
7 ABR, 2026
Por Carmignac

Autor: Guillaume Rigeade, Co-Head of Fixed Income en Carmignac
La política conservadora Sanae Takaichi fue elegida primera ministra de Japón en octubre, lo que indica su intención de volver a la era asociada al difunto Shinzo Abe. Aunque la reactivación económica puede resultar complicada en un país que se enfrenta a una inflación persistente y a una divisa muy devaluada, la renovada presión sobre el Banco de Japón para que mantenga su delicado equilibrio podría generar oportunidades para los inversores en el mercado de renta fija japonés.
Sanae Takaichi se ha convertido en la tercera primera ministra de Japón en menos de un año. A pesar de haber heredado un panorama político frágil, marcado por la reacción negativa de los votantes ante las medidas de austeridad posteriores a 2020 y por las irregularidades en la financiación de la campaña que le costaron a su partido la mayoría en la Cámara Baja en 2024, ha demostrado una firme determinación.
Reorganizó el panorama político al disolver la Cámara Baja y ganar por mayoría aplastante unas elecciones anticipadas, lo que otorgó a la coalición entre el PLD y Ishin una sólida mayoría de 351 escaños de un total de 465. Este mandato debería permitir la rápida puesta en marcha de un plan de estímulo de 117.000 millones de euros y la suspensión temporal del impuesto sobre el consumo de alimentos y bebidas, una medida de dos años de duración con un coste de 27.000 millones de euros destinada a mitigar la inflación de los Productos de Primera Necesidad.
El nuevo Gobierno también ha adoptado una postura más firme en materia de defensa. Este impulso hacia un reposicionamiento estratégico se produce en un contexto de restricciones presupuestarias, con una deuda pública que ronda el 250 % del PIB. En febrero de 2026, el FMI dio la voz de alarma sobre la sostenibilidad de la trayectoria fiscal de Japón.
Por último, la creación de un cargo ministerial dedicado a supervisar las políticas relativas a los extranjeros supone un cambio significativo en un país que, históricamente, se ha mostrado reacio a abordar la cuestión de la inmigración. Esto refleja una mayor conciencia de las limitaciones demográficas, ya que el rápido envejecimiento de la población se está convirtiendo en uno de los principales obstáculos estructurales para el crecimiento.
A principios de 2025, la población de Japón ascendía a 124 millones de habitantes, lo que supone un descenso con respecto al máximo histórico de 128 millones alcanzado en 2010, y se prevé que se estabilice en torno a los 80 millones para el año 2100. A pesar del aumento de la participación en el mercado laboral de las personas mayores y las mujeres, la disminución de la población activa sigue siendo un problema persistente. Japón se ha anticipado a este declive demográfico —y, por consiguiente, económico— combinando la acumulación de activos en el extranjero con una divisa más débil. Como resultado, Japón ocupó durante 34 años el primer puesto entre los países con mayor superávit por cuenta corriente y se convirtió en titular neto de unos 3,3 billones de dólares en activos en el extranjero, antes de ceder el primer puesto a Alemania el año pasado. Esto le permitió generar un atractivo superávit de ingresos anual gracias a su condición de acreedor, a pesar del déficit comercial.
Sin embargo, la acumulación de activos tuvo un precio. El banco central tuvo que absorber la caída de la demanda de deuda soberana japonesa, lo que llevó al Banco de Japón a poseer más del 50% de las obligaciones japonesas en circulación. Esta dinámica ha contribuido a un repunte sostenido de la inflación desde el final de la crisis de la COVID-19, una tendencia que se prevé que continúe debido al envejecimiento de la población, al descenso de la productividad y a las medidas de estímulo fiscal en curso. La situación de Japón no es una excepción: se observan tendencias similares en Italia y Alemania.
El Banco de Japón va con retraso y se ve obligado a navegar constantemente entre dos tormentas. Si la política monetaria resulta ser demasiado restrictiva, el carry trade podría revertirse, lo que provocaría una crisis en los mercados mundiales de una intensidad poco habitual. Por el contrario, si mantiene una política monetaria acomodaticia, es probable que la curva tipos se empine aún más y que el yen siga depreciándose. Por el momento, el banco está tratando de mantener el equilibrio mediante subidas moderadas de los tipos de interés y una reducción de las inyecciones de liquidez, aunque esto no ha impedido que se produzca una tendencia alcista en la curva de rendimientos japonesa, uno de los movimientos más destacados en los mercados desarrollados.
Dado que los tipos a 30 años se sitúan actualmente en torno a los tipos reales positivos, podría producirse un aplanamiento más pronunciado en el extremo largo de la curva, impulsado por la repatriación de fondos por parte de los inversores japoneses. La existencia de tipos de interés reales positivos podría ser compatible con una divisa más fuerte a largo plazo, lo que aumentaría el atractivo de los activos japoneses y respaldaría el crecimiento en el marco de una política fiscal más expansiva. Aun así, el Banco de Japón no puede permitirse que la inflación se descontrole. En el marco del nuevo paradigma político, eso podría suponer una redistribución significativa de la riqueza entre una población ya de por sí polarizada.
En consecuencia, se prevé que el Banco de Japón continúe con las subidas graduales de su tipo de interés de depósito, tras las cuatro subidas anteriores registradas desde 2024, y que reduzca las compras de activos sin dejar de garantizar la estabilidad financiera. Por lo tanto, la renta fija japonesa ofrece una oportunidad muy atractiva para los inversores capaces de adoptar estrategias dinámicas y flexibles en renta fija.
Aunque se prevé que la tendencia alcista continúe en los segmentos intermedios de la curva de tipos, impulsada por un crecimiento más sólido y una inflación persistente, el extremo largo debería estabilizarse tras el repunte de los últimos meses. Esto vendrá respaldado por una mayor demanda, ya que a los inversores nacionales les resulta cada vez más atractivo comprar deuda japonesa en lugar de títulos europeos o estadounidenses con coberturas contra el riesgo de cambio.
¿Es buen momento de invertir en la renta variable japonesa?Por Vontobel Asset Management