
2 JUL, 2024
Por Fabián Tiscornia

Federico Araujo es licenciado en Gerencia y Administración de Empresas por la Universidad ORT (Uruguay). Con más de 30 años de trayectoria en la industria financiera, actualmente es socio fundador e integrante del Comité de Dirección de Nobilis Corredor de Bolsa, una de las más grandes de Uruguay.
Comenzó su carrera en Citibank y luego siguió en Banco Santander ocupando distintas posiciones en el área de Mesa de Operaciones. En 1994 fundó Merfin Corredor de Bolsa, la cual se posicionó en los primeros puestos en volumen de operativa en la Bolsa de Valores de Montevideo, especializándose en el manejo de fondos de inversión internacionales. En 2001, junto a Anibal Parodi y Luis A. González, creó GAP Consultores, compañía de soluciones integrales en inversiones, comercio exterior, finanzas corporativas, mercado de capitales, fusiones y adquisiciones.
Mi primer contacto con el mercado financiero fue a los 20 años, cuando entré a trabajar a Citibank. Rápidamente la “cultura” Citi se me metió en las venas y me despertó la curiosidad por estudiar y aprender finanzas. Esa vocación, que hasta ese momento estaba oculta, se consolidó cuando el banco me dio la oportunidad de ser parte de la mesa de cambios. A los 22 años cerré mi primer trade de FX, y fue entonces que se disparó una sensación que me marcó para el resto de mi vida. Ahí me di cuenta que mi destino estaba ligado a los mercados financieros. En 1993 pasé a Banco Santander y allí, ademas de FX, comencé a operar una posición importante en bonos. Eso me llevó a generar buenos vínculos con varios corredores de bolsa, lo que finalmente desencadenó la decisión más arriesgada de mi vida y de la cual todos los días me felicito a mí mismo. En 1994, con 25 años, decidí que quería ser independiente y le pedí un préstamo a mi padre para comprar un título de corredor de bolsa. Los comienzos fueron difíciles ya que no tenía clientes, era todo pasión y energía. Pero, de a poco, las cosas se fueron dando y logramos construir un buena cartera de clientes y negocios.
Yo creo que a todos los que somos apasionados a los mercados financieros lo que más nos gusta es cuando logramos anticipar un movimiento. Ya sea un suba o una caída. Nos encanta saber que “la vimos”. Así sea que esa anticipación se haya concretado en un trade o no, todos tenemos esa competencia con nosotros mismos de ganarle al mercado; es lo que te hace sentir vigente. Por lo tanto, obviamente lo que más nos satisface es ser buenos asesorando y lo que menos nos agrada es cuando tenemos que reconocer que “no la vimos venir”. Algo parecido a un 9 en el fútbol, o bien hace goles o termina tirándola afuera.
Lo más importante en un asesor financiero es su capacidad de establecer una comunicación muy fluida con sus clientes, donde los objetivos de éstos estén bien claros y alineados con su portafolio de inversiones. Uno tiene que ser capaz de construir una relación de confianza tal como la que tenemos con nuestro médico de cabecera. Cuanto más información fluya entre cliente y asesor, más eficiente será el asesoramiento y, por ende más larga la relación comercial.
No hay una receta única. Las estrategias de gestión activa y pasiva, son un ingrediente más; como lo son los productos alternativos, los activos individuales, el real estate o la liquidez. Todos tienen sus atributos y sus defectos. La correcta combinación de ellos por parte del asesor financiero es lo que terminará definiendo el portafolio óptimo para cada perfil de inversor. Yo no creo mucho en el robo advisor, que en base a un cuestionario estándar asigna un portafolio. Soy más old school, creo en el médico de cabecera que me dedica tiempo, me hace sentir único y no me vende un combo.
Mi familia y el tenis. Practico el tenis como actividad individual. Desde hace unos años que asumí mi nivel, aprendí a sobrellevar las frustraciones que implica saber que no sos, ni serás Roger Federer y por tanto logro disfrutarlo. La familia para actividades grupales. Somos cuatro integrantes, que nos llamamos a nosotros mismos los Fantastic 4, y disfrutamos muchísimo haciendo cosas juntos. Desde mirar una serie los cuatro en el sillón, hasta viajar, hacer deporte o compartir una comida o un mate.