
18 MAR, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

El Banco Central Europeo encara su reunión de marzo en un escenario marcado por un brusco cambio de contexto. La escalada de tensiones en Oriente Medio, con el conflicto en Irán como telón de fondo, ha reavivado las dudas sobre la evolución de la inflación y el crecimiento en la eurozona, alterando las expectativas del mercado sobre la política monetaria.
Aunque el consenso apunta a que el organismo presidido por Christine Lagarde, presidenta del BCE, mantendrá sin cambios los tipos de interés, la atención se centrará en el tono de su mensaje y en cualquier pista sobre los próximos movimientos.
A continuación, te mostramos la opinión de las gestoras de fondos nacionales e internacionales ante lo que esperan que suceda el próximo jueves 19 de mazo.

El Banco Central Europeo (BCE) afronta su próxima reunión de política monetaria en un contexto radicalmente distinto al de hace apenas unas semanas. El estallido de la guerra en Irán ha introducido un nuevo foco de incertidumbre para la economía europea y ha alterado el equilibrio, que parecía haberse alcanzado entre crecimiento moderado e inflación cercana al objetivo.
La institución presidida por Christine Lagarde, previsiblemente, mantendrá los tipos de interés sin cambios en este encuentro. Sin embargo, la atención del mercado no se centrará tanto en la decisión inmediata como en el mensaje que el BCE lance sobre el nuevo entorno macroeconómico. El conflicto ha impulsado con fuerza los precios de la energía y ha introducido un choque potencialmente inflacionista para la economía europea, al tiempo que amenaza con frenar la actividad.
En este contexto, el BCE podría optar por abandonar esa narrativa en favor de un tono más prudente y centrado en los riesgos. El Consejo de Gobierno tendrá que reconocer que el entorno económico se ha vuelto significativamente más incierto y que los riesgos para la inflación se han desplazado al alza, principalmente por el encarecimiento de la energía.
La tensión geopolítica también ha alterado las expectativas de los inversores sobre la trayectoria futura de la política monetaria. Los mercados financieros descuentan actualmente la posibilidad de una subida de tipos en junio o julio, reflejando el riesgo de que el encarecimiento de la energía termine trasladándose a presiones inflacionistas más persistentes.
En este contexto, uno de los puntos clave de la rueda de prensa de Christine Lagarde será comprobar si se muestra cómoda con ese posicionamiento del mercado o si, por el contrario, intenta moderarlo.
Lo más probable es que la presidenta del BCE evite comprometerse con una trayectoria concreta y se limite a reiterar que la institución seguirá guiándose por los datos. Mantener abiertas todas las opciones se ha convertido en la estrategia habitual del banco central, especialmente en un entorno geopolítico tan volátil.

Hacía mucho tiempo que no nos enfrentábamos a una reunión del BCE con tantas incertidumbres sobre la mesa. En el último mes hemos asistido a un cambio radical en el contexto internacional, que va a tener un efecto relevante sobre la evolución de los precios de las materias primas y, por tanto, sobre la economía europea, tanto en materia de crecimiento como de inflación.
De esta manera, si hace apenas un mes el mercado daba por hecho que este año el tipo de intervención permanecería inalterado, a día de hoy la situación ha cambiado de forma radical. Las expectativas de inflación se ven hoy condicionadas por el impacto del conflicto bélico sobre los precios y llevan a los inversores a descontar que el BCE va a realizar una subida en el tipo de intervención de 25 puntos básicos antes de finales de verano. E incluso podríamos ver una segunda subida antes de fin de año. A nosotros este escenario de dos subidas nos parece excesivo y nos quedaríamos tan solo en una a día de hoy.
Aunque en esta reunión no vamos a ver cambios en el tipo de intervención, serán especialmente interesantes las declaraciones de la presidenta Lagarde. Aunque hasta ahora su mensaje ha sido de cautela y no parece probable que vaya a hacer predicciones en el contexto de incertidumbre actual, será interesante analizar su discurso y tratar de intuir el grado de consenso que subyace en el seno del BCE.

Los miembros del Consejo Generali del BCE señalaron en comentarios recientes que el efecto de la guerra con Irán sobre el riesgo de inflación depende de la duración. También advirtieron que prevalece una estricta dependencia de los datos, reaccionando solo si las expectativas de inflación se desvían. Al mismo tiempo, señalaron que, a diferencia de 2022, la zona euro entra en esta crisis con una política más restrictiva, aunque los informes recientes hacen hincapié en una mayor vigilancia ante la incertidumbre geopolítica.
Esperamos que el BCE mantenga el tipo de interés en el 2% en la reunión de este jueves 19 de marzo, y que comunique que ignorará las subidas transitorias de los precios de la energía. Al mismo tiempo, es probable que la presidenta Lagarde haga énfasis en la extrema incertidumbre y envíe un mensaje de espera vigilante.

Esperamos que el BCE mantenga sin cambios sus tipos de interés de referencia en la reunión de esta semana. Desde su última bajada de tipos en junio, la evolución de la economía y el nivel de inflación no ha variado tanto como para justificar un cambio en la política monetaria. Algunos miembros del BCE señalaron la semana pasada que el Consejo debía seguir de cerca el impacto de las tensiones en Oriente Medio sobre los precios de la energía. La presidenta Lagarde afirmó que el BCE se asegurará de que la guerra en Irán no provoque en la zona del euro el mismo impacto inflacionista que tuvo la invasión rusa de Ucrania. Por lo tanto, esperamos que el BCE abandone el discurso que apunta a un «buen momento» y establezca un calendario: si los precios del petróleo se mantienen en niveles muy elevados (quizás por encima de los 100 dólares) durante unos meses (quizás más de dos), debería adoptar una política monetaria restrictiva. De hecho, si los precios de la energía se mantuvieran en su elevado nivel actual durante unas semanas, la inflación general solo subiría hasta alrededor del 3% y su componente subyacente hasta el 2,5%, lo que no justifica una subida de tipos.
No creemos probable un escenario económico y de mercado semejante al de 2022: la zona del euro no sufre escasez energética, importa muy poco a través del estrecho de Ormuz y no prevemos interrupciones en el suministro. Por lo tanto, el aumento de la inflación debería ser limitado. Además, este conflicto resulta costoso para todos, tanto para Irán como para Israel y Estados Unidos. Por ello, creemos que el aumento de los rendimientos de los bonos debería detenerse. Sería necesario un nuevo escenario que implicara más de dos subidas de tipos por parte del BCE para que los rendimientos de los bonos alemanes superaran el 3%.
A finales de febrero, manteníamos una posición neutral en duración, combinando una posición infraponderada en los extremos de la curva de tipos con una posición sobreponderada en el centro —una posición denominada "bullet". En los últimos días, decidimos aumentar la duración comprando bonos de corto plazo mientras reforzábamos simultáneamente nuestras posiciones en bonos de medio plazo. Logramos esto comprando bonos gubernamentales, incluidos los de Italia, que es uno de los países europeos más afectados debido a su mayor consumo de combustibles fósiles.