
1 OCT, 2025
Por Leticia Rial de RankiaPro

Te presentamos a David Macià, director de Inversiones y Estrategia de Mercados de Creand AM en Andorra. Se incorporó al grupo Creand en el año 2004 como gestor de renta variable de los mandatos de gestión discrecional y de los fondos de inversión especializados (renta variable americana, europea, japonesa y fondos temáticos), tarea que había desempeñado anteriormente en Bankpyme y Morgan Stanley.
En 2011 pasó a ser el responsable de análisis y estrategia, donde se encarga de diseñar y transmitir el posicionamiento de la entidad en lo referente a mercados financieros. Tres años más tarde, en 2014, fue nombrado director de Inversiones de Creand Asset Management, la sociedad gestora del grupo en Andorra, puesto desde el que coordina el posicionamiento del grupo a escala global, tanto a nivel de gestión de activos como en lo que a confección de la opinión en mercados financieros se refiere.
David Macià es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Pompeu Fabra. En 2006 obtuvo la certificación CFA (Chartered Financial Analyst).
De muy pequeño ya me interesaba la economía, quería entender lo que decían en los telediarios, de dónde salía el dinero, qué era eso de los tipos de interés… En la carrera uno de los mejores profesores que tuve fue en finanzas, y en parte gracias a él empecé a leer a los mejores inversores, y ya no he podido parar más.
Mi trabajo me apasiona. Soy un privilegiado de que me paguen por hacer lo que hago (no se lo digan a mis jefes), lo haría igual en mi tiempo libre, y de hecho lo hago. Mi mesita de noche está llena de libros sobre inversiones, y en el coche siempre tengo algún podcast en el que entrevistan a gente brillante de nuestro sector, o en el que explican en detalle alguna compañía. Lo que más me gusta de mi trabajo es que no dejas de aprender nunca, de todo tipo de cosas.
Lo que llevo peor es cuando toca tratar con quien solo les interesa el resultado, y no el cómo ni el por qué. Por supuesto es algo legítimo, pero creo firmemente que lo primero, a corto plazo, es más azar que otra cosa.
Aunque no se me da todo lo bien que me gustaría, llevo un par de años en que me ha dado fuerte por el tenis. La crisis de los 50 supongo. De siempre, viajar, las series y las películas. Pero lo que de verdad llena mi tiempo son mis dos hijos, no se puede estar más orgulloso de ellos de lo que lo estoy.
La economía es sólida. Hay pleno empleo en casi todas partes y el sector privado no ha acumulado desequilibrios previos. El problema no es tanto el entorno macro, si no las valoraciones, que no dejan margen de seguridad alguno.
Hay unas cuantas cosas que son preocupantes, como la amenaza a la independencia de la Fed, el exceso de déficit y deuda públicas, o la inflación, que a nuestro entender se mantendrá alta de forma cuasi estructural. Pero el problema de verdad es que gran parte de los activos financieros están muy caros. Básicamente, se paga muy mal el riesgo real en el que incurres. Como no hay apenas correcciones, que además no duran casi nada, los inversores se están acostumbrando a que da todo un poco igual, que al final todo seguirá subiendo. La historia enseña que eso es muy peligroso.
Con prudencia. Si hacemos una lista de lo que ha pasado solo en lo que llevamos de década, es para reflexionar. Y va “in crescendo”. Pero la realidad es que este tipo de eventos no suelen tener un impacto duradero en los mercados financieros. La mejor manera de protegerse no es esconderse debajo de la cama. Es invertir en negocios resilientes a precios razonables y mantener una parte de la cartera en activos que podamos liquidar sin pérdidas para aprovechar correcciones severas, si las hubiere, para comprar a precios aún mejores.
Si obviamos a los “magníficos 7” (aunque diría que son ocho ya, con Broadcom), donde creo que puede haber más debate, el “S&P493” está muy caro. La renta variable europea está en media histórica. Pero diría que las mejores oportunidades están en Japón y emergentes. En estos últimos especialmente si el dólar sigue depreciándose, algo que entendemos muy probable.
Aquellos en los que creo que se ha entrado en un declive estructural, por más que tengan períodos en que se comporten muy bien. Un ejemplo podría ser el sector automovilístico. Hay demasiada competencia, son hiper cíclicos, demanda decreciente (a los jóvenes les interesa mucho menos tener vehículo propio) y tienen costes fijos elevadísimos. Muy pocos serán rentables a largo plazo. Además, el valor está en el software, algo que no les es natural. Hay muchos más ejemplos.
En general, tengo alergia a las cosas rotas, por baratas que estén, igual que a las que gozan de demasiado entusiasmo generalizado. Procuro evitar ambas.
Espero seguir leyendo, pensando, gestionando y aprendiendo cada día cosas nuevas. Y seguir rodeado de gente brillante que me hace ser un poquito mejor cada vez que les escucho o hablo con ellos. Espero seguir siendo lo afortunado que soy, vaya, tanto en mi trabajo como en mi vida personal. Un poco más viejo, solo.