
26 AGO, 2026
Por Sara Giménez de RankiaPro LATAM

Diego Polini es Licenciado en Economía, posee un Máster en Mercado de Capitales otorgado por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Bolsa de Comercio de Buenos Aires (BCBA), y además se desempeña como docente universitario en esa especialidad.
Inició su carrera profesional en la Banca Premier de HSBC Bank Argentina. En 2003, a partir de la crisis económica que atravesó el país, fundó Argentina Crossing, un Agente Asesor Global de Inversiones (AAGI) registrado ante la Comisión Nacional de Valores (CNV). Asimismo, la compañía se encuentra autorizada por la Superintendencia de Seguros de la Nación (SSN) para desarrollar soluciones de planificación patrimonial mediante instrumentos de seguros de vida y retiro.
En Crossing lidera la construcción y gestión de portafolios de inversión locales e internacionales, con especial foco en estrategias globales. Paralelamente, impulsa el proceso de expansión y regionalización de la compañía, fortaleciendo su presencia en nuevos mercados.
Llegué al sector financiero cuando ya estaba estudiando Economía. En la universidad había una materia optativa sobre mercado de capitales que normalmente se cursaba en el último año, pero decidí tomarla cuando estaba en tercero. Coincidió con el boom bursátil de Argentina durante la década del '90 y fue ahí cuando descubrí un mundo que realmente me apasionó.
En ese momento tomé algunos ahorros familiares y empecé a invertir. Para ser honesto, la experiencia desde el punto de vista de la rentabilidad fue bastante mala. Pero siempre digo lo mismo: la única forma de aprender de verdad es abrir una cuenta, invertir y animarse a tomar decisiones.
Poco después, mientras seguía estudiando, conseguí una beca en una pequeña sociedad de bolsa. Esa experiencia me permitió conocer desde adentro el funcionamiento de la industria y entender sus desafíos. Desde entonces nunca más me alejé del mercado financiero.
En realidad, lo más casual fue haber llegado a la carrera de Economía. Mi vocación inicial era completamente distinta: quería ingresar a la Armada Argentina para convertirme en aviador naval. La vida terminó llevándome por otro camino y, sinceramente, no me arrepiento. Esta profesión me dio satisfacciones enormes, tanto en lo profesional como en lo personal.
Lo que más disfruto es el contacto con los clientes y la relación de confianza que se construye con el tiempo. Es una profesión privilegiada porque las personas nos abren las puertas de sus familias, de sus empresas y de sus proyectos, permitiéndonos conocer realidades muy distintas. Eso genera un aprendizaje permanente que difícilmente podría encontrarse en otra actividad.
Como ejemplo, durante muchos años tuve la oportunidad de viajar para analizar proyectos mineros y colaborar en la búsqueda de financiamiento para distintas compañías. Esas experiencias, especialmente en lugares remotos de países como México, donde uno puede encontrarse literalmente en medio del desierto con personas extraordinarias, fueron realmente enriquecedoras y me permitieron conocer una industria muy particular desde adentro. Y esa experiencia no quedó limitada a la minería. Con el paso de los años se fue repitiendo en distintos ámbitos y con distintos clientes. Esta profesión implica un aprendizaje permanente, y probablemente esa sea una de las cosas que más disfruto.
Pero, sin dudas, la mayor satisfacción llega con el paso de los años, aunque trabajamos con números, en el fondo nuestra profesión tiene un enorme componente humano. Administramos patrimonio, pero también ayudamos a las personas a cumplir objetivos, proteger a sus familias y tomar mejores decisiones financieras. Cuando un cliente te dice: "Menos mal que hace 10 o 20 años nos sentamos a administrar mi patrimonio", entendés que tu trabajo tuvo un impacto real en su vida. Esa es, probablemente, la mayor recompensa que puede tener un asesor financiero.
Lo que menos disfruto es la parte administrativa y operativa. Afortunadamente, con el crecimiento de la empresa logramos formar un excelente equipo de back office que hoy se ocupa de gran parte de esas tareas, permitiéndome dedicar mucho más tiempo al análisis y al contacto con los clientes.
Como buen argentino, el fútbol ocupa un lugar muy importante.
