
27 JUL, 2026
Por Sara Giménez de RankiaPro LATAM

Nicolás Scalerandi es CEO de BESTLIFE y miembro de MDRT Top of the Table. Ingeniero Industrial, con experiencia previa en Oracle y Johnson & Johnson, representa la tercera generación al frente de BESTLIFE, empresa familiar fundada por su abuelo hace más de seis décadas. Desde allí lidera un equipo con presencia en 13 países de Latinoamérica, especializado en planificación patrimonial, protección familiar, continuidad empresarial y transferencia intergeneracional. Su visión de la profesión está profundamente marcada por su experiencia personal como beneficiario de los seguros de vida de sus padres, lo que reforzó su convicción sobre el valor de la planificación financiera a largo plazo. Es conferencista y escribe sobre el rol del asesor financiero como constructor de tranquilidad, continuidad y legado.
Mi historia con esta profesión empezó mucho antes de trabajar en ella.
Soy la tercera generación de BESTLIFE, una empresa familiar fundada por mi abuelo hace más de 65 años. Pero no elegí este camino únicamente por tradición familiar.
En 1999 falleció mi madre en un accidente de tránsito y fui beneficiario de su seguro de vida. Años después, en diciembre de 2013, falleció mi padre y volví a ser beneficiario de un seguro de vida.
Viví en primera persona cómo una decisión tomada muchos años antes puede darle estabilidad, tiempo y oportunidades a una familia cuando atraviesa uno de los momentos más difíciles de su vida.
Estudié Ingeniería Industrial porque siempre me apasionó construir organizaciones y desarrollar equipos, pero esas experiencias terminaron de darle sentido a mi vocación.
Aprendí que detrás de cada estrategia patrimonial hay personas, historias y decisiones que un día alguien agradecerá profundamente.
Hoy no siento que trabaje únicamente en la industria financiera. Trabajo en una profesión basada en la confianza y en ayudar a las personas a proteger aquello que más les importa
Lo que más disfruto es ayudar a que las familias y los empresarios tomen decisiones que quizás no valoran plenamente hoy, pero que pueden cambiar su futuro dentro de diez, veinte o treinta años.
Lo viví en primera persona. Por eso nunca veo una póliza o una estrategia patrimonial como un producto; veo una promesa que algún día puede marcar una diferencia enorme.
Lo que menos me gusta es que nuestra profesión todavía sea percibida muchas veces desde una mirada transaccional. Muchas personas sienten que contratar un seguro o planificar su patrimonio es una decisión que puede esperar. Nuestro desafío es ayudarlas a ver un riesgo que hoy quizás no perciben.
Creo que el verdadero asesor financiero no vende productos: ayuda a construir tranquilidad, continuidad y legado.
Cuando una familia atraviesa un momento difícil, ya es demasiado tarde para empezar a planificar. Nuestro trabajo consiste justamente en llegar muchos años antes.
Soy un apasionado del fútbol y un admirador de Lionel Messi.
Me encanta el deporte porque me recuerda que los grandes resultados rara vez son producto de un solo momento; casi siempre son consecuencia de la disciplina y la constancia.
También disfruto muchísimo viajar y conocer culturas diferentes. Japón, por ejemplo, me dejó una enseñanza muy profunda sobre el valor de hacer pequeñas cosas extraordinariamente bien, todos los días.
Además, leo muchas biografías de líderes y de empresas familiares. Me interesa entender qué principios permiten construir organizaciones que perduran mucho más allá de quienes las fundaron.
Vivimos en una época donde la incertidumbre dejó de ser una excepción para convertirse en la norma.
Por eso creo que el mayor valor que podemos aportar no es intentar adivinar qué hará el mercado el próximo trimestre, sino ayudar a las personas a tomar decisiones patrimoniales que resistan distintos escenarios.
Las familias y los empresarios necesitan menos predicciones y más planificación.
La incertidumbre no se elimina. Se administra. Y para eso existe nuestra profesión.
Creo que un gran asesor financiero combina tres cosas: la confianza para acompañar decisiones importantes, la curiosidad para seguir aprendiendo toda la vida y la paciencia para pensar en décadas.
Nuestro negocio se construye sobre promesas que muchas veces se cumplen muchos años después. Los mercados cambian, las regulaciones evolucionan y las necesidades de las familias también. Quien deja de aprender deja de aportar valor.
Más que construir portafolios, buscamos construir patrimonios resilientes.
Creemos en la diversificación internacional, en proteger el patrimonio frente a distintos escenarios y en integrar las inversiones dentro de una estrategia más amplia que incluya planificación patrimonial, protección mediante seguros y planificación sucesoria.
Porque el objetivo no es únicamente obtener rentabilidad.
El verdadero objetivo es que el patrimonio pueda protegerse, crecer y llegar a la siguiente generación de la manera en que su dueño lo imaginó.
Después de todo, el patrimonio no termina en quien lo construye. Nuestro trabajo consiste en ayudar a que llegue mejor a quienes vienen después.
Porque el verdadero éxito de una planificación patrimonial no se mide cuando se firma una póliza o se realiza una inversión, sino cuando una familia descubre que alguien pensó en ella muchos años antes.