
13 JUL, 2022
Por Virginie Maisonneuve

Estamos ante uno de los casos de ajuste monetario más significativos de la historia, que se está produciendo, además, en el contexto de una desaceleración económica, lo que resulta una combinación muy inusual. Analicemos lo que hemos presenciado en los últimos meses.

Los principales bancos centrales han comenzado a eliminar cantidades récord de liquidez mediante el aumento de los tipos y la reducción de los programas de compra de activos. La inflación se ha disparado, en particular los precios de la energía y los alimentos, después de mantenerse en niveles bajos durante décadas. Los bancos centrales tienen su foco en reducirla.
El “orden” geopolítico global que ha prevalecido durante décadas ha empezado a dividirse, fragmentando la aldea global. La invasión rusa de Ucrania y los problemas de la cadena de suministro relacionados con la COVID-19 han llevado a más países y empresas a repensar sus cadenas de suministro globales, no solo para ahorrar en costes, sino para construir nuevas asociaciones.
A medida que los mercados procesan esta información, los rendimientos de los bonos de referencia han subido y los principales índices de renta variable han caído significativamente, poniendo fin a una larga racha de sólidos resultados.
Teniendo en cuenta este telón de fondo, la pregunta para los inversores es: ¿y ahora qué? El comercio mundial, en tanto que parte del PIB, podría caer aún más, presionado por un dólar estadounidense fuerte y la dificultad para abastecerse de bienes. Curiosamente, muchas empresas en Estados Unidos que han logrado reparar sus cadenas de suministro se encuentran ahora lidiando con crecientes niveles de inventarios a medida que los consumidores reducen el gasto. Esto puede apuntar a una desaceleración de la demanda.
¿Podría la inflación alcanzar pronto su punto máximo? Pensemos en M2 en Estados Unidos, que mide la oferta monetaria e históricamente ha sido un buen indicador de inflación y crecimiento con un desfase de 12 a 18 meses. Esta métrica alcanzó su punto álgido en febrero de 2021, lo que sugiere que la inflación podría alcanzar su máximo en los próximos seis meses. La probabilidad de una desaceleración económica mundial fuerte y sincronizada se ve respaldada por los datos de M2 y otros indicadores; como el alto precio del petróleo, la caída de los índices manufactureros, el aumento de los tipos de interés y la reversión de los paquetes de apoyo económico implementados durante el apogeo de la pandemia. El impacto de la desaceleración del crecimiento en los márgenes y ganancias empresariales aún no se ha reflejado en muchas empresas, y aunque las valoraciones ya se han ajustado considerablemente, sigue siendo posible una próxima “recesión de beneficios”.
El punto de inflexión para los mercados de renta variable podría llegar cuando las expectativas de subidas de tipos de interés en Estados Unidos cambien de “saltos” de 50 puntos básicos a 25 puntos básicos o cero. Este puede ser el momento en que “las malas noticias se conviertan en buenas noticias” para los mercados. Aunque el entorno económico en ese momento podría ser aún más desafiante de lo que es ahora, el final del ciclo de ajuste podría empezar a vislumbrarse. Todo esto tendría lugar en un contexto en el que el crecimiento es más difícil de observar y los tipos de interés son más altos de lo que han sido durante muchos años. Con esto en mente, creemos que los inversores se podrían beneficiar de una cartera diversificada anclada en torno a unas pocas estrategias de alta convicción: