
2 SEPT, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

Te presentamos a Marta Lantero San Román, directora de Gestión Discrecional de Carteras y Asesoramiento de Fondos en Creand AM en España. Con una trayectoria de más de 12 años en el sector financiero, cuenta con sólida experiencia en selección de fondos, asesoramiento de inversiones y gestión discrecional de carteras.
Marta se incorporó al grupo Creand en 2015 como parte del equipo original que desarrolló el área de asesoramiento para Creand Wealth Management en España, y desde enero de 2023 dirige el equipo de gestión discrecional de carteras de fondos de inversión en España. Anteriormente trabajó en Corporate Actions en BNP Paribas Securities Services y en el Departamento Fiscal Internacional de Deloitte.
Marta Lantero es graduada en Economía por la Universidad Rey Juan Carlos y cuenta con un Máster en Finanzas, especialidad en Dirección Financiera, por CUNEF. Además, posee la certificación CISI 3 (MiFID II/ESMA).
La verdad es que no tenía una vocación clara desde el principio. Vengo de una familia de médicos y, siguiendo esa tradición, empecé estudiando Medicina. Pero tras el primer curso —que quise terminar para estar segura de mi decisión— me di cuenta de que no era lo mío, y decidí cambiar a Economía, atraída sobre todo por la escuela austríaca de economía. Al terminar la carrera empecé mi trayectoria profesional en el área fiscal, y llegué al sector financiero gracias a la recomendación de un amigo que trabajaba como sales manager. Desde entonces sigo enganchada: es un sector dinámico, que nunca deja de sorprender y en el que siempre hay algo nuevo que aprender.
La música es mi principal afición: toco el piano y la guitarra española. También soy una gran aficionada a la lectura, sobre todo de novela histórica —autores como Santiago Posteguillo o Julia Navarro nunca fallan—. Pero si soy sincera, más que una afición, lo que realmente ocupa mi tiempo libre es estar con mi familia; es a lo que dedico la mayor parte de mis horas fuera del trabajo y disfruto con mis niños como una niña más.
Ahora mismo estamos en un momento de cierta cautela. El primer semestre de 2026 ha estado marcado por una volatilidad muy relevante —el cierre del estrecho de Ormuz fue el episodio más destacado— y, tras un semestre en el que nuestras carteras de gestión discrecional han batido a su benchmark en todos los perfiles, hemos decidido reducir ligeramente el riesgo y consolidar parte de las ganancias acumuladas.
El mercado convive hoy con dos narrativas en tensión: el inversor de renta fija mira al corto plazo, condicionado por una inflación que la geopolítica mantiene presente y que limita el margen de maniobra de los bancos centrales; el inversor de renta variable, en cambio, sigue mirando al largo plazo de la mano de la revolución de la inteligencia artificial, que continúa sosteniendo valoraciones exigentes en muchos sectores.
Compartimos el optimismo estructural de fondo, pero detectamos bastante complacencia en el mercado, con un riesgo geopolítico y de inflación que no está del todo reflejado en precios. Por eso, sin salir de la renta variable —para capturar rentabilidad hay que estar invertido—, hemos preferido moderar ligeramente la exposición al riesgo y reservar munición para aprovechar con más contundencia los próximos episodios de volatilidad, en lugar de sobreexponernos en máximos históricos.
El proceso combina un filtro cuantitativo con un análisis cualitativo exigente. Partimos de un screening cuantitativo, con Morningstar como principal base de datos, al que se suman también las ideas que nos llegan de las propias gestoras cuando nos presentan productos que nos parecen interesantes; a esos candidatos los sometemos igualmente al mismo filtro cuantitativo para ver cómo se comportan.
De ahí seleccionamos dos o tres finalistas y entramos en la fase cualitativa: un due diligence exhaustivo que incluye reuniones directas con los equipos gestores. En esta fase la consistencia a largo plazo del proceso es un factor que pesa mucho para nosotros.
Todo esto se combina con las decisiones del comité de inversiones, que marca las zonas geográficas o tipologías de activo que consideramos que ofrecen oportunidad en cada momento. Con ambos inputs —el análisis bottom-up de fondos y la visión top-down del comité— el equipo toma la decisión final de incorporación. Normalmente vamos acumulando varias ideas de inversión antes de mover cartera, porque nuestras carteras son muy 'todoterreno' y no hacemos market timing con los fondos.
El track record es solo el punto de partida; lo que de verdad nos da confianza en un equipo gestor es todo lo que hay detrás de esos números. Prestamos mucha atención a la estabilidad del equipo: su tamaño, la rotación de personal y la experiencia del gestor principal, porque un equipo que cambia con frecuencia difícilmente puede sostener un proceso consistente en el tiempo.
También analizamos mucho la disciplina y la cultura de inversión: si el gestor mantiene su estilo en todos los entornos de mercado o lo cambia según el momento, y si prioriza el control del riesgo o persigue rentabilidad a cualquier precio. Ahí entra también la alineación de intereses, es decir, cómo está construido el esquema de incentivos del equipo.
Y, quizás lo más importante, buscamos coherencia histórica: que lo que el gestor cuenta en las reuniones coincida realmente con lo que ha hecho en cartera a lo largo del tiempo. Hacemos un tracking de sus decisiones pasadas para comprobar esa consistencia entre el discurso y los datos, y valoramos mucho si el equipo es capaz de aprender de sus propios errores. Un gestor que reconoce y corrige nos da mucha más confianza que uno con un track record perfecto pero sin autocrítica.
La rentabilidad reciente puede ser engañosa, así que nos fijamos sobre todo en las señales que anticipan un deterioro futuro, aunque los números todavía no lo reflejen. La primera es cualquier cambio relevante en el equipo gestor: salida del gestor principal o rotación significativa del equipo, sobre todo en estrategias con fuerte 'key man risk'.
La segunda es un cambio en el ADN del fondo: si el perfil de cartera se desvía de forma persistente de lo que el gestor dice hacer —por ejemplo, cambios no justificados en duración, calidad crediticia o concentración—, o si detectamos que los movimientos responden más a modas de mercado que al proceso de inversión declarado, eso es una alerta clara de cambio de estilo.
La tercera es la falta de coherencia entre el discurso y los datos: si lo que el gestor cuenta en las reuniones deja de coincidir con lo que realmente hace en cartera, perdemos la confianza en el proceso, por buena que haya sido la rentabilidad puntual. Y, por supuesto, cualquier señal de que el fondo ha crecido en activos hasta poner en riesgo la capacidad de la estrategia, o problemas de liquidez que puedan comprometer la gestión en momentos de estrés, también nos llevan a salir.
Aquí hacemos una distinción importante entre nuestra lista de fondos recomendados y las carteras de gestión discrecional. En la lista de recomendados sí pueden convivir fondos con cierto solapamiento entre ellos, porque es un universo más amplio de ideas.
En las carteras, sin embargo, seguimos una máxima clara: un fondo, una estrategia. No tiene sentido, en nuestra opinión, tener dos fondos que están invertidos en lo mismo dentro de la cartera; en ese caso, seleccionamos el que consideramos mejor y usamos el resto del espacio para diversificar de verdad, en lugar de duplicar convicciones.
En el entorno actual, con la inflación aún condicionada por la geopolítica y los bancos centrales con menos margen de maniobra del que se descontaba hace unos meses, estamos primando estrategias que reduzcan la sensibilidad a tipos sin renunciar a rentabilidad. En crédito, por ejemplo, hemos rotado parte de la cartera hacia bonos corporativos a tipo flotante, que nos permiten mantener exposición a crédito de calidad prácticamente sin riesgo de duración.
También damos mucho valor a las estrategias de renta fija flexibles y de retorno absoluto, no atadas a un índice de referencia, que pueden adaptarse a distintos entornos de tipos y generar valor independientemente del ciclo.
En renta variable seguimos invertidos —aunque con algo menos de exposición—, pero primamos gestión activa de alta convicción y procesos bottom-up rigurosos, que nos permiten navegar mejor un mercado con dispersión creciente entre compañías, frente a estrategias más pasivas o de beta pura.
Sin duda, sí. Siempre hay espacio para encontrar gestores diferenciales, y de hecho es algo que buscamos activamente: nos gusta ofrecer a nuestros clientes producto bueno que no tengan ya repetido en el resto de sus entidades, y no simplemente replicar lo que todo el mundo tiene en cartera.Hoy en día, seguimos descubriendo mucho producto nuevo, porque el universo de fondos es enorme y todavía hay muchas estrategias de calidad que no se comercializan en España y que poco a poco se van dando a conocer. Ahí es donde también aporta valor el trabajo de selección: en llegar antes que el resto a esas ideas diferenciales, antes de que se conviertan en la opción obvia para todo el mundo.