
20 MAY, 2026
Por RankiaPro

Los inversores institucionales están reconfigurando sus carteras en torno a la defensa y la ciberseguridad europea en 2026. No como una apuesta especulativa, sino como una asignación estructuralmente sólida y con horizonte de varias décadas.
Impulsada por el aumento de las tensiones geopolíticas, el fuerte incremento de los compromisos de gasto gubernamental y un cambio significativo en los marcos regulatorios ESG, la defensa ha pasado de ser un sector minoritario a convertirse en una estrategia central para los inversores institucionales. Este artículo analiza por qué y cómo abordar esta asignación de forma selectiva.
Durante años, los inversores institucionales trataron los sectores de defensa y ciberseguridad con cautela, relegándolos debido a estrictos criterios medioambientales, sociales y de gobernanza (ESG). Ese enfoque ha cambiado radicalmente. Hoy, la defensa ya no se contempla desde una perspectiva puramente táctica o cíclica: se ha convertido en una asignación estructural esencial y de varias décadas, vinculada a la soberanía y la resiliencia económica.
La definición moderna de defensa ha evolucionado mucho más allá del equipamiento tradicional. Aunque el transporte militar y el equipamiento siguen siendo fundamentales, el sector está ahora profundamente vinculado con la tecnología de vanguardia, la protección de infraestructuras y la soberanía digital.
Como explica Ana Gomes, Senior Investment Advisor & Fund Selector en Novobanco: “El concepto moderno de defensa va mucho más allá del gasto en misiles, aviones de combate o tropas. Invertir en defensa significa ahora invertir en tecnología, ciberseguridad y seguridad espacial, energía y otras infraestructuras críticas.”
Los inversores que evalúan este espacio deben considerar cuatro verticales interconectadas:
A diferencia de los sectores tecnológicos discrecionales, el gasto en defensa está ampliamente aislado del ciclo económico tradicional. Está impulsado por compromisos estatales plurianuales respaldados por tratados y por ciclos de contratación pública que se extienden durante décadas, ofreciendo a los contratistas una elevada previsibilidad de ingresos y importantes barreras de entrada para nuevos competidores.
Las cifras reflejan este compromiso estructural a gran escala. Christian Rouquerol, Managing Director y Co-Head of Iberia en Tikehau Capital, destaca el impulso del sector: “Entre 2021 y 2024, el gasto total en defensa de los Estados miembros de la Unión Europea aumentó más de un 30 %. En 2024 alcanzó aproximadamente 326.000 millones de euros —alrededor del 1,9 % del PIB de la UE— y se espera que aumente en más de 100.000 millones de euros en términos reales antes de 2027.”
Para los asignadores institucionales, este nivel de despliegue de capital indica una demanda duradera y una ventana de inversión prolongada, algo poco habitual fuera de las infraestructuras respaldadas por gobiernos soberanos.
Un pilar fundamental de cualquier estrategia de inversión en defensa es la seguridad digital. A medida que las tensiones geopolíticas se trasladan cada vez más al ámbito digital —mediante operaciones cibernéticas patrocinadas por Estados y ataques a infraestructuras impulsados por IA—, la protección digital ha dejado de ser una mejora tecnológica opcional para convertirse en una necesidad estratégica absoluta.
Margarida Isabel Ribeiro, Investment Advisor en Millennium bcp, explica el carácter estructural y no cíclico de esta oportunidad: “La ciberseguridad empieza a parecerse a una tendencia de crecimiento a largo plazo, y no a una solución temporal. A diferencia de otras actualizaciones tecnológicas opcionales, el gasto en ciberseguridad se está convirtiendo en esencial”.
Desde el punto de vista de la construcción de carteras, esta resiliencia resulta especialmente atractiva. Alessandro Greppi, Financial Consultant en Allianz Bank Financial Advisors, subraya esa fortaleza: “Incluso en un entorno económico más débil, los presupuestos de ciberseguridad son los últimos en recortarse. Desde la perspectiva de selección de fondos, esa resiliencia en beneficios es precisamente lo que requieren los pasivos de largo plazo.”
Uno de los catalizadores más importantes que están impulsando el capital institucional hacia la defensa europea es la evolución pragmática de la regulación ESG. Históricamente excluida de muchas carteras sostenibles, la capacidad de defensa empieza a considerarse cada vez más, por parte de los reguladores europeos, como un requisito previo para la estabilidad social y no como una contradicción de esta.
Las recientes aclaraciones de la Comisión Europea significan que las exposiciones relacionadas con defensa ya no se consideran automáticamente incompatibles con los marcos de finanzas sostenibles. Esto ha abierto la puerta a que determinados fondos Artículo 8 y Artículo 9 puedan participar en oportunidades de defensa no controvertidas, ampliando de forma significativa la base potencial de inversores.
Aunque la trayectoria de crecimiento estructural es clara, invertir en defensa requiere una profunda especialización sectorial y una gestión activa disciplinada. Los inversores deben tener en cuenta varios riesgos específicos:
En última instancia, la tesis de inversión en este mercado se basa en una permanencia estructural más que en una oportunidad coyuntural. Como concluye Alessandro Greppi: “En 2026, la exposición temática a defensa y ciberseguridad no es una apuesta especulativa. Es una asignación estructuralmente sólida, respaldada por balances gubernamentales y motivada por necesidades que no van a desaparecer.”
Para las carteras diversificadas modernas, la cuestión ya no es si analizar la defensa europea, sino cómo asignar capital de forma selectiva dentro del sector.