
27 JUL, 2026
Por RankiaPro

La reunión de la Fed de los próximos 28 y 29 de julio llega en un momento de aparente calma engañosa. La inflación estadounidense sigue por encima del objetivo del banco central, pero el último dato de junio sorprendió a la baja, aliviando la presión sobre el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC).
Los inversores descuentan con alta probabilidad que los tipos de interés se mantendrán sin cambios, en lo que sería la segunda reunión consecutiva bajo el liderazgo de Kevin Warsh sin sobresaltos aparentes. Sin embargo, bajo esa superficie estable conviven riesgos de distinto signo: la energía, los aranceles y el gasto en inteligencia artificial (IA), que podrían reactivar la volatilidad en los próximos meses.
El consenso entre los gestores consultados es claro: no habrá movimiento en los tipos de interés en el encuentro de julio. Christian Scherrmann, economista jefe de DWS para Estados Unidos, resume la situación afirmando que "no hay motivos para esperar un cambio en los tipos de interés en la próxima reunión", ya que la inflación se ha moderado por la caída de los precios de la energía y el desvanecimiento de los efectos arancelarios, sin presiones salariales relevantes en el mercado laboral.
Damian McIntyre, responsable de Soluciones Multiactivo de Federated Hermes, coincide en que el IPC de junio, que descendió hasta el 3,5%, alejó el escenario más adverso para los inversores. McIntyre recuerda que en agosto se celebra el simposio de Jackson Hole sin reunión del FOMC, por lo que Warsh y el comité dispondrán de casi dos meses hasta el 16 de septiembre para decidir el rumbo de los tipos. Roger Rüegg, responsable de Multi-Asset Solutions en Zürcher Kantonalbank (Swisscanto), añade que esta segunda reunión bajo el mandato de Kevin Warsh será probablemente poco relevante en términos de sorpresas.
Tiffany Wilding, economista de PIMCO, señala que "uno de los acontecimientos más interesantes en los mercados de tipos de interés este año es lo que no ha sucedido": pese a una de las mayores sorpresas restrictivas de política monetaria de la historia reciente en la reunión de junio, los tipos forward a largo plazo apenas se movieron. Wilding atribuye este fenómeno a dos factores: un cambio en la forma en que Warsh comunica y una transformación en lo que el mercado cree que impulsa la inflación actual.
Según el marco desarrollado por Gürkaynak, Sack y Swanson, las sorpresas de política monetaria dejan de ser ruido para convertirse en señales sobre la futura función de reacción de la Fed. Wilding explica que, tras la pandemia, el entorno macroeconómico ha estado dominado por shocks de oferta más que de demanda, lo que reduce la sensibilidad de los tipos a largo plazo ante decisiones puntuales del FOMC. Esto explicaría por qué el tipo real forward a 5 años dentro de 5 años apenas reaccionó en junio.
Los aranceles y el petróleo concentran buena parte del debate. Scherrmann (DWS) espera que el tema dominante sea el restablecimiento de determinados gravámenes tras el fallo del Tribunal Supremo, aunque no anticipa que la tasa arancelaria media supere máximos anteriores, lo que mantendría cierta fuerza desinflacionaria. En paralelo, considera que la situación del petróleo es más compleja, ya que los recientes repuntes recuerdan a los movimientos registrados al inicio del conflicto bélico.
McIntyre (Federated Hermes) coincide en que el retroceso del crudo tras el repunte de abril explica gran parte de la caída del IPC hasta el 3,5%, aunque advierte de que la inflación sigue mostrando notable persistencia en el resto de componentes. Ambos gestores apuntan a que Warsh podría confiar en que la moderación de la inflación de la vivienda, o las fuerzas desinflacionistas asociadas a la IA, terminen facilitando la tarea del banco central sin necesidad de subir tipos.
El gasto en infraestructura de IA aparece como un factor novedoso en el debate. Wilding (PIMCO) apunta que la rápida inversión en este ámbito ha generado cuellos de botella en semiconductores, centros de datos y bienes de equipo, lo que también estaría impulsando la demanda agregada. Scherrmann (DWS) matiza que, dado el peso reducido de estos componentes en el IPC, su impacto directo sobre los precios sería mínimo, y que Warsh mantiene una postura dovish al considerar que la IA ampliará la capacidad de oferta de la economía a medio plazo.
Para Scherrmann, esta visión encaja con la idea de una Fed "más racional y analítica", menos proclive a actuar sobre la base de especulaciones. Con todo, reconoce que han aumentado los argumentos más débiles, ligados a factores externos como los aranceles y la energía, y que podrían surgir voces disidentes dentro del FOMC que reclamen tipos más altos.
Rüegg (Zürcher Kantonalbank) considera exageradas las expectativas del mercado que descuentan dos subidas de tipos antes de fin de año, aunque tampoco anticipa recibos a la baja. En su opinión, "consideramos exageradas las expectativas del mercado, que prevén dos incrementos de los tipos de interés antes de finales de año". El dólar se ha fortalecido por estas expectativas, pero Rüegg espera que ese impulso sea temporal y que la divisa se debilite frente al franco suizo en la segunda mitad del año.
Wilding (PIMCO), por su parte, concluye que la combinación de rentabilidades elevadas y un entorno macroeconómico más volátil hace que los bonos de alta calidad resulten atractivos desde una perspectiva ajustada al riesgo, especialmente si la mayor frecuencia de shocks de oferta convive con una orientación futura más débil por parte de la Fed.
La reunión de la Fed de esta semana se perfila como un trámite sin sobresaltos en el tipo de referencia, pero no despeja las dudas de fondo. El verdadero debate ya no está en la decisión de este mes, sino en cómo Warsh redefine la función de reacción de la Fed ante una inflación cada vez más dominada por shocks de oferta (aranceles, energía, IA) en lugar de por la demanda tradicional. Esa reinterpretación, más que la propia reunión, será la que determine si los tipos a largo plazo siguen mostrándose inmunes a las sorpresas de corto plazo.