
3 DIC, 2025
Por Leticia Rial de RankiaPro

Te presentamos a José Luis Templado, socio de A&G. Con una trayectoria de más de dos décadas vinculada al sector financiero, inició su carrera profesional en banca en 1999 en AB Asesores (Morgan Stanley). En 2005 dio el salto a la actividad como profesional independiente, una etapa que comenzó en Banco Madrid y que, desde 2009, continúa en A&G, firma en la que participa como socio. Su recorrido combina formación sólida, paso por grandes instituciones y una larga experiencia asesorando desde el ámbito independiente.
José Luis Templado es licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Complutense de Madrid.
El primer contacto fue cuando empecé a trabajar en AB Asesores, en diciembre de 1999. Aunque lo había comprado Morgan Stanley, todavía seguía siendo AB.
Allí fue la primera vez que oí hablar de servicio al cliente, y no solo de vender producto. Me acuerdo como, en el curso de formación, una persona que hoy es el responsable en una entidad muy germánica no paraba de decírnoslo a unos recién licenciados que veníamos con otra idea en la cabeza.
Con la compra por Morgan Stanley aumentó la sensación de que lo que realmente hacemos es asesorar, no gestionar mercados, o buscar el pelotazo… Además, eso te lleva a un punto en tu carrera profesional donde tienes que escoger tu prioridad. Los intereses del cliente o los intereses de la entidad.
El sentimiento de pertinencia y la gratitud, a ambas escuelas, es algo que tengo muy presente 26 años después. Y las personas. Las personas que conocí entonces me han ayudado mucho a ser lo que soy. Y cuando coincido con ellas, es como si las hubiera visto ayer. No hace tanto que nos reunimos muchos de AB Madrid, y espero que no tardemos otros tantos años en repetir. Además, es muy gratificante ver como a la gente le ha ido bien por caminos diferentes, hasta te sientes parte de eso.
Esos años creo que son de las mejores etapas de mi vida, los guardo frescos en la memoria y además he hecho grandísimos amigos, que hoy siguen en mi vida. Mi socio, es un ejemplo. Hoy seguimos trabajando juntos 26 años después.
Siempre agradeceré la oportunidad que tuve.
No, pero soy afortunado. Me dedico a lo segundo que quería hacer en mi vida. De hecho, a mi madre le firmé en una servilleta las cinco empresas en las que me gustaría trabajar. Y lo conseguí en una de ellas.
Lo primero, que nada tiene que ver, fue intentar el ingreso en la Academia General Naval, lo intenté dos años, de los tres que se podían. Es una decisión que marcó y cambió mi vida. Pero eso es otra historia, que no viene al caso.
Lo buenísimo de haber nacido en el 75, es que hemos vivido muchos momentos que han marcado a la humanidad. A mí me cambió la pandemia, al estar 24/7 en casa me hice dos propósitos:
Por ahora cumplo ambas y cuando llego a casa es para estar con mi familia. Muy pocas cosas se pueden arreglar a las 20h…
En cuanto a hobbies, me ayuda mucho el tiempo que paso en la montaña, todo es más pequeño al lado de una montaña. El golf me ayuda mucho a concentrarme y no pienso en otra cosa durante el tiempo que estoy en ello. Aquí como se dice, “menos de lo que me gustaría y más de lo que debería”.
Por último, mi mayor rutina, el deporte en la mañana. Voy al gimnasio muy muy pronto por la mañana y es muy recomendable para afrontar el día con energía renovada.
La verdad es que cuando tienes la suerte de trabajar en lo que has querido siempre afrontas cada día como una bendición. Más aún en un mundo como este, donde tanta gente se tiene que conformar.
Es cierto que hay días que cuesta, más aún cuando desde 1999 hemos sufrido tantos mercados bajistas... Pero hay que volver a pensar en lo afortunado que se es. La responsabilidad es una gran palanca.
Es otro mundo. Hemos pasado de un mundo donde solo era importante si tenías el capital mínimo exigido, a otro donde se valoran muchos otros aspectos.
Lo malo, en mi opinión, es una cuestión que solo vemos los que estamos dentro: las normas y lo que implican, que son desconocidas en gran medida para los clientes. En muchos clientes vemos sorpresa cuando les decimos que no pueden invertir en determinados activos.
