
17 JUL, 2026

Patrick Zweifel, economista jefe en Pictet AM
Históricamente el mayor precio del petróleo empeora los términos de intercambio comercial de los países importadores de este, genera inflación, erosiona los ingresos reales de los hogares y, en última instancia, afecta al crecimiento. Los bancos centrales se vuelven más agresivos, los activos de riesgo sufren y los mercados emergentes suelen estar entre las primeras víctimas, dada su sensibilidad al aumento de la aversión al riesgo. Además, en los 90 y principios de 2000, muchas economías emergentes tenían grandes déficits por cuenta corriente, considerable deuda en dólares y limitadas reservas de divisas. Un choque del petróleo a menudo era suficiente para desencadenar graves crisis financieras. Hoy día, las reservas son mayores, la deuda externa menor, las posiciones de balanza por cuenta corriente más sólidas y los bancos centrales más creíbles. Las vulnerabilidades no han desaparecido, pero son materialmente menores.
Por supuesto, el choque del petróleo es inflacionario y negativo para el crecimiento. Pero sus efectos se amortiguan. Como en los últimos 50 años, los mercados financieros, al menos inicialmente, han reaccionado al aumento de precios del petróleo con caída en las acciones, aumento de la rentabilidad a vencimiento de los bonos, debilitamiento de las monedas de países importadores de energía y venta de activos de mercados emergentes. Pero esta vez el escenario tradicional ha sido más efímero.
Actualmente las economías emergentes se enfrentan al choque del petróleo con fundamentales mucho más sólidos que en décadas anteriores, favorecidos por el auge de las industrias tecnológicas, sólidos fundamentales y menor dependencia del dólar. La inflación en mercados emergentes, en contraste con otros máximos del petróleo ya era sorprendentemente moderada.
Explica por qué, a pesar de los altos precios del petróleo, los activos de mercados emergentes se mantienen en uno de sus entornos más favorables desde principios de los 2000. El valor de la deuda en moneda local de mercados emergentes ha llegado a caer casi el doble que la de mercados desarrollados, pero se ha recuperado y la deuda en moneda fuerte de mercados emergentes ha sido más resistente, con una menor caída inicial y un rebote más fuerte.
Hay que tener en cuenta que las mayores economías del mundo están invirtiendo en grandes volúmenes. En EE. UU., a pesar de un consumo más débil, la inversión relacionada con inteligencia artificial (IA) crece casi 25 % interanual y sus importaciones de bienes de capital más de 20 %. China, profundamente involucrada en la carrera de la IA, sigue ampliando importaciones. También Alemania está invirtiendo en infraestructuras, defensa y transición energética.
Además, la transición energética favorece a los productores de materias primas.
Todo este gasto genera fuerte demanda de exportaciones de economías emergentes. El resultado es que, mientras que en 2022, cuando los precios del petróleo se dispararon tras la invasión rusa de Ucrania, el equilibrio comercial de Corea se deterioró casi 2,5 % del PIB, este año ha llegado a mejorar más de 5 % en solo dos meses. Se debe a que el precio de los semiconductores y demanda de centros de datos e infraestructuras de IA compensa con creces el aumento de costes energéticos. También en Taiwán el superávit comercial ha aumentado, en contraste con el deterioro en el anterior choque del petróleo. Además, el desarrollo de infraestructuras digitales y electrificación de la economía global impulsa la demanda de materiales que estas economías extraen y refinan. Los precios de los metales industriales han subido más de 40 % el último año y Chile, Perú, Mongolia y Zambia se benefician del cobre, Kazajistán del uranio e Indonesia del níquel. También favorece a Brasil, Malasia e India.
También hay que tener en cuenta que los anteriores choques del petróleo se amplificaron en las economías con deuda en dólares, por la fuerte apreciación de este. Pero el dólar, aunque abrumadoramente dominante como moneda de pagos e intermediación, solo se ha apreciado 1,2 % entre febrero y mayo, en comparación con casi 6 % en el choque del petróleo de 2022. Además, las monedas de los países deudores en dólares de mercados emergentes se han depreciado 2,3 %, menos de una cuarta parte que en 2022. En conjunto la capacidad del dólar para amplificar choques económicos disminuye a medida que las reservas de los bancos centrales de estas economías se diversifican y se desarrollan sus mercados financieros locales. La desdolarización reduce parte del mecanismo de amplificación financiera
En anteriores choques los mayores precios de la energía se tradujeron en menor crecimiento en Europa Central y del Este. Pero hoy día, la expansión fiscal alemana, aumento del gasto en defensa y gran inversión en infraestructuras crean un motor de crecimiento regional que no se veía. De manera que el zloty polaco, la corona checa y forint húngaro han resistido mucho mejor que en episodios similares.
Esa menor presión sobre las monedas de mercados emergentes limita el impacto inflacionario. En 23 de estas economías la inflación ha aumentado una media de 1,2 % en 2026 hasta mayo, en comparación con 3,2 % en 2022.