
29 JUN, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

La decimocuarta edición del estudio anual sobre gestión de activos soberanos de Invesco (IGSAMS) dibuja un panorama de transformación profunda en la forma en que los mayores inversores institucionales del planeta construyen y gestionan sus carteras. En un contexto marcado por la fragmentación geopolítica, la persistencia inflacionaria y la concentración de los mercados de renta variable, los fondos soberanos y bancos centrales que participaron en el informe —144 instituciones que gestionan en conjunto cerca de 29 billones de dólares— están reescribiendo los principios que durante décadas han guiado su toma de decisiones.
El mensaje central del estudio es claro: la resiliencia ha dejado de ser un subproducto de la diversificación para convertirse en un objetivo explícito. El 71% de los bancos centrales y el 54% de los fondos soberanos encuestados afirman que las consideraciones de resiliencia pesan hoy tanto como la búsqueda de rentabilidad a la hora de diseñar sus carteras. Para reforzar esa resistencia, el 82% de los bancos centrales realiza seguimiento activo de la concentración de riesgo y el 76% aplica análisis de escenarios; entre los fondos soberanos, esas cifras se sitúan en el 65% y el 62%, respectivamente.
"El gran cambio que observamos entre los inversores soberanos es que la resiliencia se está convirtiendo en un requisito indispensable", señala Benjamin Jones, responsable global de análisis en Invesco. "Estos inversores no tratan de anticipar el próximo shock. Buscan hacer su inversión a largo plazo más duradera construyendo carteras que puedan mantenerse en un mayor número de escenarios, en un mundo en el que la confianza y la estabilidad no pueden darse por sentadas".
Uno de los hallazgos más llamativos del informe es el crecimiento extraordinario de la infraestructura como clase de activo dentro de las carteras soberanas. Su peso ha pasado del 4,9% del total de activos de los fondos soberanos en 2022 al 9% en 2026, consolidándose como el activo alternativo de mayor crecimiento en el último lustro. Detrás de este avance se encuentran la descarbonización, las energías renovables, la infraestructura digital y los centros de datos, todos ellos percibidos como palancas de productividad y desarrollo económico a largo plazo.
En paralelo, el 65% de los fondos soberanos identifica los mercados privados en su conjunto como un motor clave de rentabilidad, con el crédito privado apuntándose también como uno de los principales destinos de capital nuevo. Este giro hacia activos ilíquidos no está exento de tensión: el 39% de los fondos soberanos reconoce que su horizonte de inversión real no alcanza al que declaran públicamente, lo que compromete su capacidad de capturar las primas de iliquidez que en teoría justifican estas apuestas. Las expectativas de los consejos de administración y la sensibilidad a la volatilidad son, cada una, citadas por el 37% como las principales restricciones prácticas.
El informe también documenta una adopción creciente de los fondos cotizados (ETF) entre los grandes inversores institucionales. El 39% de los encuestados ya los utiliza, con diferencias notables según el tipo de institución: el 58% de los fondos soberanos de inversión y el 53% de los soberanos de pasivo recurren a ellos, frente al 31% de los bancos centrales y apenas el 24% de los fondos de desarrollo.
Las motivaciones, sin embargo, divergen de forma significativa. Los bancos centrales los emplean principalmente para ganar exposición estratégica —citado por el 67%— valorando sobre todo la facilidad operativa, mientras que los fondos soberanos los utilizan para la asignación táctica de activos (64%) y la gestión de la liquidez (52%), priorizando la transparencia. Los ETF de materias primas cumplen además una función específica para los bancos centrales: acceder al oro sin los requerimientos logísticos del metal físico.
Los ETF activos permanecen en una fase incipiente: solo el 7% de los fondos soberanos los utiliza actualmente, aunque un 26% adicional está estudiando incorporarlos. "Los ETF están evolucionando de herramientas de implementación a componentes más integrados de la construcción de carteras", apunta Josette Risk, responsable de Oriente Medio y África en Invesco.
La inteligencia artificial centra otra de las grandes tensiones que refleja el estudio. El 77% de los inversores soberanos la considera una tecnología transformadora con implicaciones de crecimiento durante varias décadas, y apenas el 2% cuestiona su impacto económico. Sin embargo, traducir esa convicción en posiciones concretas de cartera resulta complicado: el 52% de los fondos soberanos señala la concentración de mercado como el principal riesgo de las inversiones vinculadas a la IA, dado que la exposición suele depender de un grupo reducido de grandes tecnológicas.
Las vías de inversión preferidas son la infraestructura habilitante y la mejora de productividad, cada una citada por el 69% como los temas a largo plazo más atractivos. El suministro energético emerge como la restricción determinante de la próxima fase de expansión de la IA, convirtiendo su despliegue en una cuestión tan energética como tecnológica.
De forma paralela, el uso interno de la IA en los propios procesos de inversión se ha disparado: el 69% de los inversores soberanos ya la aplica, frente al 33% que lo hacía en 2024, principalmente para investigación y síntesis de información.
El informe cierra con una señal relevante para los mercados de divisas y de deuda pública. El 61% de los bancos centrales considera que los niveles de deuda de Estados Unidos están erosionando la posición del dólar como activo de reserva a largo plazo, un porcentaje que triplica el registrado en 2024, cuando solo el 20% compartía esa opinión. La diversificación fuera del dólar avanza, aunque de forma gradual ante la ausencia de una alternativa creíble a escala global.
El oro es el principal beneficiario de este reequilibrio. Más de un tercio de los bancos centrales prevé aumentar sus asignaciones en los próximos tres años, y la protección frente a la inflación ha emergido como factor determinante para el 72% de los encuestados, frente al 35% que lo mencionaba en 2025. La cobertura geopolítica y la cobertura inflacionaria confluyen así en un mismo activo, consolidando al metal dorado como pilar inamovible de las reservas soberanas en tiempos de incertidumbre.
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