
22 JUL, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

Te presentamos a Emilio Antón Luna, socio fundador de Taylor Investing EAF. Inició su carrera como asesor financiero en AB Asesores en 1999. Tras su integración en Morgan Stanley, continuó desarrollando su trayectoria en la firma hasta la posterior adquisición por parte de CaixaBank, donde permaneció hasta 2019. Ese año, Antón Luna optó por dar un paso y convertirse en agente de Bankinter junto a Guillermo Laborda, compañero suyo desde el año 2000 y "de los mejores profesionales que he conocido", según afirma Emilio. Ambos fundaron Taylor Investing EAF en 2021 con el objetivo de ofrecer un asesoramiento construido a medida (tailored) de cada familia.
Emilio Antón Luna es licenciado en CUNEF, Programa de Desarrollo Ejecutivo IE–Morgan Stanley en el IE y formación ejecutiva en private equity con IESE y Altamar.
Tuve contacto con el asesoramiento financiero desde niño porque mi padre se dedicaba a ello y era de los mejores. Le apasionaba lo que hacía y se desvivía por sus clientes, y por darles el mejor servicio. Creo que por eso siempre me atrajo muchísimo lo que hacía y cómo lo hacía, por lo que desde que tuve 14-15 años orienté mi carrera hacia el mundo de la inversión y la banca privada. Todo el dinero que iba ahorrando lo destinaba a invertir en bolsa (¡con mayor o menor éxito!).
Desconecto sobre todo con mi mujer y mis hijas, que tienen 1 y 3 años y consiguen que al llegar a casa cambie por completo el foco. También disfruto muchísimo de los amigos y los planes en familia, vengo de una familia grande y siempre me ha gustado esa energía de compartir tiempo con los míos.
En lo personal, el deporte es mi gran válvula de escape. Me apasionan el kitesurf y el esquí porque combinan naturaleza, intensidad y una dosis de adrenalina. Y entre semana compito al tenis en tierra batida. Al final, esos momentos te obligan a estar presente y te ayudan a tomar distancia del ruido diario del mercado.
El principal hábito es obligarme a pensar siempre en términos de largo plazo. Llevo cerca de 30 años asesorando a familias a través de planificaciones financieras totalmente a medida y con un horizonte de toda una vida, y eso te da mucha perspectiva. Cuando has acompañado a clientes a través de distintos ciclos, aprendes que las decisiones importantes no pueden tomarse al ritmo del titular del día.
Además, invierto también mi propio patrimonio y el de mi familia con esa misma filosofía, así que vivo los ciclos de mercado en primera persona. Y eso cambia mucho la forma de mirar las cosas: no es lo mismo haber leído sobre las crisis que haberlas atravesado acompañando a clientes y tomando decisiones con serenidad. La experiencia te enseña que el ruido siempre existe, pero que la disciplina, el método y la planificación son mucho más importantes que la urgencia del corto plazo.
Diría que en la última década han cambiado sobre todo dos cosas. La primera, la enorme apertura del mercado español: hoy el acceso a gestoras internacionales, tanto de activos cotizados como no cotizados, no tiene nada que ver con el de hace 10 años. Eso ha ampliado muchísimo el abanico de soluciones disponibles para construir carteras y patrimonios con mayor sofisticación y rentabilidad.
La segunda es el impacto de MiFID y de toda la evolución regulatoria, que ha elevado mucho el nivel de exigencia en transparencia, documentación y formación. Eso obliga al asesor a estar más preparado que nunca, pero también ha contribuido a profesionalizar más el sector.
De fondo lo veo razonablemente bien: economías creciendo a buen ritmo (PIB entre el 1% y el 2,5% en países desarrollados) con una inflación moderándose hacia el 2,5%-3%, lo que te da un crecimiento nominal del 3%-4% que permite a las empresas bien gestionadas y apalancadas operativamente crecer en ventas y beneficios a doble dígito. Además, la caída de la inflación previsiblemente llevará a bajar tipos a los bancos centrales, lo que hará aumentar el valor de las compañías.