También soy un gran apasionado de los viajes y de la aviación. Volar, especialmente en aviones pequeños, transmite una sensación difícil de describir y ofrece una perspectiva distinta, de hecho uno de mis grandes pendientes es terminar el brevet de piloto privado.
Me definiría como cautelosamente optimista.
Las guerras y los conflictos geopolíticos que hemos visto en los últimos años no son fenómenos nuevos. Lamentablemente forman parte de la historia de la humanidad y los mercados, una y otra vez, han demostrado su capacidad para absorber estos shocks de corto plazo.
Soy optimista porque creo que estamos entrando en una etapa de enormes avances tecnológicos. Van a surgir industrias, modelos de negocio y desarrollos que hoy todavía ni siquiera tienen nombre y que probablemente mejoren significativamente nuestra calidad de vida. Con el tiempo, las valuaciones y las tasas de crecimiento de esas compañías terminarán reflejando esa nueva realidad.
Al mismo tiempo, soy cauteloso porque el mundo atraviesa una transformación profunda como consecuencia del proceso de desglobalización. Todavía falta tiempo para identificar con claridad quiénes serán los ganadores y los perdedores de este nuevo escenario y para que el sistema alcance un nuevo equilibrio. El resurgimiento de políticas más proteccionistas y la creciente polarización entre las principales potencias generan desafíos e incertidumbres que aún nos cuesta dimensionar y valorar correctamente.
La primera, sin ninguna duda, es la honestidad. Cuando administrás el patrimonio que una persona construyó durante toda su vida, cada decisión implica una enorme responsabilidad. La confianza es el principal activo de esta profesión.
La segunda es la resiliencia. Construir una cartera sólida lleva tiempo y los mercados atraviesan ciclos. Hay que mantener la disciplina incluso en los momentos más difíciles. Además, un error muy común es creer que una buena cartera de clientes se construye únicamente captando grandes patrimonios. Mi experiencia fue exactamente la contraria. Muchas de las mejores relaciones profesionales comenzaron con clientes que tenían pequeños ahorros y que, con el tiempo, fueron construyendo un patrimonio importante. Acompañar ese proceso es una enorme satisfacción.
La tercera es la capacidad de dejar de lado las emociones y los prejuicios para tomar decisiones racionales y pragmáticas. Las decisiones de inversión deben estar guiadas por los datos y no por los sentimientos.
Tengo un sesgo natural hacia las inversiones alternativas, probablemente mayor que el de muchos de mis colegas. La corrección que sufrieron los mercados de crédito privado a comienzos de año generó una excelente oportunidad para capturar tasas más atractivas. Dentro de ese segmento, uno de mis vehículos preferidos continúa siendo el Alpha Barings ETN.
Desde hace algunos años también incorporé de manera consistente las notas de Estating, una fintech especializada en real estate que ofrece una excelente herramienta para descorrelacionar riesgos, reducir la volatilidad de las carteras y acceder a retornos interesantes. Nuestros clientes suelen incorporar inversiones inmobiliarias por fuera de sus portafolios financieros sin siquiera decírnoslo. Mi objetivo es ofrecerles alternativas institucionales de calidad que les permitan integrar esa exposición al real estate dentro de la misma cuenta broker, logrando una administración patrimonial mucho más ordenada y eficiente.
En renta variable incorporé este año el fondo NB Next Generation, buscando exposición a distintas verticales tecnológicas que complementan muy bien la inversión en el ETF PAVE, orientado a infraestructura. También profundicé la diversificación global incorporando Jupiter World Equity y Cobas Selection Fund, cuya filosofía de inversión, basada en los principios de la escuela austríaca, coincide con mi manera de entender la selección de activos y la inversión de largo plazo.
Asimismo, realicé algunas rotaciones dentro de los fondos balanceados, aumentando la exposición a estrategias administradas por PIMCO y Putnam.
Finalmente, siempre en función del perfil de riesgo de cada cliente continúo manteniendo posiciones en oro mediante ETFs, recursos naturales a través del fondo de NinetyOne y confío en las estrategias sobre la vertical de tecnología de Janus Henderson (Global Technology y Biotech). En renta fija sigo mostrando una marcada preferencia por Latinoamérica frente a Estados Unidos, destacando especialmente el fondo Moneda Corporate Debt.