
Actualizado:
5 OCT, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

España celebra este lunes el Día de la Educación Financiera con un balance de luces y sombras. En la última década, la formación financiera ha entrado en las aulas, el Plan de Educación Financiera impulsado por el Banco de España y la CNMV ha llegado a cientos de centros escolares y las redes sociales han acercado conceptos como la inversión o los mercados privados a un público mucho más amplio.
Sin embargo, los indicadores invitan a la cautela: los estudiantes españoles siguen por debajo de la media de la OCDE en competencia financiera, buena parte de la población no comprende nociones básicas como el interés compuesto o la inflación y el grueso del ahorro de los hogares continúa en depósitos y cuentas corrientes.
¿Cuánto ha avanzado realmente la educación financiera en España y qué queda por hacer? Para responder a esta pregunta, en RankiaPro hemos recogido la visión de profesionales de la industria de gestión de activos, que analizan el papel del asesoramiento, el impacto de la digitalización y la inteligencia artificial, la influencia de los finfluencers y los retos pendientes para la próxima década.

La educación financiera ha ganado espacio en España durante la última década. En el Día de la Educación Financiera, merece la pena reconocer cómo se han ampliado las oportunidades de aprender a gestionar el dinero.
Tenemos entidades, fundaciones y asociaciones que impulsan programas en escuelas, universidades y colectivos, con la participación de profesionales del sector bancario y financiero que imparten talleres prácticos de finanzas personales.
La presencia de contenidos financieros en el currículo escolar también refleja ese avance. Los resultados, sin embargo, invitan a perseverar: en PISA 2022, los estudiantes españoles alcanzaron 486 puntos en competencia financiera, 17 más que en 2015, aunque sin diferencias estadísticamente significativas respecto a 2012 y 2018. Hemos recuperado terreno, pero consolidar una mejora sostenida sigue siendo el reto.
Ese aprendizaje debe continuar durante la vida adulta. Disponer de mayores recursos no garantiza comprender mejor las finanzas, y un patrimonio creciente puede traer consigo decisiones más complejas. Quienes asesoramos sabemos cuánto valor hay en una conversación que ayuda al cliente a entender sus opciones. Explicar el riesgo de una inversión, contextualizar sus expectativas y relacionar cada propuesta con sus objetivos es parte esencial de nuestra labor. Ese acompañamiento aporta criterio, también cuando se delega la gestión.
Confío en que la continuidad de la formación y el compromiso de entidades y profesionales nos permitan consolidar una cultura financiera más sólida. Como asesores, contribuimos a ese progreso en nuestro trabajo diario.
Porque asesorar bien también es ayudar a formar criterio.

Yo creo que no ha habido cambios especialmente relevantes en estos últimos 10 años.
Lamentablemente, estamos avanzando, pero a un ritmo no muy elevado. Se habla mucho de que hay que mejorar la educación financiera pero la falta de interés por adquirir conocimientos financieros básicos, las carencias reales en formación matemática de la mayor parte de la población y el mal uso que, en muchos casos, se hace de la digitalización y la inteligencia artificial están lastrando esos avances.
Todos nosotros solemos mostrar gran interés por las cuestiones que nos ilusionan, elegir coche nuevo o el destino de las vacaciones entre otros, pero tratamos de solucionar rápidamente las que nos preocupan y lamentablemente, el tema financiero suele entrar en este último grupo.
Esto hace que muchas personas se desentiendan de aplicar interés y sentido común y se dejen llevar por opiniones de terceros, a veces con escasa cualificación y que aparecen masivamente en redes sociales.
La inteligencia artificial, que es una herramienta muy poderosa y útil para quien quiera investigar y aprender, también se puede convertir en un instrumento muy peligroso si se utiliza tratando de obtener resultados rápidos y sin esfuerzo.
La IA aplicada a las finanzas exige al usuario una formación mínima, un saber dirigir a la IA vía repreguntas y aplicar un sano escepticismo a las conclusiones que nos indica.
En mi opinión, como inversores hemos avanzado, pero nos queda un largo camino por recorrer y probablemente el primer paso sería adquirir las habilidades financieras básicas que nos sirvan para interpretar la información que podemos obtener de diversas fuentes, discerniendo el polvo de la paja.

