
26 OCT, 2026
Por RankiaPro

La ola de emisiones de las grandes tecnológicas para financiar la inteligencia artificial está teniendo un efecto menos visible sobre las carteras de renta fija: la exposición que acumulan los vehículos indexados. Candriam, en su informe «La ola de deuda de la IA: ¿quién asume el riesgo en última instancia?», advierte de que la exposición pasiva al crédito funciona de forma distinta a la de la renta variable, y esa diferencia cobra relevancia ahora que los hiperescaladores recurren masivamente al mercado de bonos.
En renta variable, el peso de una compañía en el índice depende de su capitalización. En un índice de bonos corporativos depende del volumen de deuda en circulación que cumple los criterios de inclusión, no de los beneficios ni del valor de mercado del emisor.
Por eso, a medida que los hiperescaladores emiten más bonos, las carteras pasivas pueden adquirir posiciones mayores en esas empresas simplemente porque se han endeudado más, no porque sus fundamentales crediticios o sus valoraciones sean más atractivos. La dinámica no es menor: Amazon, Alphabet, Meta y Oracle habían emitido 194.000 millones de dólares en bonos a 7 de julio, un 79% más que en todo 2025, según datos de LSEG recogidos por la gestora.
La nueva oferta no solo aumenta el peso de unos pocos emisores; también puede cambiar el tipo de riesgo dentro del índice. Según Goldman Sachs, los prestatarios vinculados a la IA han representado aproximadamente el 40% de las emisiones estadounidenses con grado de inversión y vencimientos de 15 años o más en lo que va de 2026.
El resultado, según Candriam, es que los inversores pasivos pueden estar asumiendo a la vez:
A ello se suma un deterioro de la generación de caja: el beneficio neto agregado de Meta, Microsoft, Amazon, Apple, Alphabet y Oracle ha seguido creciendo, pero su flujo de caja libre antes de dividendos ha caído con fuerza por el gasto de capital, según datos de Bloomberg recogidos por la gestora.
Frente a la réplica automática del índice, Candriam defiende que un enfoque activo permite decidir dónde asumir esos riesgos y si conviene hacerlo. El gestor puede comparar la remuneración que ofrecen distintos emisores, estructuras y vencimientos, optar por un bono a más corto plazo respaldado por la generación actual de efectivo o exigir un diferencial mayor para compensar décadas de incertidumbre adicional.
La gestora matiza que la gestión activa no elimina los riesgos del despliegue de infraestructuras de IA, pero permite elegir cuáles se asumen, en lugar de aceptarlos en proporción al volumen de endeudamiento de cada emisor.
Para los selectores, el análisis plantea una pregunta práctica: cuánta exposición a deuda tecnológica de larga duración incorpora una cartera de crédito con grado de inversión, sea indexada o activa con baja desviación respecto al índice. La concentración por emisor y el perfil de vencimientos del sector tecnológico frente al índice de referencia ganan peso como criterios de revisión.