
8 JUL, 2026
Por Sara Giménez de RankiaPro LATAM

Miguel Reyes es Financial Advisor en Balanz Uruguay, posición desde la que aporta más de 25 años de experiencia de primer nivel en banca de inversión y asesoramiento financiero internacional.
A lo largo de su destacada carrera, ha desarrollado su actividad como asesor patrimonial y estratega de inversión en firmas globales de la talla de Merrill Lynch, BankBoston y CFS Advisors. Miguel es licenciado en Administración de Empresas (BBA) por la Virginia Commonwealth University (1998) y destaca por su profundo conocimiento del mercado latinoamericano y su capacidad para estructurar carteras de inversión de alto impacto.
Llegué al sector financiero en 1998, cuando ingresé a BankBoston en Buenos Aires, poco tiempo después de graduarme en Virginia Commonwealth University con el título de Business Administration.
Si bien hoy parece natural pensar en las finanzas como una industria consolidada, en aquel momento era un sector que estaba atravesando una transformación muy interesante. Era una época previa al internet tal como lo conocemos hoy, y el mundo financiero estaba en pleno movimiento, generando oportunidades y cambios constantes. Esa dinámica fue algo que siempre me atrajo.
Al graduarme, apliqué a varias oportunidades en el mercado uruguayo, pero el contexto económico y financiero de la época hacía que las opciones fueran limitadas. También recibí una propuesta para trabajar en Miami, pero finalmente surgió la oportunidad en Buenos Aires y decidí apostar por ese camino.
En el marco de su plan de expansión en Uruguay, Balanz adquirió CFS Advisors, la firma de la que formaba parte desde 2009. A partir de esa integración me incorporé a Balanz. Hoy me desempeño como Financial Advisor, donde trabajo desde hace casi cinco años. Es una etapa que disfruto mucho porque me permite combinar la experiencia acumulada a lo largo de mi carrera con el desafío permanente de acompañar a las personas en la toma de decisiones financieras relevantes para sus proyectos de vida.
Lo que más me gusta de mi trabajo, sin dudas, es la relación con las personas. Hace más de 20 años que trabajo con clientes y he tenido la suerte de construir vínculos muy sólidos a lo largo del tiempo. Con muchos de ellos nos conocemos tanto en lo profesional como en lo personal, y eso hace que la relación vaya mucho más allá de una simple transacción financiera.
Me gusta conocer gente, conversar y entender qué es importante para cada persona. Nunca me dio pereza charlar. De hecho, creo que una parte muy importante de mi trabajo consiste justamente en escuchar y generar confianza.
Además, disfruto mucho estar en la oficina. Es un espacio que me aporta energía y donde siento que puedo desarrollar mejor mi trabajo. También tengo la posibilidad de interactuar con mis clientes, que están en distintas partes del mundo: Argentina, España, México, Brasil, Perú y, por supuesto, Uruguay. Esa diversidad de personas, realidades y proyectos hace que cada día sea diferente.
Si tuviera que mencionar algo que me gusta menos, probablemente diría que es la parte más administrativa del trabajo. Como ocurre en muchas profesiones, hay tareas administrativas y de seguimiento que pueden ser menos atractivas que la interacción con los clientes. Sin embargo, con los años aprendí que justamente ahí es donde muchas veces se genera el mayor valor. Por eso, aunque no sea la parte que más disfruto, siempre procuro involucrarme y estar atento a cada detalle.
Juego al golf desde los 10 años y ha sido una pasión que me ha acompañado durante toda mi vida. Gracias a este deporte tuve la oportunidad de viajar por distintas partes del mundo desde muy joven, conocer personas de diferentes culturas y vivir experiencias que me marcaron tanto en lo personal como en lo deportivo.
Uno de los momentos más especiales de mi carrera deportiva fue haber integrado el equipo que ganó el Campeonato Sudamericano por equipos en 2001. Fue un logro muy importante porque fue la primera y, hasta ahora, la única vez que Uruguay obtuvo ese título.
Hoy sigo muy vinculado al golf y continúo compitiendo tanto a nivel nacional como internacional. Desde hace siete años participo en el LAAC (Latinamerican Amateur Championship), una de las competencias más importantes de la región, y a nivel local mantengo una agenda activa de torneos. Además, sigo entrenando y practicando regularmente, al menos dos veces por semana.
El entorno macroeconómico actual, en junio 2026, está marcado por un nivel elevado de incertidumbre y volatilidad. Uno de los principales focos de atención es la escalada de tensiones geopolíticas en Medio Oriente y sus posibles efectos sobre el comercio internacional, especialmente a través de su impacto en el precio del petróleo, el cual presento un incremento del 76% al cierre de mayo 2026; y por consiguiente, en las expectativas de inflación a nivel global. A esto se suma un contexto de transición en la política monetaria estadounidense, con el cambio de su presidente y sus implicancias en la política monetaria americana.
Primero, la capacidad de escuchar y comprender al cliente.
Antes de hablar de inversiones, mercados o estrategias, un buen asesor tiene que entender a la persona que tiene delante. Cada cliente tiene objetivos, preocupaciones, necesidades y realidades diferentes. Escuchar activamente y comprender qué busca cada persona es la base para poder brindar un asesoramiento adecuado.
En segundo lugar, tener integridad y compromiso con el cliente.
La confianza es uno de los activos más importantes en esta profesión. Por eso, la integridad es indispensable. Un asesor financiero debe actuar siempre con transparencia, acompañándolo en la toma de decisiones con honestidad y responsabilidad.
Y por último, es importante el conocimiento técnico y la visión integral del patrimonio.
Además de entender de inversiones, riesgos y mercados, un asesor financiero debe tener una visión amplia sobre la planificación patrimonial. Aunque no necesariamente sea un especialista en temas tributarios o sucesorios, sí debe conocer estos aspectos para identificar necesidades, orientar a sus clientes y recomendar a los profesionales adecuados cuando sea necesario.
No existe una única estrategia que aplique para todos los clientes. Cada cartera se construye en función de los objetivos, el horizonte de inversión y la tolerancia al riesgo de cada persona, por lo que cualquier posicionamiento debe partir de esa realidad.
Dicho esto, durante el último tiempo he visto oportunidades muy interesantes en Argentina, especialmente en deuda provincial y corporativa. Por otro lado, sigo considerando que la renta variable estadounidense, particularmente a través de índices amplios como el S&P puede ser una buena alternativa para inversores con un horizonte de mediano y largo plazo. Más allá de las fluctuaciones de corto plazo, vivimos en un contexto de alta liquidez global y elevados niveles de endeudamiento en gran parte de las economías desarrolladas, factores que pueden impactar en el poder adquisitivo de las monedas a lo largo del tiempo.
De todas formas, es importante destacar que los mercados son dinámicos y que las condiciones cambian constantemente. Por eso, más que buscar una receta única para 2026, considero fundamental mantener una adecuada diversificación y construir carteras alineadas con el perfil de riesgo de cada cliente.