Si hace diez años alguien nos hubiera dicho que hablaríamos de Private Equity en una cena con amigos, no lo habríamos creído. Y, sin embargo, aquí estamos. La educación financiera en España ha dado un salto enorme, y lo más bonito es de dónde ha surgido.
Las redes sociales han contribuido a reducir las barreras de acceso a la información financiera. Los llamados finfluencers han acercado conceptos relacionados con el ahorro, la inversión y los mercados sobre los que tradicionalmente no se informaba de forma sencilla.
Sin embargo, no todos son iguales y es necesario distinguir entre contenidos educativos, opiniones, publicidad y recomendaciones. Los finfluencers que de verdad están cambiando el ecosistema son los que abrieron sus canales a profesionales con experiencia real y especialización en cada materia (bolsa, inmobiliario, mercados privados, construcción de carteras), permitiendo que cuestiones que antes quedaban restringidas a círculos especializados lleguen ahora a una audiencia mucho más amplia.
Ese papel de divulgación no significa que todo contenido financiero en redes tenga el mismo grado de rigor o que pueda sustituir al asesoramiento profesional. Pero, cuando se construye desde el conocimiento, la transparencia y la voluntad de explicar cuestiones complejas con profundidad, el sector al completo se beneficia de un refuerzo de la educación financiera en todos los niveles.
Lo mejor, sin embargo, está por venir. Hasta ahora hemos llegado a los curiosos y a quienes ya sabían que debían dar el paso. El reto es llegar a todos los demás: a quien piensa que invertir "no es para él" o a quien no conoce el capital privado como una nueva pieza para su cartera de inversión.
Porque la educación financiera va de libertad, de tranquilidad y de construir el futuro que uno quiere. Si conseguimos despertar esa chispa, la próxima década no será solo de mejora, será de transformación. Y todos tenemos algo que aportar.

En los últimos diez años España ha pasado de una educación financiera casi inexistente a un ecosistema estructurado. La Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros (FEBF) forma parte activa del Plan de Educación Financiera (Banco de España + CNMV) desde 2008, relanzado en 2022, ha entrado en más de 700 centros escolares, se creó la asignatura de educación financiera dentro de Economía en ESO y FP, y el programa Finanzas Para Todos y el Día de la Educación Financiera han normalizado el tema. A esto se ha sumado la banca y fintechs como Fintonic o Revolut con apps, simuladores y contenidos, y un salto en inclusión digital tras la pandemia que obligó a la población española a mejorar sus competencias digitales sobre banca digital, contactless y prevención de ciberfraudes a marchas forzadas.
El reto pendiente sigue siendo enorme: España sigue por debajo de la media OCDE en PISA financiero y el informe de competencias del Banco de España muestra que casi el 50% de la población no entiende el interés compuesto, la diversificación o la inflación. Hay tres brechas críticas: generacional (jóvenes y mayores de 65 muy vulnerables a estafas y endeudamiento), de género y digital, y de traslado a la práctica (sabemos qué es ahorrar, pero el ahorro a largo plazo y las aportaciones a pensiones privadas siguen siendo bajas).
El próximo salto cualitativo debe ser hacer esta formación obligatoria y evaluable en el currículo, para medir impacto real no solo en talleres puntuales.
En la FEBF disponemos de un curso de finanzas conductuales para prevenir adicciones financieras tóxicas, sobre todo en inversiones cripto, crédito rápido, juego online y ciberestafas, que es donde se generan más patologías dañinas y se pierde un mayor volumen de dinero.

Sí, la cultura financiera ha mejorado, pero demasiado poco. Lo vivo en mi día a día: muchísima gente, es verdad que menos que antes, no entiende que las inversiones tienen volatilidad, lo confunden con riesgo a perder dinero.
Pero no solo es percepción, vayamos a ver datos: Según el Banco de España las familias y empresas tienen 1,15 billones de euros en depósitos y cuentas corrientes… casi el doble de lo que hay en fondos de inversión.
Pero la cosa empeora cuando vemos en qué fondos de inversión (datos de Inverco a 31 de agosto): de los 15 fondos de inversión con más patrimonio en España, solo hay 2 de renta variable. El primero, con un patrimonio que casi duplica al segundo, es monetario… ¡casi 19.000 millones de euros! Y claro, las rentabilidades son las que son: dos tienen rentabilidad negativa a 5 años, entre ellos el segundo con más patrimonio, y la media de 13 de esos fondos es del 3,92% anual (hay dos que no tienen tanto histórico).
Y ojo, porque si lo ponderamos por patrimonio, la rentabilidad a 5 años bajaría al 3,12%.
¿Rentabilidad superable con un poco de cultura financiera? El EuroStoxx en esos 5 años (con fecha 31/08/26 para igualarla a los fondos) gana un 8,92% anual y no es, ni mucho menos, el mejor índice del mundo.
Dicho esto, también hay gente en el otro extremo: muchos se están formando en un momento muy dulce para las bolsas, especialmente para todo lo ligado a la Inteligencia Artificial, y eso también es peligroso: tener demasiado en cuenta las comisiones y buscar solo rentabilidades pasadas sin tener en cuenta cómo se han conseguido.
Espero que un cambio en el mercado no les desanime y les sirva para valorar una buena diversificación.
En definitiva, si a estas alturas la gente no se da cuenta de una vez por todas que la inflación es una máquina trituradora de dinero y que se lucha contra ella invirtiendo (bien y sin pasarse de listo), será difícil ayudar.