
17 AGO, 2026
Por RankiaPro

La selección del benchmark está lejos de ser un detalle técnico secundario: determina cómo se mide la rentabilidad, cómo se evalúa el riesgo y, en última instancia, si un gestor de inversiones puede demostrar un valor genuino más allá del mercado. A medida que los mandatos se vuelven más especializados y las necesidades de los clientes más diversas, el debate entre los benchmarks tradicionales —ponderados por capitalización de mercado— y los benchmarks personalizados —específicos para cada mandato— ha cobrado cada vez más relevancia en el sector.
Los benchmarks tradicionales, como el S&P 500 o el Bloomberg US Aggregate, ofrecen transparencia, comparabilidad y facilidad de implementación, cualidades que los convierten en la opción por defecto para el reporting de rentabilidad y la comparación entre pares. Pero para carteras con estrategias basadas en pasivos (liability-driven), exclusiones ESG o mandatos muy flexibles, un índice estándar puede generar un peligroso desajuste entre batir al benchmark y cumplir realmente los objetivos del cliente.
Hemos preguntado a tres profesionales de la inversión, un CIO de gestión de activos, un selector de fondos y un especialista en inversión y gestión de activos, sobre cuándo la personalización aporta valor real y cuándo introduce más riesgo del que resuelve.

Para un gestor de activos, elegir entre benchmarks tradicionales y personalizados exige equilibrar dos prioridades que compiten entre sí: capturar la rentabilidad del mercado en general frente a resolver los problemas específicos y reales del cliente.
Los benchmarks estándar, como el S&P 500, son fáciles de operar y todo el mundo los entiende. Pero son herramientas de talla única. Pueden obligarte a elegir entre un seguimiento rígido o un tracking error que pone en riesgo tu carrera, incluso cuando los pasivos específicos del cliente, sus restricciones ESG o su tolerancia al riesgo exigen un camino distinto. Batir al índice a veces puede significar fallar en los objetivos subyacentes del cliente.
Los benchmarks personalizados te permiten construir un marco que se ajusta perfectamente a las necesidades específicas del cliente. Adaptando factores, sectores o casamiento de flujos de caja, puedes cerrar la brecha entre la rentabilidad del mercado y las necesidades del cliente, garantizando que tu éxito se defina por los objetivos reales del cliente y no por un índice de capitalización arbitrario.
La ventaja es una mayor precisión. El riesgo, sin embargo, puede ser un cóctel peligroso de complejidad y complacencia. Los benchmarks personalizados pueden caer fácilmente en la "optimización de backtest", donde los gestores manipulan los datos históricos para que parezcan perfectos, solo para verlos desmoronarse en los mercados reales. Además, degradan la transparencia e introducen mayores costes operativos.
Así que, idealmente, el marco debería ser algo tan sencillo como esto: usar benchmarks tradicionales para medir la habilidad pura (alfa) en mercados amplios. Desplegar benchmarks personalizados cuando el perfil global del cliente —desde sus pasivos hasta su tolerancia al riesgo particular— es tan distinto que un índice estándar garantiza el desajuste. La personalización tiene ventajas sólidas, pero solo si se cuenta con la gobernanza operativa necesaria para controlar su complejidad oculta.

Desde la perspectiva de un selector de fondos, los benchmarks desempeñan un papel crítico porque constituyen la base para comparar estrategias. Los benchmarks tradicionales siguen siendo la herramienta más eficaz en este sentido, especialmente en las clases de activos core, donde los inversores esperan que los gestores operen dentro de un universo de inversión claramente definido. Contar con un benchmark ampliamente reconocido para un segmento determinado mejora la transparencia, facilita las comparaciones entre pares y hace que la atribución de rentabilidad tenga sentido.
Dicho esto, los benchmarks personalizados pueden ser apropiados en determinadas situaciones. Las estrategias con mandatos muy flexibles y sin restricciones, o con objetivos de retorno total, pueden no encajar bien en un índice de mercado tradicional. De manera similar, los gestores que incorporan exclusiones ESG específicas o requisitos de sostenibilidad poco comunes pueden encontrar que un benchmark más personalizado refleja mejor su universo invertible.
El principal reto es que la personalización puede reducir la comparabilidad entre productos. En un panorama de inversión con una gama de oportunidades en constante crecimiento, los inversores necesitan poder comparar y seleccionar la mejor opción para sus necesidades. La transparencia es esencial. Los inversores deben entender claramente por qué se ha elegido un benchmark personalizado y en qué se diferencia de las referencias de mercado estándar. Al mismo tiempo, incluso las estrategias con benchmarks personalizados pueden tener un benchmark tradicional de referencia a efectos comparativos.
En definitiva, los benchmarks tradicionales deberían seguir siendo la opción por defecto, especialmente en los segmentos core, mientras que los benchmarks personalizados deberían reservarse para los casos en los que realmente mejoran la representación del objetivo de inversión y las restricciones de una estrategia.

La selección del benchmark desempeña un papel importante en la gobernanza de la cartera. Determina cómo se mide la rentabilidad, cómo se evalúa el riesgo y si un gestor de inversiones ha generado valor más allá de los movimientos generales del mercado.
Los benchmarks tradicionales, como el S&P 500 o el Bloomberg US Aggregate, representan mercados amplios a través de metodologías estandarizadas y de acceso público. Sus principales fortalezas son la transparencia, la comparabilidad y la facilidad de implementación. También son ampliamente aceptados para el reporting de rentabilidad, la evaluación de comisiones y la distinción entre retornos activos y exposición pasiva al mercado.
Su utilidad se vuelve más limitada cuando una cartera tiene un mandato especializado. Un índice amplio puede no reflejar adecuadamente la asignación de activos, el perfil de pasivos, los requisitos de liquidez o las restricciones de inversión de una institución.
| Característica | Benchmark tradicional | Benchmark personalizado |
|---|---|---|
| Objetivo | Representar un mercado o clase de activo | Reflejar un mandato de inversión específico |
| Construcción | Definido por un proveedor independiente | Construido mediante combinaciones de índices, exclusiones o sesgos estratégicos |
| Flexibilidad | Limitada | Adaptable a los requisitos de la cartera |
| Gobernanza | Sencilla | Requiere datos y supervisión adicionales |
Los benchmarks personalizados están pensados para cerrar esta brecha. Un fondo de pensiones puede utilizar un benchmark de renta fija basado en pasivos, mientras que una fundación patrimonial (endowment) puede combinar varios índices para reflejar su exposición a acciones, bonos, inmobiliario y mercados privados. También pueden incorporarse exclusiones sectoriales o requisitos ESG cuando corresponda.
Sin embargo, la mayor precisión conlleva riesgos adicionales. Un benchmark personalizado puede volverse difícil de explicar, costoso de mantener o quedar demasiado alineado con la cartera existente. Los cambios frecuentes y discrecionales son especialmente problemáticos, ya que pueden debilitar la independencia del benchmark y crear la impresión de que los estándares de rentabilidad se están ajustando de forma retroactiva.
Un enfoque personalizado resulta más eficaz cuando su metodología, su proceso de revisión y sus reglas de rebalanceo se establecen de antemano y quedan documentados en el Investment Policy Statement (Declaración de Política de Inversión). La personalización debería mejorar la relevancia de la medición de la rentabilidad sin comprometer la consistencia ni la rendición de cuentas.