El día a día se ha vuelto más rígido, seguro que ciertas prácticas de redes comerciales han contribuido a eso. Pero ahora es todo más arduo, con una carga administrativa muy muy alta.
Pero también permite una relación más transparente con los clientes, por supuesto para los que se dedican a dar servicio a estos últimos.
Creo que desde hace unos años vivimos una mezcla de volatilidad y autocomplacencia. Eventos que hace no tanto hubieran supuesto correcciones profundas en los mercados o incluso inicios de crisis económicas, pasan muy rápido. Y en algunos casos ni suponen correcciones. Estamos más acostumbrados a los movimientos en V, que en U.
En mi opinión, eso es una mezcla de autocomplacencia e irracionalidad. El ser humano es mucho más emocional de lo que nos gusta reconocer, y eso nos hace que en muchos casos no asumamos nuestro perfil de riesgo real. Además, hay muchos más factores como la indexación, que están contribuyendo a una imagen que no es tan bonita como se pinta. No hay más que ver muchas de las compañías de los índices y su comportamiento.
Creo que hoy más que nunca, el asesor financiero ha de tener mucho más sentido común, no tener prisa, no vender rentabilidad y ponerse en la piel de la necesidad real de su cliente, aunque a veces suponga “enfriar” sus expectativas.
¡Ojalá lo supiera! Creo que el 2026 debería ser peor año que este 2025 para los activos de riesgo. A eso, hay que añadir que la parte conservadora contribuirá con menor rentabilidad por la situación de los tipos. Creo que habrá que tener más liquidez y renta fija a corto plazo. Estrategias como flotantes e inflación deberían sumar.
En la parte de riesgo, ser muy selectivo y buscar corrientes macro más estables. Defensa, energía, infraestructuras…
Y lo más importante, vencer la tentación de vender a los clientes estructuras muy “sofisticadas” sin claro potencial de rentabilidad. Creo que hay mucho ilíquido que sufrirá.
En fin, sentido común y trasladar a los clientes la situación de los mercados para ajustar expectativas.
Te diría que el fondo que más he mantenido es un fondo de la antigua casa MS INVF Global Brands (de hecho, lo sigo teniendo personalmente). Y de mi etapa más reciente en A&G, el Flossbach von Storch - Multiple Opportunities.
Ambos por la filosofía que aplican y de forma consistente, aunque haya años que no les hace aparecer bien en la foto.
Creo que debe ser una parte importante de una cartera y del menú de cualquier entidad. Pero no es un producto para todos los clientes o carteras. En muchos casos se está empleando de forma inadecuada, buscando más un alto ingreso para el distribuidor que rentabilidad para el inversor.
Además, que se permita invertir en estos activos desde cantidades más pequeñas será perjudicial para la imagen del sector y se generará un problema… como sucedió con la venta de otro tipo de activos, no hace tanto tiempo.
¡Esa es buena! Creo que la independencia en el asesoramiento ayuda a empatizar con los clientes y ponerse en su piel. Es una enorme responsabilidad gestionar patrimonios, hay que hacer gala a esa responsabilidad cada día.
También hay que ser agradecido cuando los clientes son tolerantes con nuestros fallos. Disciplina en el trabajo, voluntad de enmienda, ganas de seguir aprendiendo y reconocer nuestros errores.
Por último, la más importante, sentido común. Creo que muchos de nuestros clientes no nos necesitan para meterse en inversiones más arriesgadas.
Uno de los mayores hándicaps del sector es el desalineamiento entre la expectativa del cliente y el rendimiento. Cuántas veces hemos oído “nunca me ha ido bien en la inversión, o con los bancos”. Esto nos debería hacer recapacitar.
Creo que nuestra actividad debe ser “aburrida” para nuestros clientes.
Lo fácil sería decir que “templado” pero los que me conocen saben que a veces me pierde la forma y el fondo se queda difuminado. Del COVID aquí diría que “ávido” de aprender cosas nuevas, de cambiar lo que no te hace mejor.
Y “perseverante”, creo que esta profesión no se puede entender sin perseverancia. Hay muchos reveses, malos momentos, desilusión… pero también buenísimos momentos; y sin perseverancia no se llega a esos buenos momentos.