
2 SEPT, 2026
Por Lombard Odier

Autor: Sophie Chardon, Head of Sustainable Investment, Bank Lombard Odier & Co Ltd
2026 se perfila como un año decisivo tanto para la tecnología global como para el panorama de la sostenibilidad. Los hiperescaladores —los mayores proveedores mundiales de infraestructura de nube e IA— se están preparando para un aumento sin precedentes del gasto de capital con el fin de satisfacer la demanda de inteligencia artificial, que crece rápidamente. Las previsiones de mercado publicadas a principios de año estiman que Amazon, Microsoft, Alphabet, Meta y Oracle invertirán más de 650.000 millones de dólares en herramientas e infraestructura de IA en 2026, lo que supone un incremento de aproximadamente el 70% respecto al año anterior. Se espera que niveles similares de inversión continúen en 2027 y 2028.
Esta enorme expansión del capital, impulsada por el crecimiento de la nube, tiene importantes implicaciones medioambientales. Incrementa la demanda de electricidad, acelerando la necesidad de adaptar las redes eléctricas, ejerciendo una mayor presión sobre los recursos de agua dulce e intensificando la demanda de tierras raras. Al mismo tiempo, la infraestructura digital que sustenta la IA se ha convertido en un catalizador fundamental para la transición ambiental y social. Para los inversores, comprender esta dualidad es esencial.
La tecnología se encuentra en el núcleo de la transición ambiental y social. Permite desplegar energías renovables, mejorar la eficiencia en todos los sectores y reforzar las capacidades digitales que gobiernos y empresas necesitan para responder eficazmente a los desafíos medioambientales.
Los semiconductores son fundamentales para las tecnologías que impulsan la electrificación a gran escala: desde paneles solares y generadores de turbinas eólicas hasta vehículos eléctricos, sistemas de gestión de baterías y redes inteligentes. Los avances en la arquitectura de chips también han hecho que la computación acelerada sea mucho más eficiente, permitiendo que la IA haga más con menos recursos. Estas mismas tecnologías están impulsando simulaciones climáticas, modelización de fenómenos meteorológicos extremos, agricultura de precisión y herramientas de respuesta ante desastres.
Por esta razón, las carteras sostenibles suelen tener una exposición significativa al sector tecnológico. No obstante, los inversores deben examinar cómo las empresas tecnológicas gestionan las presiones ambientales asociadas a infraestructuras altamente intensivas en datos.
Se espera que la demanda mundial de electricidad de los centros de datos se más que duplique para 2030, superando los 1.000 TWh, un nivel superior al consumo eléctrico actual de Japón.
La presión sobre los recursos hídricos está surgiendo como otro punto crítico. En diciembre de 2024, el Departamento de Energía de Estados Unidos estimó que el consumo directo de agua de los centros de datos estadounidenses aumentaría entre dos y cuatro veces para 2028, pasando de 66.000 millones de litros en 2023 a entre 145.000 y 275.000 millones de litros en 2028, lo que representa una tasa de crecimiento anual compuesta de entre el 17% y el 33%.
En un momento en el que el cambio climático ya está afectando al acceso al agua potable en algunas regiones, la instalación de nuevos centros de datos puede ejercer una presión adicional sobre las comunidades locales. Para los desarrolladores, abordar estas preocupaciones desde las primeras fases del proyecto se está convirtiendo en un requisito esencial para obtener permisos y mantener la aceptación social. Paralelamente, el diagnóstico y tratamiento del agua están emergiendo como fuentes de beneficio de rápido crecimiento, impulsadas por las crecientes necesidades de estas instalaciones altamente consumidoras de agua.
Otro recurso crítico son los imanes permanentes de tierras raras (neodimio, praseodimio y disprosio), que desempeñan un papel vital, aunque a menudo poco visible, tanto en la transición digital como en la energética. Son indispensables en la fabricación de semiconductores y en los motores de alta eficiencia utilizados para sistemas de refrigeración y conversión energética en los centros de datos. Sin embargo, su extracción representa otro importante desafío ambiental.
Las presiones ambientales asociadas a la expansión de los centros de datos y su impacto sobre las comunidades locales están impulsando la innovación orientada a mejorar la aceptación social de estos proyectos. Varios hiperescaladores ya han anunciado su objetivo de ser positivos en agua para 2030 mediante sistemas de refrigeración en circuito cerrado, reciclaje de agua de proceso y restauración de cuencas hidrográficas locales. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer para alcanzar una circularidad completa.
Mientras tanto, los proveedores de soluciones están desarrollando sistemas que integran sensores, química y análisis predictivo para optimizar el uso del agua, sustituyendo en algunos casos agua potable por aguas residuales. También están surgiendo tecnologías de refrigeración líquida sin consumo de agua, que permiten reutilizar completamente el calor generado y se perfilan como una solución relevante en regiones sometidas a estrés hídrico.
En el ámbito energético, la inversión privada en infraestructuras renovables en Estados Unidos alcanzó una cifra récord de 278.000 millones de dólares en 2025, algo especialmente destacable dada la falta de apoyo de las políticas públicas. Los proyectos de generación limpia a gran escala y descarbonización industrial sumaron 25.000 millones de dólares en el cuarto trimestre de 2025, un 21 % más que el año anterior. Los volúmenes de instalación de energía solar y almacenamiento eléctrico siguen siendo sólidos y relativamente resistentes a los ciclos económicos.
Por último, la seguridad de suministro de los imanes permanentes se está convirtiendo en un asunto crítico a medida que se deterioran los equilibrios geopolíticos. China domina actualmente más del 90 % de la capacidad mundial de procesamiento y fabricación de imanes, lo que convierte la seguridad del suministro en una preocupación creciente. Como respuesta, iniciativas como MagREEsource y Carester están contribuyendo a construir los primeros ecosistemas europeos de reciclaje y refinado de imanes, con el objetivo de reducir la dependencia de materiales importados.
El esperado aumento del gasto de capital, con más de 650.000 millones de dólares previstos para 2026, marca una nueva era para los hiperescaladores: una era definida por el crecimiento impulsado por la IA, el despliegue acelerado de infraestructuras y una mayor presión ambiental. Esto puede contribuir a acelerar la transición sostenible o amplificar los riesgos. La dirección que tome esta transformación dependerá de las decisiones que se están adoptando hoy.