
31 JUL, 2026
Por Sara Giménez de RankiaPro LATAM

Bruno Ruiz de Velasco cuenta con más de doce años de experiencia en la industria de gestión de activos, con una trayectoria centrada en la distribución institucional y la relación con banca privada en España. Inició su carrera en atl Capital como gestor de patrimonios, antes de incorporarse a Bellevue Asset Management como responsable de desarrollo de negocio en España y posteriormente a Cobas Asset Management como responsable de relaciones con inversores institucionales para España y Suiza.
Durante cuatro años en Natixis Investment Managers ocupó posiciones de creciente responsabilidad en el segmento de instituciones financieras globales, distribuyendo tanto estrategias líquidas como ilíquidas —renta variable, renta fija, alternativos, capital riesgo, deuda privada, inmobiliario e infraestructuras— entre clientes de banca privada, gestión de activos y planes de pensiones. Desde junio de 2022 es Senior Relationship Manager en T. Rowe Price para España.
Mi pasión por el sector financiero empezó durante la carrera, mientras estudiaba Administración y Dirección de Empresas. Algunos familiares cercanos y amigos de mis padres eran banqueros privados y hablando con ellos sobre mi posible futuro laboral pensaba que ese podría ser mi trabajo ideal. Sin embargo, aquellos planes de empezar mi carrera laboral ligada al mundo de la banca privada se torció al terminar la carrera en el 2011. Por aquel entonces la situación laboral y financiera no era fácil y muchos bancos estaban bajo políticas de no contratación, por lo que decidí incorporarme al mundo de la consultoría como forma de entrar en el mercado laboral y tener una formación muy completa con la que empezar a recorrer camino. Dos años después pude redirigir mi carrera hacia la banca privada, empezando como banquero Junior en una boutique especializada.
Lo curioso es que de pequeño tenía una vocación muy alejada del sector financiero. Quería ser piloto comercial. El consejo de mis padres al acabar el colegio fue que era mejor estudiar una carrera, como empresariales, y una vez terminada, si lo deseaba, podría empezar mis estudios para convertirme en piloto. Al acabar la carrera, esa afición por la aviación siguió, pero mi rumbo profesional giro hacia el sector financiero, al que sigo ligado a día de hoy.
Uno de los aspectos más difíciles de mi trabajo es manejar la relación con los clientes en los momentos delicados de mercado. Desenvolverse en un entorno en el que los mercados cambian constantemente y donde los clientes necesitan tomar decisiones importantes en momentos de elevada incertidumbre. Ser capaz de poder dar un servicio excelente a todos los clientes, con independencia de su volumen, es una parte vital de mi trabajo. En esas situaciones, el reto no es solo explicar qué está ocurriendo en los mercados, sino ayudar a los clientes a mantener una visión de largo plazo, transmitir confianza y aportar valor más allá del comportamiento a corto plazo de las carteras. Además, el entorno competitivo es cada vez mayor y exige estar permanentemente actualizado y diferenciarse por la calidad del asesoramiento.
Lo más positivo es precisamente esa relación de confianza que se construye con los clientes a lo largo del tiempo. También valoro mucho trabajar con un equipo global de analistas y gestores de primer nivel, lo que me permite estar al día de todo y contar con una visión bien informada.
Creo que el éxito en la distribución de fondos ya no depende únicamente de tener un buen producto. Es la combinación de varios factores. En primer lugar, contar con un buen equipo capaz de dar un servicio excelente al cliente. En segundo lugar, contar con una propuesta de inversión realmente diferenciada y consistente en el tiempo, respaldada por un proceso de inversión sólido y repetible. En tercer lugar, entender bien cuales son las necesidades de cada cliente y adaptar las soluciones a sus objetivos, su modelo de negocio y el entorno de mercado. Y, por último, construir relaciones de confianza a largo plazo, basadas en la credibilidad, la transparencia y la capacidad de aportar valor más allá de la venta del producto.
En un mercado con una oferta cada vez más amplia, la diferenciación está en el servicio. Los clientes buscan un socio que les ayude a interpretar el contexto macroeconómico, identificar oportunidades de inversión y trasladar ideas de forma clara y fundamentada. En ese sentido, el acceso a los gestores, la calidad del análisis y la capacidad de generar contenido relevante son elementos que marcan la diferencia.
Al final, la distribución de fondos es un negocio de confianza. El rendimiento es importante, pero la consistencia, la comunicación y la capacidad de acompañar al cliente en distintos ciclos de mercado son los factores que realmente consolidan relaciones duraderas.
Desde que empecé en 2011, he tenido la oportunidad de vivir algunos de los episodios más relevantes de los mercados: la crisis de deuda europea, años de tipos de interés cercanos a cero, la pandemia del COVID-19, el ciclo de subidas de tipos más agresivo en décadas y, más recientemente, la revolución de la inteligencia artificial. Lo más emocionante ha sido comprobar cómo los mercados son capaces de adaptarse y encontrar nuevas oportunidades incluso en los momentos de mayor incertidumbre.
Creo que veremos un mayor protagonismo de la gestión activa, tanto en formatos tradicionales como a través de ETFs activos, que están respondiendo a una demanda creciente de flexibilidad y eficiencia. Al mismo tiempo, los mercados privados seguirán ganando peso en las carteras, ya que ofrecen nuevas fuentes de diversificación y rentabilidad. En definitiva, los inversores buscarán soluciones que aporten verdadero valor añadido, más allá de la simple exposición al mercado.
Lo que más me gusta es estar con mi familia. Pasar el tiempo juntos me ayuda a desconectar y “cargar” pilas. ¡Aunque con 3 niños pequeños lo de “cargar” pilas no siempre es fácil! También valoro mucho el tiempo que puedo pasar en el campo. El poder dar un paseo en plena naturaleza, alejado del ruido de la ciudad es sin duda un privilegio. Y como no, hacer deporte. Me considero una persona muy deportista. El deporte me ayuda mantener la mente sana y el cuerpo sanos.
Anécdotas como tal hay muchas. Quizás de lo que más me acuerdo fue de la época de la pandemia. En febrero de ese año nació nuestro segundo hijo. Y cuando tenía 1 mes de vida nos encerraron en casa sin poder salir. Lidiar con un recién nacido (y el dormir muy poco…), más otro niño de apenas 2 años, los mercados con una volatilidad extraordinaria y un pico de trabajo salvaje fue como hacer malabarismos con 5 bolas. Sin duda, un período de nuestras vidas que difícilmente olvidaremos.