
11 MAR, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

Te presentamos a Fernando Romero López, Portfolio Manager de Ábaco Capital. Se incorporó al equipo de gestión de Abaco Capital en octubre de 2020. Fernando es Ingeniero Industrial por ICAI, cuenta con un Máster en Ingeniería Industrial y además es licenciado en Administración y Dirección de Empresas (ICAI-ICADE). Asimismo, posee la acreditación Chartered Financial Analyst (CFA).
Antes de unirse a Abaco Capital, desarrolló su carrera en el área de Corporate Strategy de CEMEX y trabajó como Analista Financiero en ETS Asset Management, adquiriendo una sólida experiencia en análisis financiero y planificación estratégica.
Hasta los 18 años me dediqué casi profesionalmente al pádel. Durante cinco años consecutivos fui número 1 de España en categorías infantil, cadete y junior junto a mi compañero Curro Soriano, pero en aquel momento decidí no seguir ese camino.
La inversión, sin embargo, siempre había estado presente en mi vida: con 8 años recibí mis primeras acciones como regalo y desde entonces se convirtió en una afición. Fue durante la carrera —estudié Ingeniería Industrial y ADE en ICAI— cuando me di cuenta de que podía convertir esa pasión en mi profesión. Y así fue.
Lo que más valoro es que este trabajo te obliga a aprender cada día. El aprendizaje viene de muchos sitios: de mi propio equipo, liderado por Pablo González, pero también de los empresarios y directivos de las compañías que analizamos. Muchos de ellos son fundadores con participaciones relevantes en sus negocios y trayectorias empresariales extraordinarias. Cada conversación es una fuente de conocimiento.
Lo que menos me gusta es decepcionar a algún inversor, algo que, siendo honesto, es difícil de evitar. Invertir a largo plazo implica atravesar algún año de menor rendimiento, y no todos los inversores están preparados —o dispuestos— a aceptarlo.
Disfruto mucho del tiempo con mi familia y amigos. Sigo jugando al golf y al pádel, y la lectura es un hábito que no abandono.
Optimista, muy cortoplacista y con grandes discrepancias de valoración entre distintos activos y geografías. Una combinación que, para un inversor paciente y selectivo, genera oportunidades interesantes.
Vemos oportunidades muy relevantes en pequeñas y medianas compañías, en mercados emergentes, Europa y Reino Unido. Durante los últimos veinte años, el auge de la gestión pasiva y la indexación ha concentrado enormes flujos de capital en un número reducido de activos. Combinado con un dólar fuerte durante la última década, el resultado es que la mayoría de carteras están más concentradas que en ningún otro momento de la historia.
En Latinoamérica, por ejemplo, encontramos negocios con ventajas competitivas sólidas, buena capacidad de crecimiento, retornos sobre el capital atractivos y valoraciones por debajo de diez veces beneficios. Son oportunidades que el mercado, en su conjunto, está ignorando.
El crédito privado es el área que más nos preocupa, tanto en Estados Unidos como en Europa. Es un segmento que ha crecido de forma exponencial desde la crisis financiera y en el que se han desarrollado estructuras que, a nuestro juicio, entrañan riesgos significativos para el inversor.
Hay una exposición considerable a empresas de software, compañías de venture capital y private equity, muchas de ellas valoradas a múltiplos muy exigentes. A esto se suma la creciente participación de aseguradoras de vida en este segmento, lo que podría amplificar cualquier problema si las condiciones cambian.
Tres factores son innegociables para nosotros: la calidad del negocio, la calidad del equipo gestor y el precio que pagamos por él. Los tres tienen que estar alineados. Si alguno de ellos no cumple con nuestros estándares, la experiencia nos ha enseñado que el resultado de la inversión suele ser pobre, por muy atractivo que sea alguno de estos parámetros por separado.
Analizamos compañía a compañía y encontramos oportunidades en sectores y geografías muy diversas. Pero si tuviese que señalar un área donde las discrepancias son especialmente llamativas, sería el sector energético, y dentro de él, los combustibles fósiles.
Durante la última década, ha sido prácticamente un sector «no invertible» para gran parte del mercado. Su peso relativo frente al resto del mercado nunca había sido tan reducido como en la actualidad, y sin embargo los fundamentales están mejorando de forma notable. Estados Unidos ha dado marcha atrás en su apuesta por una transición energética acelerada —al considerarla contraproducente para su economía— y otros países están siguiendo ese camino. Al mismo tiempo, el crecimiento de las economías emergentes y la revolución tecnológica apuntan a un incremento significativo de la demanda energética en los próximos años. El crecimiento de la producción de shale oil y gas en América no es una solución estructural a largo plazo.
Si no existiesen los mercados, buscaría otra cosa que me apasionase tanto como esto. El mundo empresarial siempre me ha atraído, así que probablemente sería empresario. El sector agrícola es uno que lo conozco desde muy pequeño, siempre he estado muy relacionado a él por mi familia y creo que tiene todavía mucho por mejorar y hacer.
No medir adecuadamente el riesgo de una inversión. El potencial atrae la atención, pero es la gestión del riesgo la que determina los resultados a largo plazo.