
25 FEB, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

Los fondos de inversión alternativos ocupan cada vez más un papel relevante en las carteras de los inversores profesionales, especialmente por su capacidad de diversificación y su potencial de generación de rentabilidad a largo plazo. Sin embargo, el actual entorno de mercado —marcado por una menor liquidez, mayores exigencias en la ejecución y un análisis más detallado de los riesgos— ha elevado el nivel de escrutinio sobre este tipo de vehículos.
En este escenario, la transparencia, la consistencia del equipo gestor, la gestión de la iliquidez y la capacidad real de exceso de rentabilidad se sitúan en el centro del análisis. Victoria Coca (Welcome AM), Carlos Bernal (Diaphanum) y Alberto Jiménez (A&G) comparten a continuación cuáles son, desde su experiencia, los criterios que hoy pesan más a la hora de seleccionar fondos alternativos: más transparencia y comunicación, mayor visibilidad en los flujos de caja, consistencia a lo largo de los ciclos y, sobre todo, retornos efectivos que justifiquen el capital comprometido.

Desde Welcome AM exigimos a los activos alternativos que generen un exceso de rentabilidad respecto a los activos líquidos para compensar la prima de iliquidez que asume el inversor. Aunque estos activos contribuyen a descorrelacionar tu cartera global, no se debe perder de vista que esta ventaja solo resulta atractiva si viene acompañada de una prima de rentabilidad suficiente que compense su carácter ilíquido y su naturaleza de vehículo cerrado a largo plazo. En ocasiones, nos encontramos productos cerrados a 8 y 10 años que ya en su lanzamiento ofrecen una TIR que apenas bate a la rentabilidad de una cartera líquida de perfil equilibrado.
Este factor ha ganado peso en las exigencias actuales de los inversores, especialmente tras los retrasos en las devoluciones de capital observados en el capital riesgo en los últimos años. Estos episodios han contribuido a generar un cierto deterioro en la percepción del activo, ya que la falta de distribuciones limita la capacidad de los inversores para reciclar capital y reinvertir en nuevos vehículos, dificultando el lanzamiento de futuras estrategias por parte de las gestoras.
En este contexto, nosotros tenemos un creciente interés por estrategias con mayor visibilidad en la generación de flujos de caja y con una vida media efectiva del fondo inferior a la inicialmente contemplada, lo que contribuye a mejorar el perfil de liquidez de la cartera y a reducir la incertidumbre asociada a los plazos reales de desinversión y retorno de capital.
Pero si tuviésemos que resumirlo, en una palabra, lo que exigimos a los gestores es consistencia. El análisis de este tipo de vehículos descansa en gran medida en la evaluación del histórico del equipo gestor, un buen track record contrastado a lo largo de distintos ciclos económicos y una clara alineación de intereses a largo plazo.
Por último, centrándonos en tipos de activos, las sorpresas negativas observadas desde el pasado verano nos hacen ser más selectivos en determinadas estrategias, particularmente en el crédito privado y en los fondos de venture con fuerte sesgo hacia inteligencia artificial, donde vemos riesgo de concentración temática y sobreexposición a un número reducido de startups o narrativas de inversión, lo que nos hace ser más exigentes en su análisis.

El contexto de los fondos alternativos ha cambiado notablemente en los últimos años y, con ello, también los criterios y la capacidad del inversor. Después de una etapa de abundante liquidez, hoy el foco está mucho más en la disciplina y procedimientos de inversión, y en el flujo real de capital.
Lo primero que observamos es que el mercado necesita recuperar un orden lógico. Si se reactivan las transacciones, eso debería traducirse antes en mayores distribuciones que en nuevas llamadas de capital. No miramos solo el volumen, sino la velocidad. Analizamos cómo de rápido se ha devuelto capital históricamente, pero también con qué criterio se ha ido llamando el capital comprometido. El equilibrio entre inversión y desinversión es clave. Sin retornos reales al inversor, el sistema se tensiona y el fundraising de nuevos fondos deja de ser sostenible.
El track récord y el equipo gestor se siguen analizando con profundidad. Nadie invierte sin revisar la experiencia y la coherencia de la estrategia. Pero lo que antes era un punto claramente diferencial hoy es en gran medida una condición de partida. Se da por hecho que el gestor tiene credenciales. Lo que realmente marca la diferencia es cómo ejecuta ahora, en un entorno distinto, y cuánto de los retornos históricos proviene de transformación operativa real frente a expansión de múltiplos en un contexto muy favorable.
También hay más sensibilidad ante cambios en el accionariado de las gestoras. La entrada de inversores financieros sin una lógica estratégica clara puede generar dudas razonables sobre la estabilidad y la alineación a largo plazo.
Las comisiones importan, evidentemente. Pero más que el número aislado, lo relevante es si están justificadas por la estrategia y por la creación efectiva de valor.
Cada vez pesan más los aspectos estructurales: la vehiculización, las implicaciones fiscales de los mismos (más allá de los 5%) y, sobre todo, el proceso interno de toma de decisiones. Ahí es donde se ve de verdad cómo invierte un equipo.
En definitiva, menos narrativa y más consistencia. Más ejecución y menos ingeniería financiera.

Más allá de la parte cuantitativa y las expectativas de rentabilidad, para entender qué exigen hoy los inversores profesionales a los fondos alternativos debemos centrarnos en dos aspectos cualitativos clave: la comunicación abierta entre gestores e inversores, y la transparencia. Ambos son fundamentales para que el inversor pueda depositar su confianza en el fondo alternativo que incorpore a su cartera.
Esta tipología de inversión tiene diferentes particularidades frente a los activos tradicionales. Una de las principales es la iliquidez que presentan, ya que el inversor no puede disponer del capital de forma inmediata. Es, precisamente, por esta característica que el inversor exige una comunicación lo más fluida posible con el equipo gestor, que le permita hacer un seguimiento de la evolución de su inversión. Dado que el coste de oportunidad puede ser elevado durante un periodo de tiempo considerable, la claridad y la regularidad en la comunicación se convierten en elementos esenciales.
El segundo pilar es la transparencia. Los partícipes de fondos alternativos quieren acceder, en la medida de lo posible, a toda la información relevante sobre su inversión. Buscan comprender la estrategia, los riesgos y la evolución real del vehículo en el que han confiado su capital. Sin embargo, por la propia naturaleza de estos activos, existe información confidencial, sensible o sujeta a limitaciones regulatorias que impide su divulgación. Esta realidad obliga a encontrar un equilibrio entre la obligación de proteger determinados datos y la necesidad de ofrecer visibilidad suficiente al inversor.
Quienes incorporan este tipo de activos a sus carteras lo hacen, en gran medida, con el objetivo de diversificar su inversión. Los fondos alternativos aportan perfiles de riesgo y rentabilidad con niveles de correlación diferentes respecto a los activos tradicionales.
Precisamente por sus características (menor liquidez, horizontes temporales más amplios y mayor complejidad) estas inversiones requieren un perfil de inversor paciente y consciente de sus implicaciones. En este contexto, la relación entre gestor e inversor adquiere una especial relevancia, sustentada en la confianza, la transparencia y una comunicación constante.