
Actualizado:
6 OCT, 2025
Por Leticia Rial de RankiaPro

Hoy, lunes 6 de octubre, se celebra el Día de la Educación Financiera, una jornada que tiene como objetivo concienciar a los ciudadanos sobre lo importante que es adquirir un nivel de cultura financiera en las diferentes etapas de la vida. Sin duda, una asignatura pendiente para los españoles.
Una gran parte de la población desconoce los conceptos básicos relativos a la inflación, los tipos de interés o la gestión del riesgo financiero. El 95% de los estudiantes españoles afirma saber qué es una factura, pero cuatro de cada diez no son capaces de interpretarla correctamente o entender bien una nómina, según los datos más recientes del informe PISA.
Bajo el lema del Día de la Educación Financiera de este año, “Infórmate. Planifica. Decide”, hemos preguntado a Nicolás Rodríguez, jefe de Desarrollo de Negocio y Asesoramiento a Empleados de Mapfre Gestión Patrimonial, Javier Ruiz, Country Head para España de Flossbach von Storch, y Ramiro Iglesias, CEO y cofundador de Crescenta, cómo ha mejorado la educación financiera de los españoles en la última década.

Nicolás Rodríguez, jefe de Desarrollo de Negocio y Asesoramiento a Empleados de Mapfre Gestión Patrimonial
En los últimos años, hablar de dinero en España ya no es un tema tan incómodo como antes. Cada vez más personas se interesan por cómo ahorrar, invertir o simplemente llevar un control de sus gastos. Esto no ha ocurrido por casualidad: la educación financiera ha dado pasos importantes.
Uno de los motores de esta evolución ha sido el Plan de Educación Financiera, impulsado por el Banco de España y la CNMV. Gracias a este programa, miles de alumnos en colegios e institutos han aprendido conceptos básicos como elaborar un presupuesto, entender qué es un préstamo o cómo funciona una tarjeta de crédito.
La digitalización también ha jugado un papel clave. Hoy en día existen aplicaciones móviles, cursos online y podcasts que explican de forma sencilla cómo gestionar el dinero. Incluso los bancos han apostado por ofrecer talleres y contenidos didácticos para sus clientes, con un enfoque mucho más práctico y cercano.
Además, la crisis financiera del 2008 y más tarde la pandemia del COVID, despertaron en la sociedad una mayor conciencia sobre la importancia de saber administrar los recursos. Muchas familias descubrieron que contar con un pequeño colchón de ahorro puede marcar la diferencia en momentos de incertidumbre.
Aún queda camino por recorrer, sobre todo para que la educación financiera llegue a todos los sectores de la población. Sin embargo, es evidente que España está más preparada que hace una década. Hoy se habla con más naturalidad de inversión, de ahorro a largo plazo o de planificación financiera, y esto ayuda a que las personas tomen decisiones más informadas para su futuro.

Javier Ruiz, Country Head para España de Flossbach von Storch
Según una encuesta de FUNCAS de este mismo año, el 27% de la población adulta admite no tener conocimientos suficientes para gestionar su dinero. La proporción es mayor en mujeres (30%) que en hombres (24%), lo que probablemente sólo indica que ellas se conocen mejor: Ese 27% total me resulta muy optimista.
En la última década ha habido múltiples iniciativas públicas (Banco de España, CNMV…) para mejorar la educación financiera de los españoles. Se ha trabajado para sensibilizarnos sobre la importancia de adquirir conocimientos básicos de ahorro, inversión y gestión del riesgo. Multitud de talleres, cursos y recursos digitales, todo ello con resultados modestos.
Como parece que con los adultos hay poca esperanza, centrémonos en la educación de base: la de niños y adolescentes. También se han hecho esfuerzos, se han incluido contenidos económicos tanto en primaria, como en secundaria, pero, como la Historia cuenta que sentenció Felipe II: “No mandé mis naves a luchar contra los elementos”.
Si el desarrollo de plataformas de inversión accesibles ha democratizado la operativa de inversión, no es menos cierto que la mayoría de aplicaciones de trading, con sus notificaciones y diseño gamificado, refuerzan una visión lúdica de los mercados. Se consolida así el concepto de apuesta, en contraposición al concepto de inversión, basado en la paciencia, la diversificación y la planificación a largo plazo.
Además de la mejora de la operativa, en los últimos años hemos disfrutado de unos mercados relativamente amables, que ni invitan a gestionar demasiado el riesgo, ni a ser selectivo y dejar madurar las inversiones. Peor todavía, tampoco ayuda el hecho de que los grandes ganadores hayan sido activos particularmente atractivos para los jóvenes, como las compañías tecnológicas o incluso, las criptomonedas ¿Para qué diversificar si puedo tradear? Más que mejorar, la idea que los jóvenes tienen de la inversión ha empeorado. Pero no se apuren, todo son ciclos y al menos han aprendido lo que es un memestock.

Ramiro Iglesias, CEO y cofundador de Crescenta
En los últimos diez años, España ha dado pasos importantes para fortalecer la educación financiera de su ciudadanía. La conciencia sobre la importancia de gestionar el dinero y tomar decisiones financieras informadas ha crecido, impulsada por iniciativas públicas y privadas que buscan que este conocimiento deje de ser un tema aislado y se integre en la vida cotidiana.
Los resultados son visibles: según datos del Banco de España, el porcentaje de adultos que comprende conceptos financieros básicos ha pasado del 49% en 2016 al 58% en 2020. Sin embargo, pese a estos avances, todavía existen desafíos, sobre todo en garantizar que la educación financiera llegue de manera constante y efectiva a toda la población, más allá de campañas puntuales o celebraciones anuales.
Además, la ciudadanía ha tomado un papel más activo en su propia formación financiera. La preocupación por gestionar el dinero y aprender sobre ahorro e inversión ya no es un tema de nicho: los llamados “finfluencers”, así como podcasts y canales especializados, acumulan millones de reproducciones y seguidores, reflejando un interés creciente por adquirir conocimientos financieros prácticos. Este fenómeno demuestra que la cultura financiera está ganando protagonismo y arraigándose en la vida cotidiana de muchas personas.
En definitiva, la última década ha sido de progreso, pero queda camino por recorrer para consolidar una ciudadanía capaz de tomar decisiones financieras informadas y sostenibles a largo plazo.