
24 JUN, 2026
Por PIMCO

Autores: Richard Clarida, Andrew Balls y Dan Ivascyn de PIMCO
Un contexto económico mundial marcado por la ruptura de las alianzas, las tensiones fiscales y la inversión a gran escala en inteligencia artificial podría dar lugar a escenarios muy distintos entre sí, lo que refuerza el atractivo de las estrategias de renta fija y crédito diversificadas y de alta calidad.
El mundo se encuentra hoy en pleno proceso de ruptura. La fragmentación resulta cada vez más evidente en todas partes, ya hablemos de los precios de la energía, las cadenas de suministro, las tasas de crecimiento o las rentabilidades de los activos. El coste de la autocomplacencia se ha disparado. Los inversores ya no pueden dar por sentados algunos de los pilares que han sostenido los mercados durante décadas: la globalización, las políticas de apoyo y una volatilidad contenida.
Y, sin embargo, al analizar las fuerzas estructurales que determinarán la economía y los mercados mundiales durante los próximos cinco años en nuestro último informe de perspectivas Secular Outlook, las oportunidades de inversión siguen siendo abundantes.
El aumento generalizado de los rendimientos de los bonos que se produjo hace unos años nos permite construir carteras globales, resilientes y diversificadas, que se ven respaldadas por renta fija de alta calidad, tanto de mercados públicos como privados.
Con este telón de fondo, nuestras principales conclusiones en clave macroeconómica para los próximos cinco años son las siguientes:
El crédito está entrando en un ciclo de pérdidas. Tras años de rentabilidades fáciles, el ciclo de impagos vuelve a hacer acto de presencia. Anticipamos pérdidas significativamente más altas en los segmentos de menor calidad del crédito, como los préstamos apalancados y los préstamos directos a empresas. En nuestra opinión, se trata de una tendencia estructural en la que la calidad y la selección de crédito cobrarán más importancia que nunca. Observamos que las operaciones de ingeniería financiera basadas en las calificaciones de crédito y en la gestión de la liquidez han aumentado en esta fase del ciclo, sobre todo en mercados privados, pero no apreciamos riesgos sistémicos comparables a los de 2005–2006. En este contexto, la financiación garantizada por activos y el crédito cotizado nos parecen relativamente atractivos, y creemos que las tensiones en los mercados de crédito generarán importantes oportunidades para aportar soluciones de capital a los prestatarios.
La renta fija resulta cada vez más atractiva. Los inversores pueden construir carteras de renta fija global diversificadas y de alta calidad que rindan entre un 5% y un 7% en moneda local. Se trata de niveles competitivos frente a las rentabilidades históricas de la renta variable, con una volatilidad potencialmente más baja. Unos rendimientos de partida más altos facilitan que las rentas contribuyan más a la rentabilidad total en una amplia variedad de escenarios, reduciendo la dependencia de las ganancias de capital o de la precisión de las previsiones macro.
La renta fija sigue aportando diversificación a las carteras, especialmente en periodos de desaceleración económica. Los bancos centrales disponen de mucho más margen para recortar los tipos de interés que en la década anterior a la pandemia, y creemos que lo aprovecharán. Una cartera de renta fija activa puede ofrecer a los inversores diversificación y potencial de apreciación del capital en futuras recesiones.
En el mundo posterior a la ruptura, el principal error de inversión será asumir riesgos que no estén adecuadamente remunerados. Creemos que los rendimientos actuales ofrecen una alternativa especialmente atractiva.
En nuestra opinión, la construcción de carteras resilientes se sustenta hoy en la renta fija líquida y de alta calidad y muestra un sesgo hacia emisores de mayor calidad en crédito, una amplia diversificación global y una exposición selectiva a activos reales y a la financiación garantizada por activos. En los próximos cinco años, es probable que la disciplina sea más importante que la audacia, y la resiliencia, más determinante que la búsqueda de rentabilidad a cualquier precio.