
4 FEB, 2026
Por Leticia Rial de RankiaPro

Te presentamos a Edgar Mestre Moreno, socio cofundador y director de inversiones en GestCap Asesores EAFN. Fundada en 2019, GestCap Asesores es una “boutique” de asesoramiento financiero nacional.
Mestre es graduado en Administración y Dirección de Empresas por la Universitat de Lleida y posee un Master Universitario en Mercados Financieros por la Barcelona School of Management (Pompeu Fabra). Además, cuenta con la certificación EFPA desde hace más de 10 años.
Mi primer contacto con el asesoramiento financiero fue tras completar el máster en mercados financieros, cuando empecé a trabajar como analista en una EAFI en Barcelona. Desde muy joven, siempre tuve claro que quería dedicarme a este sector: incluso mis padres recuerdan que de pequeño decía que quería ser banquero.
Siempre soñé con trabajar en una empresa de asesoramiento financiero y gestionar patrimonios de manera profesional, ayudando a los clientes a tomar decisiones estratégicas y sostenibles a largo plazo. Esa combinación de vocación personal y formación profesional ha sido la que me ha llevado hasta donde estoy hoy.
Para desconectar, combino deporte y tiempo con familia y amigos. No soy de correr, pero intento realizar al menos dos clases semanales de grupos reducidos, estilo “full body”, que me permiten mantenerme activo y desconectar tanto del estrés de la ciudad como de la propia intensidad de los mercados. Tener estas horas fijadas me ayuda a organizarme y, a diferencia del gimnasio tradicional, me obliga a asistir y mantener la constancia.
Otro de mis momentos favoritos es visitar a la familia y amigos, la mayoría fuera de Barcelona. Son espacios de relax, en un ambiente distendido y sin presiones, que me permiten recargar energías y mantener el equilibrio entre la vida personal y profesional.
A día de hoy, lo que más me motiva es seguir haciendo crecer la compañía, manteniendo la calidad del servicio y aumentando de forma sostenida el volumen de patrimonio asesorado. El reto no está solo en crecer, sino en hacerlo sin perder el enfoque ni la cercanía con el cliente.
Además, creo que operamos en un mercado tan exigente como atractivo. A pesar de ser un entorno altamente regulado y de tratarse de un país tradicionalmente muy bancarizado, las empresas de asesoramiento financiero tienen todavía un amplio potencial de crecimiento. La complejidad del sector y la competencia en la captación de clientes son evidentes, pero también lo es la oportunidad.
De hecho, estamos viendo cómo incluso las grandes entidades bancarias están desarrollando estructuras de asesoramiento independiente para sus clientes de mayor patrimonio, lo que confirma que el modelo aporta valor y que el recorrido del asesoramiento independiente en España sigue siendo muy relevante.
La labor del asesor financiero ha evolucionado de forma significativa, especialmente por la ampliación del universo de productos elegibles. La especialización es cada vez mayor y el acceso a distintos nichos de mercado, a través de instrumentos líquidos, se ha ampliado notablemente. Sin embargo, en mi opinión, la proliferación de fondos de inversión y de múltiples clases de activo ha llegado en algunos casos a sobredimensionarse, generando más ambigüedad que valor para el cliente final.
En paralelo, hemos visto una incorporación creciente de activos vinculados a la economía real dentro de las carteras de inversión. Esta tendencia ha llevado a carteras más diversificadas, con una visión claramente orientada al largo plazo y basadas en la combinación disciplinada de distintos activos. En este contexto, el papel del asesor ya no es solo seleccionar productos, sino estructurar carteras coherentes, comprensibles y alineadas con los objetivos reales del cliente a largo plazo.
En líneas generales, el entorno macroeconómico es razonablemente constructivo. Las tasas de inflación están mayoritariamente bajo control en las principales economías occidentales y los crecimientos del PIB, aunque algo por debajo de su potencial, siguen siendo aceptables y compatibles con un escenario de estabilidad.
A ello, se suma un mercado laboral que continúa mostrando fortaleza, con niveles cercanos al pleno empleo en muchas regiones. Dentro de este contexto, pondría especial atención en Japón, donde un posible repunte más acusado de la inflación podría alterar el equilibrio actual de su política monetaria.
Por lo demás, los datos macro siguen siendo consistentes. Un buen ejemplo es la decisión de la Reserva Federal de mantener los tipos de interés en Estados Unidos, tal y como reafirmó Jerome Powell, pese a las presiones políticas, lo que refuerza la credibilidad del mensaje de prudencia y dependencia de los datos.
El hecho de que los tipos de interés en Europa se mantengan en torno al 2% y sin previsiones claras de bajadas en el corto plazo es un factor relevante y, en muchos casos, positivo para el inversor español con un perfil conservador o moderado. Por primera vez en años, con niveles de riesgo contenidos, es posible aspirar a cubrir la inflación, algo especialmente valioso tras un periodo prolongado de tipos extremadamente bajos y otro con inflaciones extremadamente altas.
