
3 AGO, 2026

"La controversia no es un riesgo a evitar, sino el origen de la mayoría de las oportunidades de inversión en Value: es ahí donde la percepción del mercado se desvía más de lo que realmente vale una compañía."
Durante gran parte de la última década, invertir en renta variable con sesgo growth era sinónimo de buenas rentabilidades. Entre 2010 y 2021 vivimos un entorno excepcionalmente favorable para las compañías de calidad y crecimiento estable —los llamados “durable compounders”—: tipos de interés en mínimos históricos, inflación estructuralmente baja, proceso de Globalización y energía barata y abundante. En ese contexto, bastaba con mantenerse invertido en los “nombres de siempre” para obtener buenos resultados.
Desde la pandemia, sin embargo, el terreno de juego ha cambiado de forma significativa. Los tipos de interés se han instalado en niveles sensiblemente más altos (una media del 4,1% frente al 2% de la década anterior), la inflación se ha vuelto persistente fuera de China, la geopolítica se ha deteriorado tras el Covid y la guerra en Ucrania, y el comercio libre ha dado paso a sanciones y aranceles con el consiguiente proceso de desglobalización. Al mismo tiempo, estamos viviendo una ola de innovación sin precedentes en inteligencia artificial y salud. El resultado es un mercado donde las compañías que brindaron rentabilidades excelentes la década anterior (Durable Compunders) lo han tenido más difícil.
Los datos lo confirman: desde los mínimos de 2020, fuera de Estados Unidos, las compañías Value a nivel global han comenzado a batir a las de crecimiento de manera sostenida. No se trata de un episodio puntual, sino de lo que parece un cambio de régimen más duradero, respaldado por vientos estructurales de fondo: mayor inversión en infraestructuras energéticas para sostener una IA cada vez más intensiva en consumo eléctrico, una histórica infrainversión en sectores ligados a materias primas que ahora exige ponerse al día, presiones inflacionarias más persistentes, el rearme y el gasto en defensa en Europa, y un contexto general de mayor incertidumbre. Todo ello son, en definitiva, más razones para mirar hacia el Value.
“Ante la pregunta de cuál es la mezcla ideal entre Growth y Value no hay una única respuesta. Lo que sí parece claro es que combinar ambos estilos mejora el perfil de rentabilidad/riesgo de una cartera frente a estar concentrado en uno solo.”
En este contexto, el T. Rowe Price Funds SICAV – Global Value Equity Fund se construye precisamente sobre esa idea: los mercados pueden ser ineficientes, y la percepción sobre una compañía puede alejarse de su valor intrínseco mucho más de lo razonable. El proceso de inversión se apoya en cuatro pilares: identificar dónde existe controversia; aportar una visión fundamental y prospectiva que permita evaluar si esa controversia puede resolverse y en qué medida el valor está mal fijado; cuantificar primero el riesgo a la baja de cada idea antes de valorar su potencial al alza (asimetría); y diversificar a través de todo el espectro del Value, desde compañías defensivas de alta calidad hasta nombres cíclicos o de "deep value", ya que cada tipo de Value funciona mejor en momentos distintos del ciclo.
Esa filosofía se traduce en una cartera concentrada de entre 80 y 100 valores, con posiciones de entre el 0,5% y el 5%, una exposición máxima del 10% a mercados emergentes y una diversificación deliberada por sectores, regiones y capitalización. En la práctica, esto da lugar a una asignación típica de en torno al 50% en Value defensivo, 30% en cíclicos y 20% en deep value, con el objetivo de buscar un patrón de rentabilidad menos volátil que si se apostara por un único tipo de Value.
Para quienes buscan diversificar más allá del crecimiento, la tecnología y los "Siete Magníficos", el Value aparece bien posicionado para beneficiarse de un cambio en los fundamentales del mercado. Una estrategia que invierte a lo largo de todo el espectro del Value —de lo defensivo a lo más Deep Value— permite aprovechar que distintos tipos de Value funcionan mejor en distintos momentos. Y, por último, un enfoque activo, basado en el análisis fundamental, permite acceder a una cartera de entre 80 y 100 compañías globales cotizando en diversos sectores y zonas geográficas.
“Una estrategia con esta flexibilidad y capacidad de diversificar en todo el espectro Value parece el camino más coherente para navegar este nuevo entorno de mercados marcado por la volatilidad y la incertidumbre.”