Pero el ruido del corto plazo es incesante en los últimos años (COVID, guerra de Ucrania, bloqueo de cadenas de suministro, guerra de Gaza, aranceles, conflicto de Ormuz, IA, etc). Es impresionante ver cómo los empresarios y los mercados se adaptan a todo. De nuevo, la planificación financiera es clave.
Probablemente el error más repetido ha sido dejarse arrastrar por la emoción: vender cuando los mercados caen y volver cuando ya han subido con fuerza. Es un patrón clásico, y es perfectamente humano. Cuando hay miedo, la tentación de protegerse a cualquier precio es muy grande; cuando todo va bien, cuesta más mantener la disciplina y no dejarse llevar por la euforia.
Precisamente por eso insistimos tanto en la planificación financiera y en construir carteras con un horizonte claro (objetivos a corto, medio y largo plazo), porque cuando el plan está bien hecho resulta mucho más fácil aislar las emociones de las decisiones de inversión. El gran valor de un buen asesor no está solo en seleccionar activos, sino en ayudar al cliente a mantener el rumbo cuando el mercado invita a hacer justo lo contrario.
Vuelvo a la base: lo imprescindible es una buena planificación financiera que es la que va a marcarnos el nivel de riesgo a asumir en función de las necesidades vitales. Por eso nos llamamos Taylor Investing. Cada cliente tiene una cartera diferente en función de su plan de vida y objetivos.
No somos muy partidarios de la excesiva diversificación. Un fondo de inversión ya es un diversificador por sí mismo… lo importante es elegir a los mejores. Huimos de carteras con 20-30 fondos que solemos encontrarnos a menudo.
En renta variable el Capital Group New Perspective (53 años de track record). Me parece que los pilares fundacionales de Capital Group son muy difíciles de replicar: gestora independiente con casi 100 años de historia, todos los empleados son accionistas (ninguno con más del 2,5%), más de 400 analistas y gestores, remuneración basada en el alfa generada sobre todo a 8 años que obliga a invertir a largo plazo, acceso a los CEOs de las mejores compañías del mundo y visión a largo plazo. Todo ello le ha llevado a ser la mayor gestora activa del mundo. Es el resultado de un fundador que fue visionario, muy generoso y que quiso preservar el modelo de gestión cuando él no estuviera.
En renta fija el Man Global Investment Grade Opportunities. Nos parece que es el equivalente en renta fija a Peter Lynch, gestor del fondo Fidelity Magellan entre 1977 y 1990 que logró una rentabilidad anual compuesta de casi el 30%. Su gestor, Jonathan Golan, ha sido número 1 de la categoría desde que estaba en Schroders. Es el mejor “prestamista” con el que nos hemos sentado en casi 30 años de carrera. Su éxito, una vez más, está en analizar bien a quien le presta el dinero. Comenzamos a invertir con él cuando el fondo tenía apenas 400 millones de euros (hace 4 años aproximadamente), hoy tiene casi 8.000 millones.
En nuestro caso, tenemos una clara preferencia por la gestión activa. Creemos que la gestión pasiva no es invertir sino especular. Para mí, invertir consiste en analizar proyectos empresariales y elegir aquellos que tengan más sentido dándoles seguimiento a largo plazo. La gestión pasiva no hace esto. Es cierto que hay pocos gestores activos que batan a los índices, pero los hay, y la clave es invertir con ellos. Vuelvo al ejemplo del Capital Group New Pespective, en el que este gráfico de 53 años actualizado a 30/4/2026 habla por sí solo:

Probablemente hubiera intentado empezar mi carrera en Estados Unidos antes de volver a España. Creo que en asesoramiento financiero nos llevan ventaja en cultura, profundidad de mercado y profesionalización del servicio. He tenido la suerte de desarrollar buena parte de mi trayectoria en un banco de inversión americano de primer nivel, pero vivir esa experiencia allí desde el inicio seguramente me habría aportado una perspectiva todavía más completa.
En cualquier caso, también creo que el sector en España ha evolucionado muchísimo y que hoy existe una oportunidad muy interesante para quienes entienden el asesoramiento financiero como una relación de largo plazo, de confianza y de acompañamiento real a las familias.