. Las operaciones lideradas por los inversores (LP) —la venta “tradicional” de una participación en un fondo— representaron más de la mitad de la actividad total. Lo que resulta evidente es que no se trata de un mercado impulsado por la necesidad, sino de una herramienta deliberada y estratégica de gestión de carteras empleada por inversores institucionales sofisticados.
El mercado de operaciones lideradas por LPs no ha perdido dinamismo en 2025. Ha ganado en sofisticación, hasta el punto de que aproximadamente la mitad de los vendedores actuales acude al mercado por primera vez. El enorme crecimiento de los mercados privados durante la última década sugiere, además, un amplio potencial de expansión futura, con un flujo significativo de operaciones que previsiblemente saldrá al mercado.
¿Qué explica este cambio? Principalmente, el prolongado periodo de menores distribuciones ha dejado a muchos inversores con carteras envejecidas que consumen asignaciones de capital pero generan un limitado DPI (Distributed to Paid-In Capital o Capital devuelto sobre capital invertido). En el sector, los fondos lanzados en 2020 y 2021 todavía no han devuelto cantidades importantes de dinero a los inversores.
La mayoría de los vendedores actuales no atraviesa dificultades. En lugar de esperar, cada vez más LPs optan por tomar la iniciativa: venden de forma selectiva, reciclan capital hacia añadas más recientes, reequilibran entre gestores y estrategias o ajustan su exposición global a los mercados privados. Las inversiones secundarias han dejado de ser una herramienta táctica de rebalanceo de la cartera para convertirse en un componente estructural de la gestión de carteras.
El actual entorno de precios está respaldando la solidez del mercado secundario. En las transacciones lideradas por LPs siempre existe un diferencial entre oferta y demanda: es el precio que los compradores están dispuestos a pagar en función del contexto y el descuento sobre el valor liquidativo (NAV) que los vendedores aceptan asumir. En esencia, esta dinámica refleja el coste de la liquidez y la certidumbre. Cuanto más estrecho es ese diferencial, mayor es el volumen de transacciones.
Dado que muchos inversores venden para gestionar activamente sus carteras, pueden elegir el momento de acudir al mercado según el precio que consideren alcanzable.
Según Jefferies, en 2025 el precio medio al que se vendieron las participaciones de los inversores (LPs) fue aproximadamente el 87 % de su valor liquidativo (NAV), mientras que las carteras de buyout de alta calidad se negociaron en torno al 90 %, más o menos en la parte baja o media de ese rango. Cuando los vendedores logran estos niveles, la decisión de vender responde a una optimización de cartera, no a una concesión. Si no los alcanzan, esperan.
El segmento más pequeño del mercado liderado por LPs sigue estando estructuralmente menos cubierto y, a nuestro juicio, ofrece las rentabilidades ajustadas al riesgo más atractivas. Las operaciones de varios cientos de millones o más atraen una competencia intensa por parte de las mayores plataformas. En cambio, las transacciones de menor tamaño presentan menos competencia, un universo más amplio de oportunidades —y, por tanto, mayor capacidad de selección— y, a menudo, margen para estructurar las operaciones, lo que se traduce en un mayor potencial de creación de valor. La proliferación de vendedores primerizos con recursos limitados en este segmento genera, además, auténticas ventajas informativas para compradores experimentados y bien conectados.
De cara al futuro, los vientos de cola estructurales siguen siendo sólidos. La industria de capital privado supera actualmente los 13 billones de dólares en activos bajo gestión (AUM), mientras que el mercado secundario apenas rota en torno al 2% de ese volumen al año. Vemos una senda creíble hacia los 300.000 millones de dólares de volumen anual en los próximos 12 a 24 meses. Esto se debe en gran medida a la eficacia de los secondaries como herramienta para los inversores (LPs), sin perjuicio del fuerte crecimiento esperado en el mercado liderado por los general partners (GPs) —la otra gran palanca del mercado secundario—, donde los GPs trasladan activos a vehículos de continuación para impulsar su desarrollo.
Prevemos que, con el tiempo, llegará al mercado una avalancha de participaciones en fondos captados durante la última década. Aunque el capital dedicado a secondaries ha crecido con rapidez, el dry powder actual se estima en torno a 1,3 veces el volumen de mercado, un mínimo histórico. Se espera que continúe un elevado ritmo de oferta de operaciones mientras el capital secundario apenas logra acompasarse, lo que mantendrá condiciones favorables para los compradores.
Las inversiones secundarias desempeñan un papel esencial en la gestión de carteras de los inversores. Además, esta clase de activo ofrece la posibilidad de combinar rentabilidades sostenidas y compuestas en el tiempo con menores niveles de riesgo y volatilidad. La diversificación por añadas, gestores y estrategias a través de estrategias de las secundarias puede reducir el riesgo idiosincrático y suavizar el comportamiento global del private equity.
Asimismo, este tipo de inversiones pueden actuar como un contrapeso naturalmente contracíclico dentro de una cartera más amplia de capital riesgo. En esencia, la ventaja estructural de adquirir activos con descuento sobre el NAV permite generar una revalorización inmediata —y un margen de seguridad implícito— desde el primer día.
Lo que resulta indiscutible es que el mercado de inversiones secundarias sigue siendo una pieza fundamental en el arsenal del inversor. Para los compradores, la oportunidad reside en navegar este entorno con disciplina y convicción, focalizándose allí donde el valor es mayor. En nuestra opinión, ese espacio continúa siendo el segmento más pequeño del mercado, donde la complejidad es mayor, la competencia menor y la oportunidad estructural más duradera.