
29 OCT, 2026
Por Candriam

Autor: Charudatta Shende, director de gestión de carteras de clientes de renta fija y estratega de renta fija en Candriam
La IA está atrayendo importantes inversiones en infraestructuras, mientras que el ritmo de comercialización y la rentabilidad futura siguen siendo inciertos. Para los inversores en crédito, esta oportunidad exige distinguir claramente entre resiliencia financiera y promesas tecnológicas.
Desde septiembre de 2025, la financiación de la IA ha adquirido un protagonismo creciente en los mercados de crédito. Lo sorprendente ha sido la magnitud y la amplitud del endeudamiento de los hiperescaladores, los grandes grupos tecnológicos que impulsan la expansión de la capacidad de la nube y de la IA. Sus emisiones de bonos de alta calidad crediticia alcanzaron aproximadamente los 182.000 millones de dólares hasta agosto de 2026, frente a los 93.000 millones de dólares de todo 2025 (Fuente: J.P. Morgan Wealth management). Esto supone un cambio para un sector tradicionalmente asociado a la capacidad de financiar su crecimiento con su propia generación de caja.
Las necesidades de financiación también se extienden al segmento de alto rendimiento, ya que promotores y operadores especializados acometen parte de la construcción de centros de datos que los hiperescaladores optan por externalizar. Gran parte de esta deuda financia edificios, conexiones eléctricas y sistemas de refrigeración con el respaldo de ingresos futuros contratados. El hiperescalador puede ser el cliente final sin ser la entidad responsable del servicio de la deuda contraída para la construcción. La solidez de los clientes puede respaldar estas estructuras, pero su calidad crediticia no se transfiere automáticamente al prestatario.
Los mercados de crédito también ganan en diversidad e incorporan fuentes adicionales de rentabilidad. Los inversores en deuda con grado de inversión pueden acceder a más deuda tecnológica, mientras que los inversores en alto rendimiento disponen de un segmento de infraestructuras en expansión. Los contratos de arrendamiento a largo plazo con contrapartes sólidas pueden mejorar la visibilidad de los ingresos; las garantías explícitas o el apoyo financiero pueden reforzar aún más el perfil crediticio de un proyecto. La finalización de las obras y el inicio del pago de los alquileres pueden reducir considerablemente el riesgo, aunque un arrendatario con grado de inversión no garantiza que el prestatario también tenga esa calificación.
A ello se suma el atractivo del carry. Las mayores necesidades de financiación pueden generar oportunidades de obtener un diferencial adicional de emisores que, por lo demás, son sólidos. Cuando la rentabilidad compensa adecuadamente el apalancamiento, el riesgo de ejecución y las condiciones del bono, la inversión puede ser una valiosa incorporación a las carteras. Necesitamos flujos de caja que permitan atender el pago de intereses y reembolsar el principal, con flexibilidad suficiente para resistir un escenario menos favorable.
La ejecución es un elemento central del análisis crediticio. Gran parte de la expansión prevista de la IA depende de centros de datos que primero deben construirse, conectarse y ponerse en servicio. El prearrendamiento aporta confianza en la demanda, pero no elimina el riesgo de que una instalación se entregue con retraso o con sobrecostes.
El suministro eléctrico es una limitación especialmente compleja. Un edificio puede estar terminado antes de que estén disponibles la conexión a la red, la capacidad de transporte o la generación eléctrica necesarias para su funcionamiento. Los retrasos se convierten entonces en un problema crediticio: los intereses se devengan mientras que el inicio del arrendamiento y la generación de caja pueden posponerse.
Los costes de financiación agravan estas presiones. Los elevados rendimientos de la deuda soberana aumentan el coste base de la financiación, mientras que una oferta abundante puede obligar a los emisores a ofrecer primas de nueva emisión más elevadas.
El análisis fundamental con un enfoque bottom-up sigue siendo nuestra guía más útil. A nivel del emisor, esto implica evaluar la resiliencia del balance, el conjunto de los compromisos financieros y la capacidad de moderar el gasto si los ingresos decepcionan. Las ambiciones deben valorarse en función de los recursos disponibles para financiarlas, y no solo del tamaño potencial del mercado. A nivel del proyecto, significa examinar el avance de las obras, el acceso a la electricidad y la credibilidad de los plazos de finalización. A nivel del bono, las cláusulas de protección, las garantías, la prelación de cobro y las necesidades de refinanciación determinan el grado de protección que reciben realmente los acreedores.
Estas diferencias entre los perfiles crediticios deberían generar dispersión y oportunidades para la gestión activa. La selección de emisores y emisiones será esencial para aprovechar el carry disponible y mantener la resiliencia si las hipótesis resultan demasiado optimistas.
La IA puede seguir su propio curso, pero los acreedores tienen buenas razones para centrarse en la capacidad de sobrevivir al desfase entre las expectativas y la ejecución. En medio del debate sobre si la IA es viable, beneficiosa o está sobrevalorada, la resiliencia financiera sigue siendo fundamental.
¡No se trata de quién tiene RAZÓN, sino de quién SIGUE EN PIE!
Y en eso se centrarán los mercados de crédito.