
12 MAR, 2026
Por Neuberger Berman

Autor: Jeff Blazek, CFA, codirector de inversiones, estrategias multiactivos, de Neuberger Berman
Se ha registrado una volatilidad significativa en los activos de riesgo desde que comenzaron los ataques militares de Estados Unidos e Israel sobre Irán. Sin embargo, hasta ahora los movimientos han estado en gran medida dentro de lo esperado, dada la magnitud de lo que está en juego.
Estos acontecimientos de gran calado han alterado de forma fundamental el panorama geopolítico de Oriente Medio y han provocado el cierre de facto del cuello de botella energético más importante del mundo: el estrecho de Ormuz.
Aproximadamente 20 millones de barriles de petróleo al día y casi una quinta parte del suministro mundial de GNL transitan por el Estrecho, lo que pone de relieve la gravedad del riesgo de un shock de precios de la energía para la economía global si se mantiene afectado durante un período significativo
Como hemos explicado con anterioridad, hay cuatro escenarios probables y, en tres de ellos —incluido un cambio de régimen—, la interrupción, aunque grave, sigue siendo manejable para el crecimiento global. Sin embargo, es el cuarto escenario —un conflicto prolongado e intenso, con una interrupción sostenida de los flujos de petróleo durante muchos meses— el que introduce un riesgo real de una corrección importante en la renta variable y de un grado de destrucción de demanda que alteraría de forma sustancial nuestras perspectivas.
Aunque por el momento no asignamos una probabilidad elevada a ese resultado, lo seguimos muy de cerca. De hecho, en el momento de escribir estas líneas, había pocos indicios de desescalada y el Estrecho estaba esencialmente cerrado, impulsando los precios del petróleo y del gas natural hacia sus niveles más altos desde la invasión rusa de Ucrania en 2022.
Por llamativos que sean esos movimientos de precios, el inesperadamente débil dato de empleo no agrícola en Estados Unidos publicado el viernes sirvió como un recordatorio contundente de que el conflicto no es la única fuerza que complica las perspectivas macroeconómicas.
Tras una semana difícil y volátil, es importante tomar distancia y evaluar los movimientos relativos de precios que se han producido hasta ahora entre las distintas clases de activos.
La reacción general de las materias primas, en líneas generales, ha tenido sentido. La simple ley de la oferta y la demanda ha provocado fuertes repuntes en los precios de la energía. El perfil de volatilidad y la backwardation en el crudo, el repunte de la energía europea y del GNL: todo ha estado en línea con nuestras expectativas dadas las circunstancias. El oro incluso cayó al principio —una pequeña sorpresa— antes de reafirmar su condición de activo refugio.
En la renta variable, la respuesta ha sido más matizada. Las caídas de los mercados no estadounidenses han estado, en términos generales, dentro de lo que esperábamos, pero destaca la resiliencia del mercado estadounidense, especialmente teniendo en cuenta sus elevadas valoraciones. La explicación más plausible, a nuestro juicio, es una rotación hacia activos refugio apoyada en la fortaleza del dólar, con los inversores reduciendo riesgo y moviéndose hacia activos estadounidenses como jugada defensiva. La mayor dependencia de Europa y Asia de las importaciones de energía agrava su vulnerabilidad y refuerza el atractivo relativo de los activos estadounidenses como destino defensivo.
Los mercados de divisas han contado una historia igual de intuitiva: el dólar ha sido uno de los pocos activos en terreno positivo, mientras que las divisas de mercados desarrollados se han depreciado frente a él y las monedas de emergentes expuestos a la energía han sido las más castigadas.
