
13 AGO, 2025
Por Leticia Rial de RankiaPro

Bajo el sol de agosto y con las carteras en modo “low volatility”, los profesionales de la industria de gestión de activos encuentran tiempo para desconectar. En esta ocasión, hemos pedido a Elena Delfino (Aegon AM), Iván Díez (La Financière de l'Échiquier), Carlos Aparicio (MFS IM) y Luis Berruga (LBS Capital) que aparquen por un momento los fondos de inversión y los mercados para compartir algo distinto: su isla favorita.
El resultado es un recorrido que combina un paraíso tropical en el océano Índico hasta pasar por el principal distrito de la ciudad de Nueva York, donde la única decisión de inversión será elegir entre playa o montaña, snorkel o siesta a la sombra.

Os voy a hablar de mi isla del corazón, Cerdeña (Italia), donde llevo yendo muchísimos años y que todos los veranos nos ve volver en ferry desde Barcelona, con 2 niñas, 5 maletas, 2 bicicletas e hinchables de una multitud de formas y colores.
El antiguo nombre de la isla de Cerdeña era Ichnusa (quizás algún experto de cervezas reconoce una marca local de cerveza rubia), que en griego antiguo significa “huella”, y si miras el mapa la isla verdaderamente parece la huella de un pie en el medio del mar.
La historia de Ichnusa es una historia muy querida y popular en Cerdeña. Cuenta la historia de cómo se formó la isla y obtuvo su nombre. Según la tradición, hace mucho tiempo, existía una tierra mágica llena de recursos maravillosos que se asomaba al mar Mediterráneo. Un día Dios, enfurecido, decidió hundir todo el resto de la tierra y sólo decidió salvar una parte de esa tierra mágica que protegió debajo de su zapato. Así nació la isla de Ichnusa /Cerdeña.
Y la verdad es que Cerdeña es realmente una tierra mágica, es un destino ideal para las familias y también para grupos de amigos que buscan unas vacaciones inolvidables. Tiene unas hermosas playas de aguas cristalinas (haces pie casi 50 metros desde la orilla y la arena es extremadamente blanca), paisajes impresionantes y una rica cultura e historia.
Para los “culos inquietos” como nosotros, Cerdeña ofrece muchísimas actividades para los amantes de la naturaleza y las actividades al aire libre: kitesurf, windsurf, kayak, golf, padel y senderismo por las montañas, o la posibilidad de explorar yacimientos arqueológicos como el de Nuraghe Su Nuraxi, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Cuenta con varios parques naturales, como el Parque Nacional de La Maddalena y el Parque Nacional del Archipiélago de Asinara, donde se pueden hacer caminatas o alquilar un barco y disfrutar de la belleza natural de la isla.
Y finalmente, para los aficionados a la cocina italiana, la cocina regional sarda es otro aspecto que destacaría de la isla. Os recomiendo probar el “porceddu” (lechón asado), los “malloreddus” (pasta casera, parecida a pequeños gnocchi torcidos) y el “pane carasau” (pan crujiente), además del vino local Vermentino y Cannonau. Los mercadillos ofrecen una gran variedad de productos frescos como quesos pecorino, pescado y postres deliciosos caseros.
Nosotros solemos ir al noroeste de la isla, en la zona de Olbia, donde hay muchas opciones de alojamiento: en la zona de la Costa Smeralda los hoteles y los restaurantes de lujo (y las mejores discotecas), donde puedes estar codo con codo con las celebridades italianas y tener de vecino de tumbona a George Clooney. O si te mueves más al oeste al Golfo degli Aranci y a la zona de San Teodoro, estas son zonas más familiares y se puede disfrutar de muchos restaurantes y chiringuitos donde comer o hacer un aperitivo con los pies en la arena (por ejemplo, el Ristorante “12.1” o la Tavernetta).
¡Buen verano a todos!

Las Islas Maldivas: un paraíso tropical en el océano Índico
Las Islas Maldivas, ubicadas en el corazón del Océano Índico, son un destino turístico de ensueño que ofrece belleza natural, playas de arena blanca y aguas cristalinas.
Este archipiélago compuesto por 26 atolones y más de 1.000 islas es conocido en todo el mundo por ser un verdadero paraíso tropical. Yo he tenido ocasión de visitarlo en dos ocasiones, la primera en el año 2007 con motivo de mi Luna de Miel.
Volamos desde Madrid vía Qatar y una vez que aterrizamos en la Isla de Male, un aerotaxi nos estaba esperando para llevarnos a nuestro destino final: un resort situado en Rangali Island, un atolón con villas privadas construidas sobre el agua y famoso por albergar, en ese momento, el único restaurante submarino del mundo, construido a 5 metros por debajo del nivel del mar.
En general, el alojamiento en las Maldivas es una experiencia en sí misma y la mayoría de los resorts brindan a los huéspedes la oportunidad de disfrutar de todo tipo de servicios y comodidades de lujo como spas, restaurantes gourmet y actividades recreativas.
Las Maldivas son famosas por sus impresionantes paisajes submarinos. Con una vida marina diversa y exuberante, es un destino ideal para los amantes del buceo y el snorkel. Los arrecifes de coral ofrecen una gran variedad de especies marinas, como tortugas, mantarrayas, tiburones y miles de peces tropicales.
Asimismo, su cultura es muy diversa y los visitantes pueden explorar las coloridas mezquitas locales, y disfrutar de la exquisita hospitalidad de la gente local.
Aunque cualquier momento es bueno para viajar a Maldivas, los mejores meses para visitar las islas suelen ser los que van desde noviembre hasta abril, ya que durante ese tiempo existe menor probabilidad de lluvias y los días son más soleados.
Si estás buscando una aventura acuática, un viaje romántico o simplemente un lugar para relajarte, ¡las Islas Maldivas siempre serán un acierto total!