Esta parte más conservadora de la cartera aporta estabilidad en un contexto de valoraciones exigentes en los mercados de renta variable y con un entorno geopolítico cada vez más incierto, donde los episodios de volatilidad pueden ser más frecuentes. En este escenario, mantener la disciplina y estar correctamente alineado con el perfil de riesgo de cada inversor es clave para no comprometer rentabilidades futuras.
Aunque en los últimos años la mayoría de las correcciones han sido rápidas y en forma de “V”, no necesariamente tiene por qué repetirse este patrón. En este sentido, uno de los elementos que más me preocupa es el exceso de optimismo que percibimos actualmente, tanto en los mercados como en parte del consenso de analistas, lo que refuerza la importancia de una gestión prudente y bien diversificada.
Uno de los fondos que he mantenido más tiempo en las carteras ha sido el Cartesio Income, un fondo de una gestora española fundada hace más de 20 años y domiciliado tanto en España como en Luxemburgo. Se caracteriza por tener una visión conservadora y una gestión muy flexible tanto en el grado de exposición del fondo a renta fija y variable como en la tipología de emisiones de renta fija y valores de la cartera de bolsa. Actualmente, con una exposición en bolsa de alrededor del 10%, con un enfoque de empresas con alto dividendo con valoraciones razonables y un 85% de nivel de inversión en renta fija con un sesgo hacia subordinadas financieras e híbridos.
Ambas carteras proporcionan al total del fondo un cupón y dividendo cercano al 5% con una TIR en renta fija cercana al 4,5% con 4 años de duración.
Los mercados privados han ampliado de forma notable su espectro de producto en los últimos años, con estrategias cada vez más diversas y sofisticadas, algo muy similar a lo que ha ocurrido en la industria de fondos de inversión tradicionales. No obstante, sigue existiendo una presencia relevante de fondos de fondos, donde la visibilidad sobre la cartera subyacente es limitada y, en muchos casos, las estructuras de comisiones continúan siendo elevadas, además de presentar un grado de diversificación que puede resultar excesivo.
Dicho esto, los mercados privados aportan un valor claro en términos de descorrelación frente a los mercados tradicionales y pueden jugar un papel interesante dentro de una cartera bien construida. Sin embargo, es importante tener en cuenta sus particularidades, como valoraciones con NAV mayoritariamente trimestral y con cierto retraso respecto a los mercados líquidos, lo que hace que, dependiendo de la estrategia, parte de esa descorrelación acabe ajustándose con el tiempo.
Además, tras el periodo posterior al COVID y el fuerte incremento de los tipos de interés en la mayoría de las economías occidentales, hemos visto un retraso generalizado en los procesos de desinversión y una ampliación de los plazos. Esto ha tenido un impacto relevante en las tasas de retorno, que en muchos casos están resultando difíciles de justificar frente a los mercados bursátiles tradicionales, incluso teniendo en cuenta la prima de iliquidez que históricamente se les ha exigido.
En un entorno saturado de información, el asesor financiero debe ser, ante todo, un generador de confianza y criterio. No se trata de tener una bola de cristal, sino de ser capaz de tomar decisiones con convicción, explicando de forma clara y razonada el por qué de cada propuesta dentro de las carteras de inversión, siempre desde el sentido común y alineado con el perfil de riesgo de cada cliente.
Además, es clave saber filtrar y contextualizar la información disponible, ayudando al cliente a separar el ruido de lo verdaderamente relevante. En este sentido, estamos observando una tendencia entre los clientes más jóvenes: llegan mucho más informados, con expectativas de rentabilidad-riesgo más elevadas y con procesos de decisión más cortos y, en ocasiones, más volátiles. Esto exige al asesor una mayor capacidad pedagógica, cercanía y agilidad, sin perder nunca la disciplina ni la coherencia en la estrategia de inversión.
La respuesta está muy ligada a lo que me motiva a día de hoy. Creo que al crear una compañía es fundamental mantener la constancia en el trabajo diario y, al mismo tiempo, tener una visión a medio y largo plazo, de forma muy similar a como se entiende la inversión. En ese camino, el buen entendimiento entre los socios es clave, así como saber interpretar en cada momento la situación personal y profesional de cada uno.
Dentro de 10 años me veo continuando en el proyecto, aportando valor a la empresa, habiendo ganado volumen y posicionamiento en un mercado exigente y en constante evolución. Y, en el plano personal, me veo disfrutando del crecimiento de mi hija, que nacerá el próximo mes de abril, y manteniendo un equilibrio sólido entre la vida profesional y familiar.