
26 AGO, 2025
Por Sara Giménez de RankiaPro LATAM

Susana Carcavallo cuenta con más de 40 años de trayectoria en el sector financiero, habiendo desarrollado su carrera en instituciones internacionales de primer nivel como Chase Manhattan Bank NY y Banque Paribas Suisse A.G., donde ocupó cargos de representación y dirección. En el año 2000 fue pionera en Uruguay al fundar una compañía independiente de gestión patrimonial, cuando aún no existía un marco regulatorio para este modelo. Actualmente es presidenta “S. Carcavallo & Cía.” Molyger S.A., accionista de SC y Cía SAS, directora de “SH & Asociados” Pictia S.A., todas registradas en el Banco Central del Uruguay. Socia de la Cámara de Asesores de Inversión y miembro de WPO Women Presidents Organization.
En realidad se trató de una serie de encuentros afortunados, sobre todo, de estar preparada para recibirlos.
Mi inicio fue como secretaria junior en la oficina de representación del Chase Manhattan Bank, NY en Uruguay. Desde el primer día me propuse un objetivo ambicioso: crecer un puesto por año. Ocho años después, me convertí en la representante del banco, con formación en Nueva York y una experiencia invaluable que me dio una visión global del negocio.
El segundo gran hito de mi vida profesional fue mi encuentro con el director de Banque Paribas Suisse A.G. Él me transmitió dos principios: “Nunca subestime a un cliente” y “Tenemos dos orejas y una boca, úselo en esa proporción”. Aprendí que la banca privada es, ante todo, una relación de confianza.
En el año 2000 di un paso que fue pionero en la región y en la industria: independizarme y fundar mi propia compañía de gestión de patrimonios en Uruguay, en un momento en que ni siquiera existía un marco regulatorio para este modelo de negocio. Pasé de una oficina de 180m² a una de 25m², con la clara convicción que el futuro de la banca privada estaba en la independencia del metier.
Me apasiona la comunicación y la interacción genuina con personas y organizaciones. La confianza no se construye en un contrato, sino en cada conversación, en cada encuentro, en los buenos y malos momentos.
Lo que más me cuesta disfrutar de mi trabajo son las tareas administrativas y burocráticas.
La primera e innegociable es la responsabilidad profesional. Gestionamos activos pero también gestionamos historias de vida. Detrás de cada portfolio hay sueños, proyectos familiares, planes de retiro, legados, etc.. Un buen asesor debe conocer en profundidad esa historia de vida en virtud de ella, asesorar.
La segunda es la confianza. No basta con decir “estoy aquí para lo que necesites”, hay que demostrarlo con hechos, estando presente en todas las circunstancias, sobre todo en las más complejas. En mi compañía tenemos un lema: “Estamos donde el cliente está”.
La tercera es la cercanía estratégica, que significa no solo empatizar, sino aportar una visión que genere valor agregado a la del cliente. Anticiparse a riesgos y oportunidades y ayudar a tomar decisiones difíciles con la tranquilidad de que hay un plan sólido detrás.
La banca privada es una actividad de alta intensidad y estrés, donde el flujo constante de información puede llegar a ser abrumador. Hace cinco años incorporé la práctica del mindfulness y la meditación diaria, lo que me ayuda a tomar distancia, filtrar lo importante de lo urgente y evitar la “intoxicación” de datos.
Cuando necesito desconectar, recurro a pequeñas rutinas que me renuevan: practicar el “modo avión” apagando el móvil un día a la semana, o caminar por la arena dejándome llevar por el ritmo del mar. No busco algo sofisticado, solo momentos sencillos que me permiten volver con energía y una mirada en perspectiva clara.
Tengo cientos de anécdotas, pero hay una que siempre me gusta contar porque habla de la importancia de la intuición respaldada por experiencia. Hacia inicios de setiembre de 2008 había varias emisiones de bonos de Lehman Brothers con un rendimiento de alrededor del 2% por encima de la media del mercado de bonos AAA. Teníamos instrucciones de compra por parte de varios de nuestros clientes que sumaban varios millones, pero esa diferencia me generaba sospechas. Fue así como decidí por mi cuenta y riesgo, no ejecutar las operaciones.
Pocos días después, Lehman colapsó. Los clientes se salvaron de pérdidas millonarias y yo confirmé algo que siempre había intuido: la experiencia y la capacidad de “oler” un riesgo son tan valiosas como cualquier modelo cuantitativo.
El año ha comenzado con elevada volatilidad, impulsada por factores geopolíticos y decisiones imprevisibles que mueven los mercados a su antojo. Hemos trabajado caso por caso, ajustando las estrategias al perfil de riesgo individual y reforzando la diversificación.
Mantenemos una base sólida en activos con alto rating crediticio, aumentamos posiciones en oro como cobertura, e incorporamos fondos especializados en sectores estratégicos como inteligencia artificial y agua. También mantenemos exposición a renta variable de calidad, con gestores que han demostrado consistencia en mercados turbulentos. La clave este año es la flexibilidad: estar listos para ajustar en función de los escenarios que pueden surgir y anticiparnos a éstos.