Donde los mercados realmente nos han sorprendido ha sido en los tipos de interés. Las rentabilidades de la deuda soberana han subido con fuerza en toda la curva —incluido un repunte de 20 puntos básicos en el Treasury estadounidense a 10 años—, mientras que, de facto, al menos una bajada de tipos esperada ha desaparecido de los precios tanto para la Reserva Federal como para el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Inglaterra. El movimiento refleja tanto un aumento de la inflación implícita (breakeven) como de los tipos reales, una combinación que desafía el guion habitual: en un shock de oferta, las preocupaciones inflacionistas suelen verse al menos parcialmente compensadas por la demanda de activos refugio en bonos gubernamentales. Esa demanda apareció fugazmente el fin de semana de los ataques, antes de revertirse de forma contundente.
Los mercados de renta fija están descontando ahora una inflación más persistente sin la demanda compensatoria de activos refugio, lo que empuja las rentabilidades al alza a ambos lados del Atlántico y, en el caso de la curva implícita del BCE, llega a sugerir incluso subidas de tipos. Dada la verdadera incertidumbre sobre cuánto durará la disrupción y si los mayores costes energéticos serán transitorios, se trata de una tesis claramente unidireccional, que estamos siguiendo muy de cerca.
A pesar de toda la turbulencia, la renta variable global ha mostrado una resiliencia razonable en relación con la gravedad de los acontecimientos, reflejo de la fortaleza subyacente de los beneficios empresariales y de la trayectoria de crecimiento más amplia que definía el panorama de inversión al inicio de este período.
Sin embargo, han pasado muchas cosas y los pilares fundamentales de nuestra postura constructiva están siendo puestos a prueba. El shock energético derivado del conflicto es actualmente nuestra principal preocupación, pero la fragilidad del mercado laboral estadounidense también ocupa un lugar importante.
Las nóminas no agrícolas cayeron en 92.000 puestos en febrero —muy por debajo del aumento estimado de 55.000—, lo que supone un fuerte giro respecto al sólido dato de enero, con 126.000 nuevos empleos. El descenso estuvo liderado por una caída del empleo en el sector sanitario tras amplias huelgas de trabajadores médicos. El empleo tecnológico también retrocedió, mientras continuaban los recortes de puestos en la administración federal.
Aunque ambas evoluciones son preocupantes, ninguna de ellas —ni por separado ni en conjunto— ha desbancado todavía nuestro escenario central. Pero ambas tienen potencial para hacerlo.
Nuestro umbral para replantear el escenario no se limita exclusivamente a un detonante ligado al precio del petróleo, aunque un crudo que se mantuviera cerca o por encima de los 100 dólares por barril durante varios meses obligaría a revisar de forma significativa nuestras perspectivas.
El débil dato de empleo es un recordatorio de que no se pueden ignorar las señales de fragilidad en el mercado laboral.
Por ahora, creemos que el resultado más probable es que se incorpore una prima de riesgo perpetua pero modesta a los precios de la energía, un ajuste que la economía mundial puede absorber, en lugar de una ruptura estructural en el ciclo de crecimiento.
El colchón es más delgado de lo que parecía hace un mes, pero aún no se ha agotado. Esa valoración se ve reforzada por la clara voluntad del Gobierno de utilizar la fuerza militar para proteger el tráfico marítimo a través del estrecho y por la necesidad estratégica más amplia de mantener su estabilidad.
Dicho esto, no nos damos por satisfechos. Si los datos posteriores del mercado laboral confirman un deterioro más sostenido, la dinámica entre inflación y desaceleración cambiaría sustancialmente, al igual que nuestro posicionamiento.
Los mercados tienen razón en estar inquietos. Una crisis geopolítica de esta magnitud, junto con un inesperado debilitamiento del mercado laboral, supone una auténtica prueba para la tesis constructiva, y no la descartamos como un simple ruido. Pero inquietud no es lo mismo que corrección, y complejidad no es lo mismo que deterioro.
El cálculo se ha vuelto más difícil, pero aún no ha cambiado fundamentalmente. Seguimos siendo constructivos con respecto a los activos de riesgo y el crecimiento a medio plazo, y consideramos que los episodios de debilidad significativa no son motivos para retroceder, sino oportunidades potenciales para avanzar aún más.