Turbot Island es una isla pequeña, sin agua corriente y mala conexión a Internet. Lo que empezó siendo mi peor pesadilla se ha convertido en un destino imprescindible para mí todos los veranos.
Frente a la costa oeste de Irlanda, a pocos kilómetros de Clifden, en Galway, hay una pequeña isla llamada Turbot o "Inishturbot" en irlandés. No es un nombre que uno espera encontrar en una lista de islas favoritas, pero es un lugar especial.
La isla tiene playas de arena blanca, se pueden pescar langostas y el paisaje es espectacular para navegar y visitar pueblos de la costa oeste de irlanda. Las aguas son transparentes, pero también heladas, aunque me he acostumbrado a nadar en ellas.
En 1861 vivían en ella unas 200 personas pero debido a las durísimas condiciones de vida, sobre todo en invierno, la población disminuyó con los años y hoy solamente quedan unas cuantas casas de verano.
Me falta el bar, por supuesto, pero mis amigos irlandeses se encargan de que eso no sea un problema.

Algunas personas tienen la oportunidad de visitar su isla favorita de vacaciones, pero yo me considero aún más afortunado: ¡pude mudarme a la mía! Después de haber crecido en el pueblo de La Roda (España) y haber asistido a la universidad en Madrid, me trasladé a Estados Unidos en 2003 en busca de mi primer trabajo y más tarde llegué a la isla de Manhattan. Desde la gente increíble que he conocido aquí hasta las increíbles oportunidades personales y profesionales que me ha brindado esta ciudad, tan sólo he conseguido enamorarme más de Manhattan desde que llegué.
Cuando llegué por primera vez a Estados Unidos hice unas prácticas en Morgan Stanley, en Chicago. La vida aquí supuso un gran cambio en comparación con mi educación española. Tenía dificultades con el inglés y no conocía a nadie en este país, pero eso sólo me hizo estar más decidido a demostrar mi valía. En el trabajo me ocupaba de cualquier tarea que encontraba. Desde arreglar impresoras estropeadas hasta reparar el cableado dañado de un ordenador, ninguna tarea era demasiado pequeña. En aquellos primeros días aprendí una valiosa lección que aún conservo: no hay forma más rápida de ganarse el respeto que agachar la cabeza y hacer el trabajo duro. Afortunadamente, mis jefes reconocieron el trabajo que realizaba y acabé ganando un puesto a tiempo completo. Pasé nueve años en la empresa antes de trasladarme a Jefferies en un puesto de banca de inversión, lo que me permitió mudarme a Manhattan. Estaba encantado de llegar por fin a Nueva York, pero sabía que ese puesto no era lo que quería hacer a largo plazo: quería ayudar a construir algo desde cero. ¿Qué mejor lugar para hacerlo que Manhattan?
Global X ETFs me dio esa oportunidad. Cuando me incorporé como director de operaciones en 2014 solo era el décimo empleado de la empresa. Menos de una década después tengo la suerte de ser consejero delegado de una empresa que ahora cuenta con más de 200 empleados, más de 40.000 millones de dólares en activos gestionados y presta servicios a inversores de más de 90 países con nuestro conjunto de fondos únicos e innovadores. No hay nada que me guste más que ganar, especialmente hacerlo con gente estupenda. Creo que el éxito de Global X se debe en gran parte a que siempre hemos tratado a las personas como nuestro activo número uno: contratando, formando y apoyando a los mejores. Aunque somos una empresa global con oficinas en cuatro continentes, nuestra sede en Manhattan ha atraído a muchas de las personas con más talento e increíbles que puede ofrecer la ciudad de Nueva York, y estoy muy orgulloso de todos ellos.
Más allá de mi trayectoria profesional, Manhattan es también mi isla favorita por lo que ha significado para mí personalmente. Formé una familia en Nueva York y ahora tengo el placer de ver crecer aquí a mi hijo de cinco años. Su infancia es muy diferente a la mía en España, pero espero y creo que se enamorará de este lugar como yo lo hice. En resumen, Manhattan es mi isla favorita porque Nueva York es mi hogar. Creo de verdad que cualquiera que se esfuerce por alcanzar la grandeza, que nunca se rinda y se presente cada día con positividad puede triunfar en este lugar.